Kinky: “Kinky no es un remix, Kinky es un performance” [ENTREVISTA]

A casi 25 años de cambiar las reglas del juego en la escena musical, Ulises Lozano de Kinky reflexiona sobre la constante evolución de la banda, su nominación al Latin Grammy y cómo el espíritu de la pista de baile sigue vivo en su próximo álbum, “Cruzando”.

A principios de los años 2000, la escena musical en México presenció el nacimiento de un proyecto que se negaba a encajar en una sola etiqueta. Surgidos de la riqueza y el constante choque cultural de Monterrey, Kinky llegó con una premisa clara y ambiciosa: ser como un DJ, pero tocando en vivo. Hoy, a casi 25 años de distancia, aquella visión pionera de mezclar música electrónica con acordeón norteño, cumbia y rock no solo sentó las bases para una industria que hoy vive fascinada por las fusiones, sino que mantiene a la banda más vigente que nunca.

Con una reciente nominación al Latin Grammy en la categoría de «Mejor Interpretación de Música Electrónica» por su sencillo “Armando la de Pedo”, la agrupación regiomontana demuestra que su esencia sigue intacta. Lejos de seguir tendencias o buscar encajar en moldes comerciales, su éxito radica en la honestidad de sus gustos, la constante experimentación y una energía inagotable sobre el escenario.

Platicamos con Ulises Lozano sobre la sorpresa de este reconocimiento de la Academia, el formato inmersivo 360º de sus nuevas Rave Sessions y la etapa creativa detrás de Cruzando, su próximo material discográfico que verá la luz en noviembre. Una charla sobre el arte de divertirse tocando, el peso de su ciudad natal y el orgullo de confirmar que, después de un cuarto de siglo, Kinky sigue siendo sinónimo de una gran fiesta. 

A principios de los 2000, premios como los Grammys —donde ahorita están nominados al Latin Grammy— solían encasillar mucho a los proyectos como rock alternativo o alternativo. Hoy, la música electrónica ha evolucionado y tiene un espacio protagónico propio. ¿Sienten que la industria finalmente entendió la naturaleza de bandas que nunca cupieron en una sola etiqueta?

Definitivamente. Eso es lo bonito también de la música: cómo evoluciona y cómo va cambiando. Es muy interesante ver cómo la Academia de los Grammys y los Latin Grammys también van acondicionándose y evolucionando con los sonidos y las tendencias, creando estas categorías que de repente empiezan a tomar mucha fuerza en la popularidad de la audiencia. Me doy cuenta de que los Latin Grammys siempre están tratando de ponerse al día con estas nuevas corrientes, reconociendo lo importante que es darle atención a géneros que posiblemente sean más underground o más alternativos, como dices.

Para nosotros, tener este reconocimiento en una categoría que prácticamente lleva como dos o tres años de haber sido creada, es muy significativo. Somos una banda que nació con una idea muy clara; cuando creamos Kinky decíamos: «queremos ser como un DJ pero tocando en vivo». Eso fue hace ya casi 25 años, y Kinky siempre ha hecho eso. Es música electrónica con muchas influencias de la música latina que, obviamente, son nuestras raíces: la cumbia, el regional mexicano, la salsa, el Latin jazz… Todos estos sonidos marcan mucho el género de Kinky, que es la electrónica, la cual siempre ha sido fundamental en nuestra música. Estamos muy honrados de estar nominados en esta categoría.

Hablando justamente de estos casi 25 años de trayectoria, ¿cómo sienten que ha cambiado la dinámica creativa en Kinky desde que grabaron su álbum debut, hasta todo lo que está pasando hoy en día con ustedes y sus próximos lanzamientos?

Kinky ha sido un proyecto que desde el principio ha sido un experimento musical. Nunca hemos tenido un género, una fórmula o un sonido específico. Kinky está todo el tiempo cambiando. Somos cinco cabezas en la banda y los cinco tenemos influencias musicales muy diferentes; no todos venimos del rock, de la electrónica, del Latin jazz o de la música regional mexicana, sino que venimos precisamente de todos esos géneros musicales juntos.

La evolución de Kinky en estos 25 años ha estado marcada por una sola constante: la experimentación y la búsqueda de llevar los sonidos latinos a generar mezclas interesantes y diferentes. Cuando empezábamos a fusionar la electrónica y lo alternativo con sonidos como el acordeón norteño, las trompetas de mariachi o la cumbia con hip-hop, todo esto era muy raro. Hace 25 años, se les hacía muy difícil categorizar a Kinky o definir en qué género estaba. Hoy en día vemos que las fusiones musicales son lo más de moda y en tendencia; ver, por ejemplo, a Carin León con Molotov, o el pop con el regional mexicano, o el rock alternativo con la electrónica. Todas estas fusiones hoy en día son súper normales. Para Kinky, que es una banda que nació precisamente de la experimentación de géneros, nos sentimos totalmente en nuestra época.

Claro. Y justo hablando de esto, te quería preguntar: ¿qué tan importante crees que es la experimentación para su proceso creativo? ¿Cómo es que ustedes llegan a esa decisión de decir «vamos a juntar a un mariachi con un poco de electrónica y un poco de hip-hop»? ¿Cómo ha sido esa dinámica para ustedes?

Prácticamente hemos sido muy honestos con lo que cada quien escucha y con los gustos personales de cada uno. Simplemente somos artistas a los que nos gusta ser muy abiertos a las propuestas, a lo diferente, a no caer en lo convencional y a buscar lo raro. Eso es lo que ha hecho Kinky durante estos 25 años.

Lo hacemos así: uno de nosotros escucha mucha electrónica y nos trae sonidos de lo que está escuchando; otros escuchan regional mexicano y proponen cosas de ese género; otros traen sonidos del Latin jazz, de la salsa, de la música brasileña, y metemos también esos elementos, el baile, el funk; o algún otro compañero viene con ideas más de rock alternativo. Entonces, es más una experimentación de los gustos personales de cada uno, sin estarnos fijando tanto en lo que está pasando afuera o en lo que pudiéramos reinterpretar. Nos basamos puramente en nuestras influencias musicales.

En esta parte de su identidad, ¿crees que el ser de Monterrey influyó mucho desde que se formaron? ¿Les ayudó a forjar una identidad, o solamente fue un grupo de amigos haciendo música a partir de lo que les gustaba?

Definitivamente Kinky solamente pudo haber salido de Monterrey. Es una banda que refleja muchísimo las características de una ciudad como Monterrey y de un estado como Nuevo León. Es una región de México que está nutrida por muchos estilos culturales. Además de ser una ciudad muy estudiantil, mucha gente viene a estudiar a Monterrey desde Sudamérica, Centroamérica, Europa, Estados Unidos, y obviamente de otras partes de México. Es una ciudad que te permite, ahí mismo, estar interactuando e intercambiando ideas culturales con amigos que son de Colombia, Guatemala, Estados Unidos o Asia. Es un lugar con tanta riqueza y choque cultural, que fomenta y permite este tipo de expresiones artísticas.

Algo muy interesante en su carrera es que han logrado mantener una conexión activa con nuevas generaciones, justo por lo que mencionabas de Monterrey, que hay gente muy joven que visita y nutre la ciudad. Cuando preparan sus nuevos proyectos, ¿buscan construir puentes hacia nuevas audiencias, o su filosofía es más bien que «quien quiera llegar a la familia Kinky es bienvenido»?

Realmente no hacemos las cosas pensándolo tanto. No estamos tratando de llegar a cierta audiencia o adaptarnos de cierta manera para ver si funciona. Kinky lo hace desde un lugar de mucha honestidad. Conectamos con las personas que se identifican con estos sonidos raros y diferentes: la electrónica fusionada con otros géneros, las cosas bizarras, divertidas y también emotivas. Las temáticas son muy variadas; a veces tomamos cosas muy sencillas y las hacemos muy grandes.

No buscamos nuevos mercados de forma premeditada, más que tocando en vivo. El escenario es el lugar donde Kinky sí busca llegar a nuevas audiencias y a nuevo público, como cuando nos permiten ir a tocar a festivales o a ciudades que no conocemos. Nos encanta conocer lugares y tocar para gente nueva. La manera en la que siempre hemos trabajado con nuestro público ha sido presentándonos en directo, para que puedan percibir esa energía que muchas veces en los discos no se captura igual. Kinky es música muy fiestera, muy bailadora, pero al mismo tiempo muy experimental. Para poder entender a Kinky perfectamente, hay que ir a un concierto. Esa es la manera natural en la que vamos reclutando nuevos fans.

Hablando de «Proyector de Luz», que es su más reciente sencillo, me preguntaba si en su historia como banda hubo algún sonido, forma o etapa creativa de la que se tuvieron que despedir para poder seguir evolucionando. Escuchando sus primeros álbumes en contraste con este nuevo adelanto, suena… no quiero decir diferente, pero sí suena mucho más consolidado dentro de lo que ya definimos como Kinky. ¿Qué me puedes comentar al respecto?

Claro, se trata precisamente de eso. Incluso dentro de «Cruzando», que es el nuevo disco que sale ahora en noviembre, el resultado es muy ecléctico. Te encuentras con una canción como «Armando la de Pedo», que es muy electrónica y pensada para la pista de baile, pero también vas a encontrar temas como «Proyector de Luz», que tienen una narrativa más profunda y emotiva. Llevan un mensaje un poco más reflexivo, pueden hablar de desamor, pero siempre desde la pista de baile.

Creo que ninguna canción por sí sola definiría «la nueva línea de Kinky». Simplemente es un abanico de canciones que tienen una coherencia obvia porque somos nosotros. Por ejemplo, «Proyector de Luz» es una canción electrónica con mucho mensaje, pero también incorpora trompetas de mariachi. Por otro lado, «Armando la de Pedo» es pura fiesta y relajo. Posiblemente no parecerían pertenecer al mismo disco, pero el sonido, lo electrónico y lo energético están ahí. Vas a escuchar muchos sonidos distintos de Kinky, y los próximos sencillos también van a ser muy diferentes.

 
Ustedes han tenido canciones que han formado parte de la banda sonora de FIFA o de series de Netflix. Cuando compusieron el material para «Cruzando», ¿llegaron a pensar en el impacto visual o cinematográfico de su música desde el estudio, o eso lo ven como un proceso aparte?

Kinky siempre ha tenido una parte visual muy importante. Por eso, por lo general, nuestras canciones se incorporan fácilmente en series, películas o comerciales; es parte intrínseca de la energía de la banda. No componemos pensando deliberadamente en eso, pero sentimos que, de manera natural, hacemos música que se transmite muy bien visualmente.

Tienen también esta faceta fiestera y de festivales que comentabas hace rato. Con las Rave Sessions en puerta, ¿qué son exactamente y cómo llegaron a desarrollar este formato donde eliminan las pausas entre canciones para cambiar la interacción con el público?

Siempre tratamos de incorporar cosas divertidas y diferentes a los shows de Kinky. Así como cuando hicimos el Unplugged de MTV, nos gusta llevar nuestros sonidos a formatos que también a nosotros nos entusiasme hacer. Somos una banda de mucha fiesta, de mucho rave; crecimos tocando para fiestas electrónicas. Regresar a ese lugar donde Kinky se pone muy electrónico y muy pensado para el club era importante.

Así llegamos a la idea de hacer un show que no parara de principio a fin: dos horas seguidas como si fuera un set de DJ, pero tocando e interpretando todo el performance en vivo. Además, tiene la particularidad de usar un escenario 360º donde la gente está muy cerca de nosotros. Pueden ver exactamente qué estamos haciendo con los aparatos y los instrumentos, lo que los hace sentir parte del show y no solo espectadores a lo lejos. Eso le da una experiencia muy padre al concierto. Es cierto que son más difíciles de llevar a cabo porque requieren una estructura técnica diferente por el formato 360º, así que los hacemos en eventos muy específicos y en lugares donde la logística nos lo facilite.

En cuanto a la producción, ¿cómo fue el proceso creativo detrás del rave? Es decir, para lograr que sea una experiencia inmersiva pero accesible, ¿cómo lo preparan y estructuran?

Ulises Lozano: Básicamente, tomamos nuestras propias canciones pero las llevamos a terrenos más techno, otras más hacia el house o el electro. Se trata de reinventar los temas para que funcionen perfectamente hilados, como si fuera un DJ tocando de principio a fin, logrando que realmente se sienta como un rave. Esa era la intención principal.

¿Hay alguna canción de «Cruzando» en particular que les emocione mucho tocar en este formato?

Justamente «Armando la de Pedo». Es una canción que ya estamos tocando en vivo y la gente se prende muchísimo; tiene esa vibra muy del Kinky clásico: pura fiesta, baile y relajo. Pero también vienen otras en el disco que están muy padres y que pronto irán saliendo, como «Suda», que es otra canción muy divertida. Así que sí, hay cosas muy emocionantes en el disco que nos entusiasma mucho presentar en directo.

Obviamente, con tantos años de trayectoria, ¿cuál fue su reacción al recibir la noticia de que estaban nominados al Latin Grammy por «Armandola de Pedo»?

Nos tomó muchísimo por sorpresa. Como te comentaba, nunca hacemos música pensando en un reconocimiento o con una meta específica más allá de crear algo que podamos tocar en vivo, que nos divierta a los cinco y que sea un experimento que nos rompa las estructuras y nos vuele la cabeza.

Cuando recibimos la nominación nos pareció increíble; Kinky ya cumple 25 años y siento que, de cierta manera, nuestro sonido se sigue sintiendo muy vigente. Que se reconozca el trabajo detrás de la banda en la categoría de «Mejor Interpretación de Música Electrónica» es ideal, porque eso es Kinky. No somos un simple remix; Kinky es un performance en vivo. Queda perfecto porque estamos tocando las percusiones en tiempo real, improvisando solos de batería y de otros instrumentos. Es muy satisfactorio que la Academia vea y reconozca ese trabajo técnico, más allá de que la música se disfrute y se baile. Nos entusiasmó muchísimo y nos sentimos muy honrados de haber sido considerados para esta nominación.

Aún después de 25 años, ¿qué les sigue sorprendiendo o divirtiendo al momento de subir al escenario? Porque creo que algo esencial en ustedes es precisamente esa diversión y autenticidad.

Para nosotros, la finalidad principal de toda la música que hacemos en el estudio es poder llevarla al escenario. Como te decía, Kinky se entiende mucho mejor cuando lo ves en vivo; ahí captas verdaderamente de qué se trata el proyecto. Esa interacción es lo que nos sigue llenando de entusiasmo para crear nueva música, además de la curiosidad natural que tenemos los cinco por experimentar. Poder tocar en festivales, conocer ciudades nuevas y conectar con el público es lo que nos mantiene con la emoción intacta para seguir haciendo música juntos.

Como última pregunta, Ulises: de aquellas canciones que los ayudaron a debutar en los 2000 o que fueron clave en sus inicios, ¿cuál es la que hoy en día les sigue alegrando muchísimo tocar y ver cómo la gente aún la canta, la brinca y la disfruta con ustedes?

La verdad es que no es solo una, son varias. Nos sigue entusiasmando muchísimo tocar «El Sonido de mi Primer Amor» como si fuera la primera vez. Por más que la tocamos, esa mezcla entre lo raro y lo divertido siempre nos emociona llevarla al directo. Obviamente, «¿A Dónde Van Los Muertos?» es otra que nos llena de energía; más que una canción, se vuelve una celebración colectiva. Esas dos nos llaman mucho la atención por la forma en que la gente las ha adoptado con tanto cariño durante años.

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