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Matilda Mann: “No sabía que el amor podía sentirse así hasta que lo viví” [ENTREVISTA]
Entre la ansiedad de los veintes y la vulnerabilidad de escribir desde la felicidad absoluta, la cantautora reflexiona sobre las decisiones que forjan nuestro destino y cómo Kismet se convierte en un refugio luminoso contra el caos moderno.
Por: Annie Urbina
Publicado el: 05/10/2026
Según el diccionario, “kismet” significa destino, fatalidad o un giro predeterminado de los acontecimientos que parece destinado a ser; de acuerdo con Matilda Mann, Kismet es el hecho de enamorarse y encontrar un amor que creías que no existía.
A poco más de un año de su álbum debut, la cantautora londinense está de regreso con un segundo material discográfico que funge como la banda sonora de su propio autodescubrimiento sobre el amor. A través de reflexiones en canciones como «After the Love», Matilda explora esa vulnerabilidad de entregarse por completo a los sentimientos, construyendo un universo sonoro donde soltar el control y confiar en el proceso se vuelve un acto de valentía. En medio de un presente que a menudo se siente acelerado y abrumador, este álbum nos deja un mensaje claro: el amor es un refugio para el caos que te aísla protectoramente como una burbuja, un espacio seguro donde podemos pausar el tiempo, dejar de sobrepensar y simplemente ser felices.
Para sostener esta atmósfera tan íntima, la artista se alejó de su zona de confort y construyó una paleta sonora arropada por la calidez y la nostalgia de íconos de los setenta como Carole King y The Carpenters. Toda esta visión culmina en una estética visual que nos presenta una escalera hacia las estrellas —una metáfora literal capturada en su portada— que nos invita a soltar el pánico de tener la vida resuelta a los veintes. Es un recordatorio luminoso de que, aunque nuestras líneas de tiempo personales no siempre sigan el rumbo planeado, cada tropiezo o acierto nos lleva exactamente a donde tenemos que estar.
Nos sentamos a platicar con Matilda sobre su nueva música y fue como tomarte un té con una vieja amiga que te recuerda que el amor existe. No solo existe, sino que está dentro de ti y, cuando lo encuentras, se sentirá como una de sus canciones: te cobija y te deja soñar sobre lo más puro que tenemos dentro de nuestra humanidad.
Antes que nada, me encantó Kismet; es un álbum hermoso que te invita a sumergirte en tus propios pensamientos. Has definido “Kismet” como el destino, aunque el mundo actual se siente increíblemente caótico. ¿Ves este disco como una fuerza reconfortante que aporta estabilidad en la incertidumbre, o como algo a lo que debemos rendirnos activamente?
Creo que ser optimista es una elección. A veces es muy fácil porque la vida es genial, pero cuando suceden cosas malas, ya sea a nivel personal o en el mundo, se trata de descubrir qué está en tus manos para mejorar la situación. Visualizar un panorama mejor te da algo por lo que trabajar, y eso ya es un gran punto de partida. No sirve de nada quedarse estancado en el pozo de lo negativo. Llega un punto en el que necesitas avanzar, y tratar de ser edificante es una herramienta muy útil.
¿Qué te ayuda a mantener el ánimo y cultivar ese optimismo que transmites en tu música?
Escuchar música me ayuda muchísimo; busco artistas con voces reconfortantes o canciones muy animadas. Las películas divertidas y optimistas también son infalibles para sacarme de un mal momento. Además, simplemente estar al aire libre es muy sanador, especialmente si no llueve, aunque a veces hasta la lluvia se puede romantizar.
Viviendo en el Reino Unido, supongo que esquivar la lluvia es todo un reto.
Totalmente, tienes que elegir bien tus momentos o conformarte con caminar dentro de un edificio enorme.
Hablando de tus inspiraciones, «The Fig Tree» se siente como un punto de inflexión narrativo en Kismet. ¿El título hace un guiño a la metáfora de Sylvia Plath sobre la ansiedad ante las decisiones, y cómo refleja el álbum tu propio proceso al elegir caminos en la vida?
A lo largo de mi vida he tomado decisiones que me han traído hasta aquí. Incluso los malos momentos los volvería a vivir, porque todo lo que experimentas te lleva a donde estás, y a mí me gusta mi presente. No quisiera poner eso en riesgo. Creo que es necesario cometer errores —o que otros los cometan contigo— para aprender sobre ti misma y sobre cómo avanzar. Siento que este álbum es la secuela natural de darme cuenta de todas esas cosas y empezar a sanarlas.
Mencionaste que esperas que el álbum permita a los oyentes encontrar un poco de escapismo y ser egoístas por un momento. Al escucharlo, noté una atmósfera muy profunda de enamoramiento. ¿Qué situaciones personales inspiraron esta etapa?
Estoy muy enamorada. He conocido distintos tipos de amor en el pasado, pero ahora estoy con alguien increíblemente amable y gentil. No hay dramas; la comunicación fluye y todo es muy tranquilo, lo que hace que el día a día sea muy fácil y emocionante a la vez. Esa felicidad sencilla de estar en una relación sana ha sido clave. No sabía que el amor podía sentirse así hasta que lo viví.
Como compositora, ¿es más vulnerable escribir desde la pura alegría o desde la melancolía?
Definitivamente desde la alegría. Es muy fácil caer en lo cursi cuando estás feliz y enamorada. Ryan Beatty mencionó en una entrevista lo abrumador que es hacer un álbum de amor, porque sientes la obligación de escribir canciones que le hagan verdadera justicia a lo que sientes. Quieres que la música sea tan grande como tu amor por esa persona. Así que, escribir desde la felicidad requiere ser muy exigente y particular con los detalles.
Si pudieras elegir a cualquier intérprete para protagonizar una película musicalizada con tus canciones, ¿a quién escogerías?
A Olivia Colman. Me encanta; es un auténtico rayo de luz. Transmite esa sensación de ser alguien que te sacaría de cualquier apuro.
Tu composición suele sentirse muy conversacional, como una charla íntima de madrugada. ¿Cómo equilibras el compartir esos pensamientos de diario personal con la creación de temas universalmente identificables?
Soy de hablar mucho y comparto lo que me pregunten. Además, converso constantemente con mis amigos sobre sus vidas emocionales. A veces, cuando estamos compartiendo experiencias, decimos: «Vaya, definitivamente yo también me he sentido así». Si cinco personas en una mesa pueden conectar con un sentimiento tan específico, es muy probable que haya miles de personas en el mundo sintiendo exactamente lo mismo.
Gran parte de tu trabajo anterior exploró la transición hacia los veinte años. Ahora, con Kismet, ¿en qué punto te encuentras dentro de ese viaje de crecer y descubrir tu camino?
Al principio de tus veintes sientes mucho pánico; crees que para los 25 ya deberías estar en la cima de tu carrera. Pero la realidad es otra: la gente cambia de profesión, renuncia a sus trabajos, se muda de país o termina relaciones de años. Las cosas cambian de rumbo todo el tiempo y eso está bien. Hay demasiada presión social que te hace creer que si no cumples ciertos plazos, fracasaste, y nada está más lejos de la verdad. Cada persona tiene una línea de tiempo completamente única.
¿Qué te ayuda a tomar las decisiones correctas para la persona que eres hoy? ¿O consideras que no existen decisiones «correctas», sino simplemente elecciones del momento?
Mantener la mente abierta. Es clave aprender a estar cómoda con la idea de equivocarte y aceptar que no siempre le agradarás a todo el mundo. La empatía es fundamental; la gente no siempre intenta ser mala, a veces solo dice lo incorrecto. Tengo la suerte de estar rodeada de mujeres maravillosas con las que crecí desde los 11 años, y con ellas tengo conversaciones muy profundas. A lo largo de los años, cuando las cosas fallan o no damos lo mejor de nosotras, simplemente lo hablamos. Todo se reduce a la empatía y la apertura.
Tu álbum debut, Roxwell, salió el año pasado, pero Kismet se percibe mucho más audaz y seguro. ¿Cuál fue el mayor riesgo sonoro o creativo que tomaste en este material?
El mayor riesgo fue alejarnos por completo de lo que yo ya conocía. Jonah Summerfield, con quien trabajé el disco, me introdujo a muchísima música icónica. Armó una lista de reproducción con canciones atemporales para definir exactamente qué queríamos lograr con nuestro sonido. En lugar de ir improvisando sobre la marcha, tuvimos una visión muy clara y estructurada desde el principio.
¿Podrías compartir un par de temas que formaban parte de esa lista de referencias?
No recuerdo el título exacto, pero una era de Al Green, creo que «Tired of Being Alone». También tomamos mucha inspiración de los arreglos de The Carpenters y de la música de Carole King.
Hablemos de la identidad visual: ¿cómo se conecta la estética de Kismet con esos conceptos del destino y la búsqueda personal?
Hay un pequeño dibujo en la habitación de mis padres que muestra a una persona en la Tierra con una escalera hacia el universo. No sabes si va a la luna o a las estrellas, pero me fascina la idea de emprender el viaje confiando en que el destino será un lugar mejor. Para la portada, hicimos las fotos en los vestidores de la escuela de mi madre. Conseguimos una escalera, pero era muy corta, así que la duplicamos en Photoshop y le añadimos una escotilla. La imagen te invita a preguntarte hacia dónde voy, que es exactamente lo que hacemos en la vida: preguntarnos qué nos depara el futuro y tratar de mirarlo con optimismo.
Y, ¿qué te preguntas hoy sobre tu propio futuro? Tienes una gira europea en puerta y ojalá podamos verte pronto tocando en México o el resto de América Latina.
Por ahora me pregunto cómo será tocar en el Shepherd’s Bush Empire; es el recinto más importante de mi ciudad natal y me emociona muchísimo. Hay infinidad de lugares a los que sueño llevar mi música en vivo, pero las giras son muy costosas. Tengo la esperanza de que eventualmente logre llegar a todos esos destinos.
Para cerrar, ya que este álbum es un acercamiento al destino, si pudieras viajar en el tiempo y decirle a la Matilda que recién lanzaba su primer EP, One Thing, hasta dónde iba a llegar, ¿qué logro destacarías?
Definitivamente le contaría que va a encabezar un concierto en el Shepherd’s Bush Empire. Crecí viendo nombres increíbles en esa marquesina, así que alcanzar ese hito significa todo para mí.
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