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Juana Aguirre: “Me gusta dejar mucho lugar a la pregunta […] Siento que ahí hay un misterio para proteger” [ENTREVISTA]
En septiembre la artista argentina Juana Aguirre comienza la gira latinoamericana con anónimo, su segundo álbum solista que continúa expandiendo el universo que dio a luz con su debut Claroscuro.
Foto por Victoria del Sel
Por: Lucero Otero
Publicado el: 30/08/2025
Hace un tiempo escuché a alguien decir que en esta época todo el tiempo se nos dan respuestas a preguntas que jamás nos hicimos. Me pareció una descripción que ilustra muy bien el clima de la sociedad que hasta el cansancio definimos como la de la sobreinformación. Hay que decir también que, en este contexto, quien busca, encuentra. Y toparse de repente con artistas que proponen lo contrario, preguntas, y sobre todo, preguntas sin respuesta, es realmente como descubrir un tesoro.
Juana Aguirre viene, desde su debut solista Claroscuro (2021) hasta su segundo proyecto de este año, anónimo, construyendo un universo de imágenes preciosas que crea con las combinaciones de palabras más bellas, una narrativa a veces ambivalente y ambigüa sobre temas que atañen a todo ser de naturaleza humana. Esa abstracción, sumada a la intuición que guía su composición musical, con raíz en la guitarra pero también en lo electrónico, parece ser su motor creativo. Frágil, aguerrida, tierna, cruda, sensible, vertiginosa. Esos son adjetivos que podrían describir las formas que toma su música, pues el contenido parece ser más un signo de pregunta a completar con nuestros propios sentidos. La artista misma afirma que, incluso como oyente, no le gusta que le den todas las respuestas.
En relación a los shows, Juana los describe como una experiencia inmersiva, como entrar en un túnel y, en otras palabras, un oyente lo decía en un comentario que me topé en una de sus canciones en YouTube: “Gracias por este paréntesis de conexión esencial”. anónimo ya sonó en Europa, Colombia, y tuvo su presentación oficial en Buenos Aires. El próximo mes comienza la segunda etapa de la gira que comprende a otras ciudades de Argentina y Latinoamérica, entre ellas Ciudad de México, Ciudad de Guatemala y Quito.
Cuando anunciaste el lanzamiento de anónimo, decías que era como volver de un viaje, en los que primero llega el cuerpo y después empiezan a llegar las palabras y todo lo demás. Ya publicaste el álbum, hiciste la presentación oficial y estuviste tocando. ¿Cómo te sentís ahora en este parate entre la primera parte de la gira y la segunda por Latinoamérica?
Es linda esa pregunta porque justo hoy pensaba en eso. Tener esa pausa es un momento incómodo. Por cómo se vienen dando las cosas este año, desde que saqué el disco estoy súper abocada a viajar y mentalizada en que todo este año voy a estar yendo y viniendo de mi casa. Entonces ahora me toca tener este momento de pausa donde hay ensayos, también estoy armando mi estudio, empezando a grabar cosas nuevas… Pero me agarra esa ansiedad de seguir con esa rueda porque, al principio, empezar a tocar después de hacer un disco genera un poco de resistencia, el pasar de un estado de estar en tu casa súper obsesionada y escuchando las mezclas y los masters a de repente estar mucho más extrovertida y viajando. Siempre hay una cierta resistencia física a transitar esos cambios, pero después una vez que estás ahí querés más. Así que ahí, esperando.
Yendo un poco más hacia atrás, me gustaría hablar del origen de este segundo proyecto. Quería saber cuál fue el brote inicial de la creación de anónimo. No sé qué estuviste haciendo en esos tres años, si estuviste leyendo mucho, viendo muchas películas, viajando…
En realidad, siempre estoy grabando y haciendo cosas o leyendo, topándome con cosas interesantes. No sé si hay algo en particular que haya sucedido, más que la vida. El haber sacado el primer disco y haberle dado un marco a este proyecto me hizo darme cuenta de que desde ahora iba a estar construyendo un universo alrededor de eso. Estuve pensando cuál era la segunda etapa y revelando qué era lo que iba a pasar. Tocar Claroscuro, salir de gira, después tener el tiempo de volver y estar trabajando puertas adentro me hizo madurar mucho ese proceso. Claroscuro fue un disco supertrabajoso para mí, me hizo madurar quizás por dónde iba mi curiosidad, a dónde quería ir, y la conclusión de todo eso es anónimo.
Algo que me parece bellísimo de tu música son las letras, siento que representan la experiencia humana de una forma muy sensible y muy frágil. ¿Cómo encontrás esos momentos o espacios de introspección para poder conectar con eso tan esencial?
Yo creo que trabajando, pero no trabajando con la cabeza, sino realmente buscando esos espacios por necesidad, que para mí son de silencio y de meditación también. Los necesito para mantener cierto equilibrio. No es que hay una idea premeditada de hacia dónde quiero ir cuando me siento a escribir una canción. Sí me pueden estar pasando cosas, como a todo el mundo le pasan, como a todo ser humano. Lo hermoso de hacer canciones y esto que decís de las letras es que esos temas se presentan, es algo muy misterioso. Y, muchas veces, en el momento no hay un sentido para eso, esos sentidos empiezan a aparecer después, de repente descubriendo ciertos símbolos que me hacen acordar a cosas que me emocionan mucho. Yo creo que ahí también hay un juego del inconsciente de cosas que empiezan aparecer y hay que hacerle lugar a eso, a que aparezcan cosas que uno no controla demasiado. Eso también es lo que a mí un poco me prende el fueguito de hacer música, porque es un poco adictivo, es como la gente que tiene sueños lúcidos, que se levanta y quiere anotar lo que vivió. Bueno, es un poco como irse de viaje.
Como amigarse un poco con la incomodidad de lo que no podés todavía asignarle un sentido o encajarlo en un lugar. Eso también lo noto mucho en las letras, esta narrativa de lo ambivalente, lo desconocido… Me parece muy refrescante escuchar música que te proponga eso hoy en día. ¿Qué valor le das vos a esa abstracción para entender este mundo hoy?
Es lindo lo que decís, porque yo creo que en diferentes momentos del disco se presentan muchas preguntas que de alguna forma no tienen una respuesta ahí en la música. A mí me gusta mucho pensar la música de ese modo, en todo lo que gira en torno a la música, el hecho de sacar música hacia afuera y dejar mucho lugar a la pregunta, que el otro construya, no contar tanto de qué van las canciones o sobre la experiencia personal. Yo siento que ahí hay un misterio para proteger. Me pasa como oyente también, a veces escucho música y me gusta construir mi propio mundo alrededor de eso, no que me den todas las respuestas. Cuando eso sucede es muy hermoso. A veces me pregunto qué rol cumple la música o qué sentido tiene hacer música, y muchas veces no encuentro respuestas a eso. Realmente es un lugar natural para mí, que por ahora es la música, el día de mañana quizás sea otra cosa. Pero encuentro el entusiasmo para hacerlo y creo que eso es lo valioso, encontrar el entusiasmo y poder poner la atención y nuestro tiempo en algo hoy en día me parece un tesoro.
Por otro lado, me emocionan muchas cosas que pasan en torno a la música, como tocar en vivo y de repente ver un montón de personas que se encuentran y que vienen a escuchar esta música en particular que yo, personalmente, siento que quizás tiene momentos incómodos. Eso me emociona mucho y siento que es muy valioso. Aprendí a valorarlo mucho también porque lo que se genera en el vivo no es solamente lo que genera uno, es lo que pasa también con la gente que está ahí y la reacción de la gente con la música, que son cosas que uno no descubre hasta que sucede. Por ejemplo, la primera vez que salí a tocar anónimo, con Cruz, quien toca conmigo y giramos juntos, fue en el Planetario, en Bogotá. Fue increíble, épico. Me acuerdo de que yo salí, la gente estaba ultraemocionada y yo no entendía qué había pasado. Todo el efecto que había tenido ese show lo descubrí en ese momento. Eso es precioso porque es una sorpresa siempre.
Hablando del vivo, me hiciste acordar a la presentación de Claroscuro en el Teatro Xirgú en 2022, en Buenos Aires. Me sorprendió mucho que la gente estaba superconcentrada en la música y en la canción “Configuraciones onduladas”, hacia el final, todo el mundo empezó a cantar ese mantra de “Voy a entrar…”. Eso fue increíble y no me lo esperaba, porque hay música en la que no esperás que la gente cante y agite de esa forma.
Sí, me acuerdo de ese momento. De hecho, tengo una amiga que justo estaba arriba y me mandó un video de la gente y me acuerdo porque es como si lo hubiese vivido también desde ese punto de vista. Además, yo creo que también el show en vivo es súper inmersivo, a mí me pasa que como que te vas un poco por un túnel. Son momentos en donde se rompe eso y donde aparece como también la invitación a participar y es como “ah, OK, hay gente acá”. Eso se agradece y es muy lindo.
Recién hablábamos un poco de la abstracción y mencionaste la palabra “tesoro”. En contraposición a la duda y a la incertidumbre, ¿dónde encontrás en el día a día ese tesoro como de verdad o sentido?
Sí, como ese motor. Y, para mí, qué sé yo, a veces no lo encuentro. Antes de hacer Claroscuro, por ejemplo, estuve años sin escribir nada y sentía que había perdido mi conexión con la fuente, que había perdido una antena. Es desesperante, pero son cosas que no se pueden forzar. Fue muy desencantador ese tiempo. Además, yo creo que en el hacer uno encuentra una… Es muy importante tener un objetivo, por lo menos para mí, soy una persona superproyectual, me gusta tener desafíos. Eso me obsesiona y me gusta estar trabajando siempre en algo, lo necesito para encontrar el entusiasmo también. Y no sé dónde lo encuentro, la verdad que fluctúa, pero sí soy muy curiosa. Siempre estoy buscando, me gusta aprender, me gusta trabajar mucho con las manos, hago muchas cosas con las manos. Entonces, depende del momento me encuentro más en una cosa o en otra.
Estudiaste diseño, ¿no? ¿Hay algo que hagas con las manos relacionado a eso?
Soy diseñadora gráfica y siento que eso atravesó todas las cosas que hago. Estudié en la UBA, en la FADU, y el pensamiento proyectual que me dio la carrera me acompaña en todo lo que hago para poder pensar las etapas de un proyecto, mirar los macros… Hay algo de eso que yo siento que atraviesa todas mis formas de hacer. Pero sí trabajo mucho con las manos, hago máscaras, me gusta pintar también. Muchas cosas las hago mal, pero las disfruto. Trabajé muchos años de diseñadora gráfica, que fue una bendición para poder hacer música, porque nunca tuve la presión de tener que sustentarme también con las cosas que hacía. El tener otra profesión me dio mucha libertad. Hoy en día me agotó trabajar de eso, ya no encuentro el tiempo ni el entusiasmo para hacerlo, pero sí me gusta mucho hacer portadas. A veces hago portadas de discos para amigos, también hago flyers a veces. Siempre encuentro formas de explorar un poco más caprichosas en el diseño gráfico quizás, no tanto comerciales.
Yo tengo un fanzine de esa vez del Xirgú. ¿Ese lo hiciste vos?
Ese fanzine lo hizo Fede Max, que es mi dupla artística por siempre. Espero que nunca me abandone. Él es con quien hacemos los videos, construimos todo el universo gráfico y mucho más. Yo siempre le comparto todas mis maquetas y mis ideas. Él es diseñador gráfico, pero también es artista visual, y es esa persona con quien compartimos procesos. Hacemos un poco de clínica, a veces hacemos retiros y nos vamos a trabajar en nuestras cosas. Es una dupla creativa.
He visto los videos que has publicado para las canciones. Hay uno también que es el de “Los ausentes”, que ese no es parte del disco.
No, ese iba a ser parte del disco, pero al final no encontré un lugar para esa canción. Fue una canción agotadora, la saqué para abandonarla directamente, para sacarla de mi sistema nervioso. Me llevó mucho trabajo y tiempo encontrarle la forma. Cada parte del proceso fue muy tedioso, la mezcla, todo. Entonces yo sentía que pertenecía más a ese interludio entre un disco y otro que al disco mismo. Pero me di cuenta armando el orden del disco, realmente no lo supe antes. De hecho, tengo amigos que me dijeron: “Che, dejaste ‘Los ausentes’ afuera, esa canción me regustaba”. Pero no le encontré el lugar en anónimo.
Sí, parece todo parte del mismo universo. En el video es muy linda esa mezcla entre imágenes más reales de todo este grupo de personas y también planos del planeta chocando con el sol. También me gusta mucho “El muro”, que tampoco está en anónimo, pero creo que es de la época de Claroscuro.
Qué loco, sí, “El muro” está más cerca de Claroscuro. También es una canción que quedó ahí en un limbo. Nunca lo conté: el video de “Los ausentes” estaba pensado ser un video para “El muro”, pero a mí no me terminaba de convencer la idea. Es increíble, porque el video de “Los ausentes” lo trabajamos con Agustina de San Martín, que es una directora argentina muy increíble, tiene unas pelis muy hermosas. Yo tenía ganas hace tiempo de colaborar con ella e hicimos ese video. Entre una cosa y la otra, no llegamos al lugar donde nos imaginábamos, y Fede Max trabajó en toda la parte más fantasiosa del video, del espacio y los planetas. Después, trabajando en “Los ausentes”, un tema que escribí entre un disco y otro, me súper inspiró el video para trabajar en esa canción. Me di cuenta de que igual hay un vínculo grande entre “El muro” y “Los ausentes”, pertenecen casi a una misma cosita que quedó ahí en el medio.
Qué loco que justo que mencionabas que querías cerrar ese tema, “Los ausentes”, el video al final te haya servido como un empuje para terminar esa canción y no para “El muro”.
Bueno, la portada de “El muro” es, de hecho, una portada de los planetas. Ahí ya está el link directo, porque la idea era para esa canción. Pero, bueno, “El muro” y “Los ausentes” para mí hablan de cosas muy parecidas, es muy loco cómo se dan las cosas, es misterioso eso también. Yo las siento re parecidas las dos canciones, como que podrían ser una sola.
Hablando un poco más de la música en sí, cuando una se pone a leer notas o reseñas sobre tu música, aparece mucho esta dualidad entre lo acústico y lo electrónico, la guitarra y los sintetizadores. Quería llevar la pregunta hacia tu relación con la tradición y la novedad. ¿Cómo combinás esas dos facetas?
La verdad es que soy muy básica en mi forma de trabajar, trabajo con las cosas que me quedan cómodas. Eso muchas veces es una limitación, pero me pasó con la guitarra o con estudiar piano, intenté durante millones de años estudiar música y nunca llego a buen puerto. Me doy cuenta de que soy dispersa y siempre que quiero ordenar las cosas, por lo menos en torno al hacer música, termino jugando con esas herramientas. Me llevó mucho tiempo entenderlo, antes me frustraba mucho y tenía muchos complejos en torno a eso. Después me di cuenta de que el fuego de mi vínculo estaba ahí, en jugar con las herramientas que tenía a mano. Justo Claroscuro se dio en un momento donde escribir con la guitarra ya no me era suficiente y tenía ya algunas nociones básicas de cómo grabarme, producirme, instrumentar o cuáles eran los universos en torno a algunas de mis canciones. Entonces empecé a hacerlo y a grabarlo con mucho respeto, porque sentía que lo estaba haciendo mal, hasta que me di cuenta de que esa era mi forma de hacerlo. Ahí empecé a darme cuenta cuál era mi sistema, cómo me sentía cómoda trabajando y cuáles eran las herramientas que me gustaba explorar.
Eso fue mutando y fue cambiando. Hoy en día estoy como en una etapa mucho más “fierrera”, porque me obsesioné con algunos pedales de guitarra que no los uso para la guitarra, sino para otras cosas. Pero me gusta esto de no entender a veces ciertas herramientas y poder perillar y tocar botones, porque surgen cosas que no espero que vayan a pasar. Esa es mi forma de relacionarme con la tecnología: haciendo a prueba y error. Miro algún que otro tutorial si tengo que aprender algo, pero la realidad es que trabajo de esa forma, muy intuitivamente. Eso a veces conlleva un camino muy largo para llegar a ciertos lugares. También me ha pasado de llegar a etapas de mezcla y momentos más técnicos donde me doy cuenta de que podría haber hecho las cosas mucho mejor. Pero me di cuenta de que, si intento ordenar esa parte de mi proceso, mi proceso un poco se cae o se va hacia lugares que no me interesan tanto. Entonces, es ese equilibrio, comprar un buen micrófono y tener todo enchufado, cosa de no ser vago y no grabar con el micrófono de la computadora, pero intentar no meter mucho la mente en el medio.
Sí, aprender como a lo criollo, sin tanta teoría en la cabeza. También desde la funcionalidad que vos le querés dar, imagino, para no meter en tu cabeza información que capaz no te sirve tanto para el objetivo que vos tenés.
Totalmente, y cada vez ir deconstruyendo más esas ideas, porque siento que tenemos ciertas fórmulas en la cabeza que muchas veces nos limitan. ¿Por qué una canción tiene que tener bajo? ¿Por qué una canción tiene que tener base? ¿O por qué un bombo tiene que ser un bombo y no podés pegarle a un micrófono? A mí, por lo menos, me ayuda trabajar de esa forma porque voy descubriendo ruidos. De hecho, esto que te digo de golpear el micrófono y grabar un bombo con ese sonido fue algo que quizás me pasó sin querer y me di cuenta de que ahí había un hallazgo. En esa forma de trabajo más caótica también aparece información interesante si uno tiene el ojo para verla como una posibilidad y no como un error. Ahí es donde empiezan a aparecer cosas interesantes.
Recién mencionabas lo intuitivo y el juego, y eso me lleva a preguntarte algo muy específico de una de las canciones del disco, de “Automático”. Cuando vos cantás “si no logro despertar, todas mis cosas se rompen”, seguido a eso hay unas guitarras desafinadas y un bajo que desciende. Siento que expresas con la música eso que vos cantás y me pareció muy curioso. ¿Representar con la música algo de la letra es algo que te gusta hacer adrede?
Obviamente hay una conexión literal en lo que pasa en esa canción, hay algo de este mundo medio fantástico y despertar de un sueño. Pero no sé de qué forma sucedió, no lo recuerdo. Sí me acuerdo de que cuando estaba escribiendo “Automático” había algo del sonido de esa guitarra desafinada y la primera maqueta que grabé, que la grabé como muy de lejos y escuchaba mucho el ambiente, que me hizo acordar mucho a Tom Waits. Tuve una etapa de mucha obsesión con él, no con su parte romántica y medio Disney, sino con su parte más borracha. Tiene algo él en sus discos que hay mucha percusión con objetos, no con percusiones convencionales. El espacio está como impreso en su sonido, y ese espacio es muy cinematográfico, porque hay una desprolijidad en todo. El piano está desafinado y las letras ni siquiera sé de qué hablan, casi no se le entiende cuando canta, pero hay algo de crear un mundo alrededor de eso, porque te deja ver ese espacio, te deja escuchar ese espacio. Eso me parece fascinante de su música. Entonces, había algo en esta canción que estaba hablando de un lugar lejano, de un viaje, y yo me imaginaba como esa cosa de escala. También el “duérmete en mis manos” me parecía un poco terrorífico, un poco erótico, y tenía mucho sentido para mí que todo ese mundo se cayera al piso. Entonces vino un poco por ahí, como que se va deshaciendo.
Ahora lo que viene es la segunda parte de la gira, que arranca en un mes más o menos, en septiembre.
Arranca a fines de septiembre y termina en diciembre, y es la segunda parte de la gira. Vamos a estar viajando a un montón de lugares, a Guatemala, a Ecuador, a México, a Chile. Vamos a estar viajando por Argentina, por suerte, porque la verdad que era algo que teníamos muy pendiente y se pudo dar ahora.
¿Ya has estado en esos lugares?, ¿por Claroscuro?
Sí, pero hay muchas ciudades en las que no. No fuimos a Rosario todavía ni a Santa Fe. Sí fuimos a Santiago de Chile, estuvimos en Córdoba, en Ciudad de México, pero no fuimos a Guadalajara, nunca fui a Ecuador, no conozco Guatemala. Me vuelve loca, me desespera saber que vamos a estar dos días. Por suerte, de haber viajado mucho con la música tenemos algunos amigos distribuidos por diferentes lugares. Siempre que viajo, intento ir y quedarme un tiempo en cada lugar cuando puedo. Hacer la gira siempre es una locura, pero pasó ahora que estuvimos en Europa, que nos quedamos un ratito en Madrid y está bueno entender un poco, que el cuerpo se acostumbre a ir a ver shows, a conocer gente, si no, siento que es un desperdicio. Ah, y también vamos a Montevideo, que es la primera vez.
¿Y cómo va a ser toda esta segunda parte? Imagino que viajan con el mismo set, el mismo tipo de show.
Viajamos con Cruz, es un dúo set. Él es con quien venimos girando con todos los 30 shows que ya hicimos, no sé cuántos. Todos fueron así, menos acá en Buenos Aires que tocamos con la banda.
Yo vivo en La Plata, y te voy a ver a tu show acá pronto. ¿Qué relación tenés con la ciudad?
Es la segunda vez que vamos a La Plata, ya tocamos una vez y me encanta tocar ahí. Me parece un misterio La Plata, un lugar muy especial. Me hubiese gustado ser una estudiante viviendo en La Plata, me da un poco de envidia no haber vivido eso. Siento que también la ciudad tuvo sus épocas, pero no sé, me gusta mucho. Justo hace poco leí un libro que lo tenía repetido en mi biblioteca, porque me lo regalaron dos veces, que es Las primas, de Aurora Venturini. Ella es de La Plata y la novela sucede ahí. Es muy linda porque habla por momentos de la ciudad, habla de que lo ve a Borges caminando por alguna plaza… Me parece una ciudad muy muy especial. Tampoco la conozco tanto, porque siempre que voy, estoy un día o dos. Cuando era chica iba más, porque tenía parte de mi familia viviendo en La Plata. A veces íbamos mucho a visitar a una tía abuela que vivía allá. Entonces siempre tuve una especie de conexión, pero también es un misterio, porque nunca la habité.