Camila Bañados: “‘Viento 1.’ es un compromiso conmigo misma” [ENTREVISTA]

La compositora chilena habla sobre el riesgo de grabar en vivo con doce músicos, la influencia del paisaje del sur de Chile en su imaginario sonoro y la decisión de no repetirse nunca. A puertas de su primer viaje a México, Camila proyecta una carrera en movimiento, donde el viento no se detiene.

Hay artistas que construyen canciones, y hay otros que construyen atmósferas; la música de Camila Bañados pertenece a esta segunda categoría: un territorio donde la naturaleza, el riesgo y la emoción conviven en una misma respiración. Su EP Viento 1. no solo es su primer trabajo de larga duración, sino una declaración de principios.

El disco (grabado completamente en vivo junto a un ensamble de doce músicos) es una apuesta poco común en tiempos donde la perfección digital suele imponerse. Tres tomas bastaron para capturar la versión definitiva de cada canción. Hubo quiebres de voz, tensión y vértigo, pero también una organicidad irrepetible. Para Camila, el riesgo no fue un obstáculo, sino el camino hacia algo más verdadero.

La naturaleza también atraviesa su obra. Criada entre viajes familiares al sur de Chile, bosques, ríos y una fuerte conciencia ambiental heredada de su padre, la compositora encuentra en esos paisajes no solo inspiración, sino contención. Muchas de sus canciones —confiesa— terminan de cerrarse lejos de la ciudad, en medio del silencio natural.

Hoy, con presentaciones internacionales ya concretadas y un inminente viaje a México, Camila Bañados no habla de metas rígidas, sino de movimiento. Si Viento 1. marcó el inicio, el número no es casual: es un compromiso personal de insistir, de seguir creando y de no quedarse estática. Porque si algo deja claro en esta conversación, es que el viento, para ella, siempre está en tránsito.

Hola, Camila. ¿Cómo estás? 

Todo bien, estoy muy bien y muy ansiosa por este viaje a México. Es mi primera vez en México y estoy muy contenta porque había soñado mucho con ir a sonar por allá, hacer mis conciertos. Y estoy muy agradecida de esta oportunidad, y muy contenta. 

Escuchando tu EP, me gustaría saber sobre ¿Qué tan trabajoso fue el proceso de creación?

Bueno, el proceso de creación de este EP fue bastante largo porque son canciones que yo compuse desde el 2017 hasta la fecha. Fue cambiando el formato. En un comienzo había pensado que fuera un quinteto quien me iba a acompañar para la grabación del disco y de a poquito mis referentes musicales se fueron nutriendo de ensambles más grandes, orquestas; empecé a agarrar gustito con esa sonoridad, así que me dieron muchas ganas de poder hacer algo similar. Me imaginé la canción ‘Viento’ con muchos vientos y muchas cuerdas.

Sentía que podía evocar esa sensación más auditiva —cierto— del viento.  Así que fue una apuesta. Fue un proceso complejo también coordinar a tanta gente.

Lo grabamos con 12 músicos en vivo, el disco está completamente grabado en vivo. Fueron tres tomas y la mejor de esas tomas es la que quedó, y la que se está escuchando ahora.

¡Qué interesante!  Grabaron el disco completamente en vivo. ¿Fue muy riesgoso grabar todo en vivo?

Sí, fue riesgoso, porque una desafinación o un error afectaba a los 12 músicos. Pero también fue riesgoso y bonito porque se da algo superorgánico, que es la interpretación en el fondo y que toma mucha fuerza. Yo —cuando estaba grabando— no pude evitar emocionarme, y se me quiebra la voz en varios momentos del disco. Y claro que una de las veces cuando es muy perfeccionista dice: “¡Ay, no, hay que arreglar esa desafinación y tal!”, pero si lo volvía a grabar por separado, se perdía la emoción del momento.

Entonces, sí, fue riesgoso en ese sentido de estar lo más empastada posible con toda la banda, con todo el ensamble. Pero creo que lo riesgoso no quita lo maravilloso que fue, que al final apela a algo mucho más emotivo e interpretativo como esta obra en general. 

¿Por qué “Viento 1.” y no simplemente “Viento”? ¿Hay implícitamente un ciclo, una continuidad?

El nombre yo lo puse aquí (en Chile decimos ‘por trincada’) porque simplemente me pareció [a] cuando veo en los libros “capítulo 1”, como “1” también me gusta mucho, cómo se ve, la estética de eso.

Y, también, siento que puse ese nombre porque corresponde o responde a un compromiso conmigo misma, que es no soltar este ímpetu de hacer mis canciones, mostrarlas, congregar gente y a un equipo que le confío mi música, e insistir y seguir insistiendo cada vez que se pueda. Entonces ese “1” marca como un puntapié inicial para lo que pueda venir más adelante y, de alguna manera, mi fuerza me obliga a concretar. Entonces, es un compromiso conmigo misma.

¡Claro, claro! Tu música dialoga mucho con lo natural. ¿Qué lugar ocupa el paisaje chileno en tu imaginario sonoro?

Yo creo que bastante. Porque todas mis vacaciones familiares, desde muy pequeña, desde que tengo memoria, son en el sur, son acampando cerca de un río o en un lago o en un bosque. Mi papá trabaja en eso, en conservación muy ambiental.

Entonces, tengo muy arraigado lo que es la protección de la naturaleza y estar rodeada de entornos naturales. Y también mi disco tiene mucho de eso, porque de alguna u otra forma, sin quererlo y sin buscarlo, las ideas que se pueden empezar a desarrollar, a formar en mi casa, en este espacio, en la ciudad, siempre terminan o se finalizan o culminan en este espacio de naturaleza. Mis canciones, ahora que me lo preguntan, que yo lo entiendo un poco más, pero cuando estoy inquieta con alguna idea inconclusa, el sur de este país, de Chile, me ayuda a concretar un poquito y a cerrar la canción.

Entonces, yo creo que tiene mucho. Y es un lugar para mí de contención también, donde se me permite este espacio más creativo. Entonces, yo creo que sí, innegablemente bastante del disco.

Dices que ‘Viento’ es la canción más épica y la más difícil de cantar. ¿Qué la hace tan desafiante vocalmente? ¿Es técnica, emocional o ambas?

Yo creo que fue algo más técnico, porque tiene melodía compleja, hay pocos espacios para la respiración, y si la estoy tocando sola con mi guitarra no hay ningún problema, pero cuando se invita a un ensamble tan grande hay que lograr caer a tiempo, respirar a tiempo, porque hay varias secciones en donde la melodía es doblada junto con otro instrumento. Así que eso fue lo más complejo de esa canción.

Emocionalmente, no. Creo que sí es una canción que me encanta, me fascina cantarla por el desafío,  y también por lo que representa cuando la escribí, pero es más algo técnico; la dificultad, digamos. 

Hay una parte en tu minidocumental que uno de los músicos menciona, que tu música tiene “una patita en Latinoamérica, una en el jazz y otra en lo indie”. ¿Te reconoces en esa definición?

Creo que sí es cierto lo que decía Ignacio —me parece— en ese documental, que hay harto folclor  porque es lo que he escuchado siempre, desde que soy pequeña. También me encanta el jazz, escucho harto jazz instrumental, entonces, creo que innegablemente debe haber algunas referencias.  Y en el índice, todavía no termino de entender mucho cuál es ese género musical, pero creo que la gente ha decidido que soy indie, entonces, bueno, será que soy indie también. 

¿Te interesa que tus shows sean experiencias más performáticas que conciertos tradicionales?

Sí, fue algo que empezó a suceder sin racionalizarlo tanto, pero sí me gusta mucho que a veces haya otros elementos jugando.

Esta búsqueda como del show más performático comenzó porque empecé a observar muy bien otros procesos compositivos, no necesariamente en la música. Mi novio es ceramista, y empecé también a observar cómo y cuánto tiempo toma la elaboración de una pieza en cerámica; también tengo muchos amigos y amigas bailarinas, actores, y creo que cada oficio toma su tiempo, y a veces el espectador no logra observar ese proceso compositivo hasta la obra final.

Entonces, cuando se me ocurrió hacer un show más o menos performático, fue tratando de hacer hincapié a visibilizar estos procesos creativos sin tener necesariamente la obra resuelta. Creo que también eso evoca otras cosas importantes que a veces la música no te está diciendo. Me gusta que sea una experiencia. Creo que también cada gesto o cada performance que acompaña mi concierto también es algo muy propio, muy personal, a pesar de que estén siendo efectuadas por otras personas. Es algo que también me llama mucho la atención, la conversación de los oficios y ponerlos en escena. Así que, sí, siento que es importante, porque también te va diciendo quién es uno.

En el 2025 debutaste internacionalmente en Colombia, en Jazz al Parque y en la Fiesta del Libro de Medellín. ¿Qué cambió en ti después de salir con tu música fuera de Chile?

Cambiaron las ganas de salir más. Siempre digo “que el viento llegue lejos”. Quiero poder conocer muchos países y mucha escena local en los que pueda estar con mi música. Quiero llegar a más audiencia. Siento que para mí es como un gran regalo, tanto para mí como para los músicos que me acompañan, que son mis amigos; poder conocer otros escenarios, otra cultura, otra música, otras personas. Así que mi concentración y toda mi energía y trabajo está en poder recorrer lo que más se pueda con mi música, poder conocer el mundo. 

¿Qué te gustaría que Viento 1. acompañe en la vida de quienes lo escuchan?

No lo he pensado, pero quizás sentirse acompañado, sentirse que no solamente existe una complicidad desde el gusto estético musical, sino también desde la poesía, desde las letras, que sea un espacio de contención.

No lo he pensado también, pero yo creo que lo que me pasa a mí cuando a veces escucho música que me encanta es que encuentro un espacio personal, como más íntimo. Entonces, creo que es muy bonito que eso mismo que me ocurre a mí, y que me hace estar conectada con la música, le pueda ocurrir a otra persona. No pretendo ayudar a nadie, pero si es que eso pasa, mágicamente u orgánicamente, me sentiría muy honrada y muy feliz pudiendo acompañar momentos que me han pasado, que me han escrito, donde la música ha llegado [en] momentos de vulnerabilidad para otros, y creo que eso es muy hermoso porque, a veces, no sé si uno hace una canción queriendo generar eso en el otro, pero también por ahí va la magia de la música.

Si existiera un “Viento 2”, ¿sería una continuación o una ruptura, y por qué? 

Yo creo que una ruptura. Porque me gusta lo que no es estático. Me gusta jugar con sonidos, ahora mismo estoy experimentando con sonidos un poquito más rockeros, tratando de crear un disco que juegue con un formato más híbrido entre lo que fue Viento 1. y lo que es el disco. Entonces, no sé si voy a seguir replicando siempre la misma manera de componer o de acompañar mis canciones, pero sí quisiera mantenerla como una esencia, básicamente.

Esto te puede interesar

Utilizamos cookies para personalizar la experiencia de nuestros lectores.    Más información
Privacidad