Anna García: “Quiero que ‘Princesa Provinciana’ sea un himno de libertad para quienes dejaron su ciudad en busca de un sueño” [ENTREVISTA]

Desde Coahuila hasta la Ciudad de México, Anna García ha convertido su historia personal en canciones que cuestionan los mandatos sociales y celebran la libertad de elegir un camino propio. Con su nuevo álbum “Princesa Provinciana”, la cantante y compositora mexicana abre un capítulo íntimo y poderoso en su carrera.

Anna García ha tomado una decisión que cambió su vida: dejar su ciudad natal, Saltillo (Coahuila), para mudarse a la Ciudad de México y apostar todo por la música. Su historia personal atraviesa sus letras, donde se mezclan la nostalgia del norte del país, la rebeldía frente a las expectativas impuestas y la fuerza de una mujer que busca construir su propio destino.

Nos habla de la creación de Princesa Provinciana, de las batallas internas que ha enfrentado en el camino y de cómo equilibra su autenticidad artística con las demandas de la industria y las redes sociales.

Princesa Provinciana es mi soundtrack personal: un grito de libertad frente a lo que se esperaba de mí y una afirmación de quién quiero ser”, asegura la artista.

Hace un tiempo descubrí tu música con ‘Todos menos yo’, una canción que me pareció muy bonita y con una gran carga emocional. Creo que la encontré en TikTok, aunque no lo recuerdo del todo. Desde entonces me llamó la atención tu manera de conectar a través de la letra, de escribir desde un lugar muy íntimo y emocional.

Ahora regresas con Princesa Provinciana, y siento que este álbum se construye como una especie de carta de ruptura con lo impuesto, pero también como una celebración de tu propia identidad. Quisiera saber: ¿qué significa para ti este proyecto y cómo fue tu proceso de transformación personal y artística durante su creación?

Me siento muy cómoda con Princesa Provinciana porque me identifico al 100%. Es literalmente el soundtrack de este último año de mi vida.

Me mudé a la Ciudad de México en febrero; yo soy de Saltillo, Coahuila, y este disco habla de romper con los estereotipos que suelen existir en ciudades pequeñas. En mi caso, hablo desde la perspectiva del norte del país. Según lo que se espera de mí, ahora debería estar casada, embarazada de mi primer hijo, formando una familia, o trabajando en el sector automotriz, que es lo común allá. Pero decidí usar todos mis ahorros para mudarme a la Ciudad de México y ver qué pasaba.

Ha sido un proceso de “picar piedra”, en el que también estuve escribiendo y grabando las últimas canciones del disco, las voces y todo lo demás. Ha sido una etapa que he disfrutado muchísimo y en la que sigo trabajando con mucha ilusión.

Qué bonito lo que me compartes. Me imagino que también ha sido un proceso difícil para ti llegar a una ciudad como la Ciudad de México, que puede ser caótica y retadora, pero que al mismo tiempo forma parte de tu sueño. ¿Cómo has vivido esa experiencia?

Sí, la verdad ha sido muy difícil. Constantemente estoy reconstruyendo lo que pienso, porque tenía una idea de lo que “estaba bien”. Viví casi toda mi vida en el norte y al llegar a la Ciudad de México me encontré con una realidad completamente distinta. Aquí entendí que no es necesario que la única opción para una mujer sea casarse, embarazarse o limitarse laboralmente; existen otras posibilidades.

Ese contraste es algo con lo que sigo trabajando y a veces batallando, pero también me ha permitido reconstruirme día con día. Es incómodo, sí, pero al final estoy en el lugar donde quiero estar.

Parte de esa incomodidad seguramente también trae cosas muy valiosas para ti. Muchas de tus canciones me parecen relatos íntimos, pero también una forma de rebelión frente a los mandatos sociales que mencionas del norte de México. Durante este proceso de composición, ¿cómo lograste equilibrar lo autobiográfico con esa búsqueda de universalidad? Porque al final uno escribe desde lo personal, pero también quiere que la gente pueda identificarse.

La verdad siento que no logré equilibrarlo, porque mis canciones son muy directas y literales. Yo simplemente pienso algo, le pongo acordes y así nace. Por ejemplo, con la canción ‘Ella no’, crecí en Saltillo, Coahuila, que en ese entonces era una ciudad pequeña y con muchos prejuicios. Había un ambiente en el que todo se criticaba: cómo hablaba la gente, cómo se vestía, qué hacía su familia, dónde estudiaban los hijos.

Yo crecí sintiendo que debía cuidar todo: mi forma de hablar, mi aspecto, mi manera de expresarme y hasta mis ideales. Llegó un punto en el que me cansé. Pensé: “ya tengo demasiadas cosas en qué ocuparme como para preocuparme por el qué dirán”. Y de ahí salió la canción, muy literal, como un desahogo frente a esas críticas constantes que no tenían sentido.

En el disco también percibo una mezcla muy interesante: hay influencias de folk, de country, una estética nostálgica pero con toques contemporáneos. Además, incluyes dos colaboraciones musicales. ¿Qué aprendiste de trabajar con otros artistas en este proyecto?

En el proceso de grabación aprendí que siempre hay más opciones en la producción, y eso me abrió mucho la mente. Con ‘Todos menos yo’, que escribí junto a Abraham Gü, aprendí muchísimo, tanto en la composición como en la producción.

Eso es lo más valioso de las colaboraciones: cuando trabajas con más personas, conoces sus puntos de vista, te enriqueces de sus experiencias y el proceso se vuelve mucho más divertido. La verdad, me encanta.

Trabajar con otras personas siempre inspira cosas nuevas. Y quería mencionar también que, viendo tu trayectoria, desde Volátil hasta ahora, ha tenido un fuerte impacto en redes como TikTok e Instagram, incluso llegando a ser viral en varias ocasiones. Desde afuera esa visibilidad se nota mucho, pero me gustaría saber: ¿cómo ha influido en tu proceso creativo y en la conexión con tu público?

El tema de la viralidad es complicado. Uno tiene que mantener los pies en la tierra, porque de pronto un TikTok puede llegar a un millón de reproducciones y piensas “¡guau, soy Shakira!”, pero no, no lo eres. No todo es un video viral.

La “tiktoktización” de la música sí me ha influido mucho a la hora de componer. Empiezas a pensar en intervalos de segundos: que los primeros cinco tienen que enganchar, que el coro debe durar al menos quince segundos, y que todo esté diseñado para cómo la gente va a usar la canción en redes. Hoy en día los usuarios buscan música para acompañar las historias que ya tienen grabadas en su carrete, y eso te lleva a pensar como un mercadólogo: ¿qué edad tiene mi público?, ¿qué género predomina?, ¿qué temas le interesan?

Entonces surge la presión de adaptar las canciones para que sean “tiktokeables”. Y sí, eso abruma, porque como artista independiente dependes mucho de un pico de viralidad para darte a notar. Es un equilibrio difícil: expresar lo que realmente sientes, pero al mismo tiempo ser comercial en redes para poder conectar con más gente. Es un reto constante con el que me enfrento cada vez que compongo.

Creo que lo que dices es bastante importante, porque lo he visto en varios artistas que se pierden un poco cuando intentan encajar demasiado en este nuevo molde de inmediatez visual y auditiva, donde todo tiene que durar un minuto. Siento que eso no necesariamente permite que la creatividad fluya de manera natural, sino que se vuelve algo más impuesto, y eso puede ser un poco terrible a veces. Pero me alegra que seas consciente de ello, porque se siente más genuino y real.

Tu sencillo ‘Princesa Provinciana’ fue lanzado junto a un videoclip que, en mi percepción, se perfila como un himno de libertad. ¿Qué mensaje esperas que se lleven quienes vean y escuchen ese video?

Creo que este mensaje puede resonar mucho con las personas que tuvieron que dejar una ciudad pequeña para mudarse a una más grande y así poder desarrollarse laboralmente, cumplir un sueño o sacar adelante un proyecto. El mensaje es de empoderamiento: sí, es difícil cambiarse de ciudad, es difícil llegar a un lugar nuevo sin saber qué va a pasar, pero espero que esta canción acompañe a quienes, como yo, un día recordaron por qué dejaron su ciudad natal y a su familia: porque tenían un objetivo, un sueño que cumplir.

Me gustaría que la gente lo vea casi como un himno, una fuerza que les recuerde que estar lejos de casa también tiene un propósito. Y sí, qué bonito, porque creo que muchas veces uno tiene que aprender a soltar y dejar cosas atrás para avanzar hacia nuevas oportunidades, para cumplir sus sueños —como en mi caso, el de ser cantante—, y también para romper un poco con las normas y con lo que nos han enseñado a seguir.

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