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Jero y yo: “Las calles me dicen que tengo que creer más en mí” [ENTREVISTA]
El cantautor colombiano conversa sobre el duelo, la intuición y las calles de Medellín como un espacio de encuentro consigo mismo, mientras prepara el lanzamiento de su álbum debut: “Sobre tus ojos todo el mar”.
Por: Camila Alarcón
Publicado el: 05/05/2026
Jero y yo no habla del amor como algo perfecto, sino como un proceso que se rompe, se transforma y vuelve a empezar. A sus 21 años, el cantautor colombiano nacido en Medellín construye un universo donde el indie pop, el rock suave y pequeños destellos de sonidos latinoamericanos conviven con letras atravesadas por la vulnerabilidad, el duelo y el encuentro con uno mismo. Su más reciente sencillo, “Las calles dicen”, funciona como una ventana a ese mundo: una conversación interna sobre las emociones que permanecen incluso cuando una relación ya terminó.
Firmado recientemente por Universal Music México y con su álbum debut Sobre tus ojos todo el mar en camino, Jero se encuentra en uno de esos momentos decisivos donde todo parece comenzar al mismo tiempo. El disco, construido alrededor del amor en todas sus fases, mezcla intuición y formación académica, algo que el artista ha ido descubriendo mientras estudia música en Medellín y desarrolla una sensibilidad sonora que se alimenta del pop, rock e indie, así como de influencias más inesperadas —como la cumbia— que aparecen casi por accidente durante el proceso creativo.
Pero más allá de la música, hay una idea que atraviesa todo el proyecto: la búsqueda de conexión. Desde el propio nombre “Jero y yo”, donde el “yo” también es el público, hasta la manera íntima en que interpreta sus canciones, el artista entiende la música como un espacio compartido, casi como una conversación emocional entre quien crea y quien escucha. En conversación con Worked Music, el artista colombiano reflexiona sobre las emociones que atraviesan su música y el momento creativo que está viviendo antes del lanzamiento de su primer álbum.
Estamos muy contentos de tenerte en Worked Music. Queremos felicitarte —primero que nada— por el lanzamiento de “Las calles dicen”. Esta canción, a comparación de “Fuimos Nuestros”, muestra una versión más confusa del duelo, entre que uno quiere volver y al mismo tiempo no ve la esperanza o la oportunidad. ¿De algún modo te interesaba mostrar que sanar no siempre es lineal?
Es bonito. De hecho, creo que acabas de sintetizar el disco entero que viene en camino (risas). Es un proceso en espiral y casi cíclico a veces, pero más que cíclico en espiral (como que sigues avanzando, pero es un proceso donde vas adentrándote a tu sanación de a pocos y con formas distintas a la línea).
Y en relación al nombre de la canción, se puede interpretar de muchas formas. Personalmente, antes de escucharla, pensé que iba tal vez por un lado de rumores o de lo que otras personas dicen de una relación, pero al escucharla noté que iba hacia un lugar mucho más íntimo. ¿Cómo nace ese nombre y qué significan para ti las calles dentro de esta historia?
Ah, tremendo. Pues [las calles significan] mucho porque es mi forma de desahogarme. Yo vivo encerrado aquí, en este cuarto, haciendo música y, si no, estoy con mi familia o mi novia y voy andando por la vida, pero la calle la tengo guardada para mi forma de ser y desahogar. Entonces salgo por las calles de mi ciudad (Medellín) y me pierdo en ellas: voy pensando, voy hablando solo, me miran raro, me miran feo, me encuentro amigos, me encuentro desconocidos que terminan siendo muy agradables, [o] desagradables también. Entonces, para mí, las calles representan un encuentro directo conmigo mismo.
Como un diálogo interno. Justo hablando de estas conversaciones, del encuentro contigo mismo, esta canción da una sensación de conversación inconclusa entre fantasmas, entre encuentros de ideas de “quiero volver, [pero] al mismo tiempo no”. ¿Te atrae explorar este tipo de emociones que normalmente no tienen cierre?
Me parece muy loco porque siempre he sido una persona que siente mucho, y sentir me juega a veces en contra (como que tengo que aterrizar mucho la cabeza y preciso hacer canciones porque si no, me chiflo). Entonces, es especial poder encontrar ‘no fin’ a la emoción (porque la emoción no se termina), sino un tipo de distracción y forma de apaciguarla con formas y con conciencias.
Es una forma de procesarlas, también. Hablando de las emociones, este primer álbum viene cargado de un hilo conductor muy bonito y a la vez complejo que es el amor. ¿Qué te gustó más explorar de este aspecto? ¿El momento en que el amor nace, o cuando se transforma durante la relación, o cuando culmina y hay un cierre?
Volviendo a la emoción y a lo que no tiene fin, me gusta mucho ese momento en la mitad: tanto arriba, en las mejores, donde estás bien, donde te sientes vibrando con esa otra persona; como abajo, cuando las cosas ya están temblando mucho, pero no estás ni tirado en el piso ni tirado arriba, entonces, es como raro. Me gustan mucho estos dos polos, explorarlos creativamente lleva mucho y me hace sentir muy vivo.
Sin duda las emociones te hacen sentir presente en el momento. Por otro lado, ya pasando al tema del sonido y de los géneros, previamente —en otras entrevistas— habías mencionado que hay muchos elementos que aparecen de forma intuitiva; por ejemplo, hay arreglos de cumbia u otros sonidos que se cuelan y se sienten bastante en los cinco singles que has sacado. Al momento de componer, como te encuentras estudiando música [en la universidad], ¿confías más en tu oído musical o en tu formación académica?
Pues últimamente trato de mantener un balance entre las dos. Eso es muy loco porque no pueden suceder al mismo tiempo, pero trato de dejar una [parte] para mí y otra para la academia, entonces voy jugando con esas dos formas. Creo que cuando me voy con mi oído [musical], se vuelve todo muy caótico y muy instintivo y eso me gusta, pero la academia —no solamente musical, sino también letrística y conceptual— lleva un camino y una senda mucho más transparente para que otros puedan vivir esa obra que tratas de aterrizar de algún lugar.
Entonces, percibes que ha cambiado tu forma de componer ahora que estás estudiando música…
Sí, total. Yo creo que lo que más ha cambiado ha sido la tranquilidad de tener estructuras para que todo suene a lo mismo o para que algo realmente me haga sentir eso que estoy buscando sentir, entonces es especial. Creo que la academia te ayuda a entrar como a esa matrix y a ver cada patrón muy bien.
Suena interesante cómo puedes conjugar tus conocimientos y tu talento. Vemos que tienes dos colaboraciones y, por ejemplo, con la banda Margarita Siempre Viva lograste un sonido muy orgánico. ¿Qué te enseñó el colaborar con una agrupación frente a trabajar solamente con productores?
Es muy loco porque la canción que hicimos juntos no estaba pensada en un principio para ser una colaboración, pero ya desde el primer momento la había escrito con Adán (el baterista) y Cristian, y Mateo (que hacen parte de las guitarras y las vocales). Entonces, el hecho de meter al Bicho (Daniel Velásquez) y a (Alejandro) Mora (que son el bajista y tecladista) fue como ya [tener] otro cuento muy distinto, como en serio meterle a la canción el gen “Margarita” y que conviva con el gen de “Jero y yo”, que era un sonido que venía estructurando desde hace mucho con la compañía de todos estos maestros. Es un reto que todos se sientan bien (de hecho, creo que es imposible, creo que siempre toca ceder algo, y en esta circunstancia creo que todos cedimos en un punto flexible que nos permitió disfrutar mucho de la canción).
Qué genial que hayan quedado contentos con el resultado, ya que al público le gusta [la canción]. Por otro lado, al momento de componer, si te bloqueas durante la creación de una canción o una melodía, ¿qué te ayuda más a desbloquearte: volver a la técnica o a tu intuición?
Depende. Si estoy bloqueado porque siento que hay un exceso de estructuras, de técnica y de mucha cabeza, trato de apagar todo, y de irme a vivir. Creo que algo que sucede en las calles es que, después de tanto diálogo interno, empiezan a surgir música, melodías, ideas, cosas que no tienen por qué estar bien según los estándares académicos, pero me gustan, entonces, hay cosas que rescato de ahí y que terminan de rescatar la situación. Lo mismo a la inversa: cuando ya estoy demasiado caótico, demasiado loco y todo se fue al carajo, es bonito aterrizar, parar y entender en términos estructurales cómo puede caber la técnica y que no todo quede tan regado.
Y en relación al nombre “Jero y Yo”, has mencionado previamente que hay una idea de incluir al público en este proyecto, como diciendo “sin ustedes, no hay yo”, es Jero con el público. ¿Qué has descubierto tú de este público, de tus seguidores, que te ha cambiado como artista?
Mucho, porque cuando dejas de buscar una postura como artista y buscas más una postura como humano —para que tu obra y tu vida dialoguen con alguien, para que su día mejore o simplemente le hagas compañía— uno aprende demasiadas cosas y va quitando muchas barreras. Creo que lo que más he aprendido es a dejar tanta superstición y ego en mi cabeza, y permitir que el otro me llene a través de lo que tiene por decirme. Sueño con el día en el que ya no sienta esa barrera, sé que está [ahí] hoy por hoy, pero sueño con el día en el que no sea “el público”, sino que simplemente seamos “una sola cosa”. Es bonito cuando se logra: cuando estoy con alguien haciendo música, o alguien [está] conversando con mi música, o alguien llega a mostrarme su música, creo que ahí es donde, a través de estas ideas y de estos hilos, uno va sintiendo una especie de unidad. Esa unidad es lo que voy persiguiendo por temas de satisfacción personal porque es lo que más me llena.
Como la comunidad que se puede formar no solo en espacios de música, sino también en espacios personales. Hablando sobre los futuros planes, escuchamos que ya te encuentras trabajando en el segundo álbum, aunque el primero aún está por salir. ¿Qué consideras que este nuevo capítulo en tu carrera musical te está pidiendo, que tal vez en este primer álbum no lo viste?
Creo que en este primer álbum, por ser el primero y por estar rompiendo mucho hielo, fui muy concreto y muy cómodo [al hacerlo]. En este segundo álbum estoy buscando mucha incomodidad, cosas que me saquen de mí, y tratar de sentarme con personas con las que nunca imaginé compartir ideas y hacer música juntos. De ahí salen organismos súper locos, súper distintos, que justo te sacan del todo, de la comodidad: estoy buscando eso para mi obra.
Y para el Jero que está aquí hoy día sentado con nosotros: ¿qué le dicen las calles?
Las calles me dicen que tengo que creer más en mí. Es como un tema constante y siento que las calles no van a parar de decírmelo, como que siempre va a faltar algo por creer y quiero llegar al punto en donde eso se sienta completo también. Es una persecución y estoy en esas.
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