Dean Wareham: “Nunca se me ocurrió ‘rockear’ en el sentido tradicional” [ENTREVISTA]

En el marco de su debut en Lima, el cantante recorre su trayectoria y la construcción de su identidad musical, mientras se prepara para llevar nuevamente a los escenarios las canciones de Galaxie 500, la banda con la que comenzó su carrera.

Photo: Jason Renaud

La década de los ochenta en Estados Unidos se caracterizó por ser una época en la que aún dominaba el rock excesivo y potente. Sin embargo, un trío de chicos decidieron ir contracorriente e irrumpieron con una propuesta musical de canciones minimalistas, calmadas y construidas pensando en la atmósfera. Galaxies 500, formado por Dean Wareham, vocalista, Naomi Yang, bajista, y Damon Krukowski, baterista, fueron los pioneros de lo que años más tarde se conocería como el dream pop.

Tras la disolución de la banda en 1991, Wareham continuó explorando esa misma sensibilidad desde otros ángulos. Con Luna, agrupación que fundó y que estuvo vigente hasta 2005, mantuvo su esencia melancólica pero con una estética más urbana. Mientras que en el dúo que formó junto a su mujer Britta Phillips, aprovechó el vínculo entre ambos para dotar de mayor intimidad a sus composiciones. Actualmente, en su carrera en solitario, continúa lanzando música de ese estilo, tal como se evidencia en su álbum más reciente:  That’s the Price of Loving Me.

Sin embargo, la vida parece haberlo llevado de vuelta a sus raíces y, en estos momentos, se encuentra recorriendo el mundo con un tour cuyo setlist está compuesto por las canciones de Galaxie 500. Junto con Britta Phillips y Roger Broagm, llegará por primera vez a Lima, Perú este próximo 16 de mayo. En Aforo Barranco, presentará un show íntimo que embarcará al público en un viaje de nostalgia y ensoñación. 

En esta conversación con Worked Music, el músico recorre su historia mediante diversos frentes. Por un lado, revisita las influencias que moldearon su sonido y la importancia de la literatura en su desarrollo como artista. Por el otro, reflexiona sobre la evolución de su proceso creativo y cómo las nuevas generaciones conectan con su música. 

Naciste en Nueva Zelanda, viviste en Australia y creciste en Estados Unidos, por lo que tienes una interesante mezcla de culturas. ¿Crees que eso influyó de alguna manera en tu música o en cómo creas tus canciones?

Tal vez en la forma en que me visto. Musicalmente, bueno, no lo sé. Creo que la mayor parte de la influencia musical ocurre cuando estás en la adolescencia. Yo llegué a Estados Unidos a los 14 años, Nueva York  en 1977, durante la época del punk. Eso fue una gran influencia. Supongo que en los años 80 también tenía cierta noción de la música que venía de Nueva Zelanda, mi país natal, especialmente del indie rock de allí. Pero, principalmente, soy estadounidense.

Sin embargo, pese a que mencionas que el punk fue una gran influencia, el estilo de rock de tus canciones es más calmado y sútil. ¿Qué te motivó a ir por esa línea?

Si pienso en los primeros discos de Galaxie 500, particularmente cuando formamos la banda, el tipo que nos firmó dijo: “Creo que esto funcionará bien en Inglaterra porque tienen algo de sensibilidad inglesa”. Creo que tenía razón, porque en Australia me perdí de muchas cosas. Nunca había escuchado Aerosmith, por ejemplo. Mucho rock americano simplemente no llegaba allí.

Entonces, ¿esa fue la razón por la que se encaminaron hacia un sonido opuesto de lo que se esperaba de una banda de rock durante esos años?

Bueno, supongo que tenía mis propias influencias. Y cuando empecé a hacer música, había bandas que me gustaban mucho. Entre ellas, The Velvets, The Feelies, Big Star, Joy Division. Me inspiraba la gente que tocaba con audacia, con contención, que son, ya sabes, de un estilo más bien tranquilo. Por ejemplo, Jonathan Richman.

Entonces, simplemente nunca se me ocurrió rockear en el sentido tradicional. Como decía Keith Richards: “se llama rock and roll, pero la gente se olvida del roll. A veces solo hacen rock, pese a que el roll es igual de importante”. Es decir, dejarse llevar. 

Y aparte de estas inspiraciones musicales, sueles mencionar que tu tiempo en Harvard también influyó en tu identidad musical. ¿De qué manera lo hizo?

Cuando estaba en Harvard era DJ en la radio universitaria, así que escuché muchas canciones de esa forma. Nunca estudié música formalmente, pero leía libros y creo que si quieres escribir canciones, tienes que leer.

No podía dedicarme todo el tiempo solo a escribir, porque si quieres hacerlo, tienes que pensar en las palabras. Pero, tampoco podía pasarme todo el día tocando la guitarra, lo cual hubiese sido bastante divertido. 

Así que supongo que, aunque no haya leído todos los libros, simplemente haber ido a la universidad, tener una lista de lecturas recomendadas y mi interés por la literatura acabó reflejándose en mis canciones. 

Hablando sobre literatura, tú publicaste un libro, Black Postcards. En él expones de una forma muy honesta quién eres y cómo era la escena indie de los 80. ¿Cómo fue el proceso de escribir tan abiertamente sobre tu vida? ¿Hubo un antes y un después?

Cuando me senté a escribir, imaginaba que lo haría solo para mí. Que simplemente diría la verdad. No toda porque no era una confesión, pero si incluí muchas cosas que quizá me resultaban embarazosas y las puse todo por escrito. La verdad es que no pensé mucho en ello.

Creía que algunas personas lo leerían. Quiero decir, tuve cuidado con lo que dije sobre mi exmujer y con otras cosas, pero, como dice George Orwell, “nadie escribe la verdadera historia de su vida porque sería solo una historia de humillaciones, incluso si tienes éxito”. Y si es así, lo hice, o al menos lo intenté. 

Incluí muchas de esas humillaciones porque, a ver, cuando estás de gira, hay semanas buenas y semanas malas. Ya sabes, hay veces que llegas y hay un montón de gente, y luego hay sitios a los que vas y no hay nadie. Pero esto no era así. Escribir un libro es difícil, hacerlo sobre música aún más. En sí, escribir es como si fuera un idioma diferente. 

Y si pensabas que era tan complicado, ¿por qué te animaste a hacerlo? ¿Quizás sentías que había cosas que no podías poner en canciones? ¿O simplemente fue algo que quisiste en el momento?

Tenía muchas notas. Llevaba un diario. No sé si lo habría escrito si no fuera porque alguien me llamó y me preguntó si había pensado en escribir un libro. Y yo les dije, bueno, puedo enviarles unos capítulos sobre la vida en la carretera mientras estábamos de tour. Así que se los mandé y, a la semana, ya tenía un contrato editorial por el cual me pagaron. 

En esa época todavía se podía ganar dinero escribiendo libros, con la edición y la música. Hoy, probablemente, sea más complicado conseguir que alguien te pagué por ello porque no es fácil vender cosas. Es difícil vender música, libros, periódicos, etc. La gente espera que todo sea gratis.

Pero aunque actualmente sea más complicado, he identificado que la música de Galaxie 500 llega a mucha más gente ahora que cuando salieron al mercado. ¿A qué crees que se deba ello?

Sí, definitivamente. Creo que el streaming ayudó. La banda se separó y durante un tiempo los discos no se conseguían. Así que creo que se creó una especie de leyenda en torno a eso, del tipo: “Oh, no, sus discos están todos descatalogados y el grupo ya no existe”. Quizá eso nos vino bien. Desde entonces, no ha dejado de crecer y es bonito verlo. 

Recuerdo que conocí a Alan Vega, del grupo Suicide. Me encontré con él un par de veces, y me dijo: “Dean, Suicide está más de moda que nunca”. Lo cual me pareció muy divertido.

¿Tal vez las personas se están acercando nuevamente a esta música del pasado por nostalgia?

No creo que sea solo nostalgia. Quiero decir, para algunos quizás sí es nostalgia, pero hay más. Considero que los adolescentes siguen descubriéndola, y eso es lo genial, que las nuevas generaciones la conozcan y sigan llegando a ellos, al menos a algunos.

Ellos pueden pensar: “Oh, hay una sensación de tristeza y enfado en esta música que me atrae”. O, tal vez, la escuchan y piensan: “Vaya, esto es muy fácil de hacer. Yo también podría hacerlo”. 

Sobre eso último que me mencionas, he leído que Galaxie 500 es considerado un pionero de géneros como el dream pop o el slowcore, así como influencia de muchas bandas actuales. ¿Ustedes pensaban dejar un legado o simplemente hacían música sin pensar mucho en ello?

Simplemente hacíamos lo nuestro sin pensar. No sé, cuando eres joven y montas un grupo, tienes muchas opiniones y odias un montón de cosas Entonces, tienes tu propia musa e intereses, así que te ciñes a eso. 

Lo que hacíamos en Boston no nos hacía muy populares. Al principio, tampoco éramos muy buenos músicos. Éramos un poco tímidos y callados, pero luego cuando entramos en el estudio de grabación para la canción Tugboat, el resultado fue increíble. No creo que pudiéramos haber imaginado que fuera posible que saliera tan bien. 

Ahora estoy leyendo un libro sobre la biografía de Elvis Presley y sus primeras sesiones cuando grabó That’s Alright Mama. Él estaba en el estudio trabajando todo el día y los productores dicen: “¿Esto está bien o no?”. Ellos pensaban que no estaba funcionando y él seguía cantando sus baladas. Hasta que, de repente, empieza a cantar That’s Alright Mama y la banda hace algo que vuelve todo mágico. Creo que eso es lo que se sintió cuando nosotros grabamos Tugboat. De un momento a otro y de alguna manera sonó genial gracias al productor.

Sobre el productor, Kramer. ¿Cómo fue reencontrarse con él después de tantos años para volver a trabajar en el disco que lanzaste hace poco, That’s the Price of Loving Me?

Fue extraño. Vino a Los Ángeles y solo se quedó en esta misma habitación donde estoy ahora. Es raro mirar afuera y verlo de nuevo. Para mí es un tipo brillante. Así que creo que trabajar con él es una especie de acto de fe, porque cuando lo haces, él toma el control.

Él dice: “Haz esto. Para. Ahora esto”. Lo cual, en realidad, está bastante bien. Es agradable tener a alguien que te ayude a tomar las decisiones, sino te pasas el rato sentado perdiendo mucho tiempo hablando. En fin, creo que hizo un gran trabajo con este disco.

Aunque también estuviste en otras bandas, como Luna y Dean & Britta, en las que Kramer no fue tu productor, ¿consideras que durante ese tiempo cambió totalmente tu manera de trabajar o mantuvo un proceso similar?

Bueno, en cierto modo sigo tocando la guitarra igual. Para este último álbum canto un poco, y lo hago bastante cerca del micrófono, se podría decir que de forma más íntima que en Galaxy 500, cuando solía situarme más atrás y cantar a viva voz. Así que eso fue diferente. En realidad, cada situación es distinta. 

Con Luna llevamos mucho tiempo juntos. Y a veces, con las bandas, cada disco se demora más y más porque están sentados haciendo preguntas y buscando tres pies al gato. En cambio yo, supongo que, quizá, me mal acostumbré al trabajar con Kramer desde el principio. Por él, estaba acostumbrado a simplemente tocar algo, daba igual si hubiera algún fallo, no pasaba nada, seguiamos adelante. Para ambos, los errores son como oro. Y creo que, de hecho, el productor de Elvis Presley, Sam Phillips, tenía más o menos la misma actitud: quieres que algo esté un poco mal.

Entonces, si bien recientemente sacaste un nuevo álbum y tienes más canciones en tu repertorio con otras agrupaciones, ¿para esta gira decidiste volver al repertorio de Galaxie 500 porque te sentías más cómodo con él? 

Lo que pasó fue que recibí una oferta importante desde Río y Sao Paulo, Brasil. Ellos querían un set de Galaxie 500. Yo no quiero dedicarme toda la vida a ello, para mí es más divertido tocar las nuevas canciones también. Pero, pese a que no me gustaría pasar meses solo tocando lo mismo, hacerlo ocasionalmente está bien.

¿Y cómo está siendo la experiencia con Britta y Roger, los músicos que te acompañan en este tour? ¿Por qué ellos?

Bueno, Britta es mi mujer, así que está involucrada en todo. A ella le gusta mucho cómo tocaba el bajo Naomi y se ha estudiado a fondo sus partes.

Mientras que a Roger lo conocimos a través de Sonic Boom, él tocaba la batería con ellos. Cuando nos mudamos a Los Ángeles, yo me iba de gira y necesitaba un baterista, y justo ahí estaba Roger. Resultó genial porque le encantan las canciones de Galaxy 500 y se le da bastante bien. 

Incluso, probablemente, hemos tocado estas canciones en más conciertos que los propios que hice con Galaxy 500. Así que creo que nos está yendo súper. 

Sin duda. Hasta están yendo a nuevos lugares. Por ejemplo, esta es su primera vez tocando en Perú. ¿Cómo se sienten de por fin traer su música aquí? ¿Era un país ya tenía en su radar desde antes?

No, nunca estuvo en mi radar. Así que me sorprendió gratamente recibir la llamada. Hemos tocado en Brasil, Montevideo y Ciudad de México. Creo que tenemos muchos fans en México, lo cual es bastante cool. De hecho, quiero volver.

Pero recibir una llamada de Perú fue totalmente una sorpresa. Hasta alguien me llamó desde Ecuador diciendo que estábamos muy cerca y que también debíamos ir, pero yo le dije que no era tan así porque tendría  que coger un avión. Así que la gira termina en Lima.

¿Y qué esperas de este concierto? 

No lo sé, exactamente. Solo sé que Lima es una gran ciudad, hay buena comida y que el show se está vendiendo bien, lo cual es buena señal. Pero no tengo ni idea de que tan grande es el venue o sobre los fans. Incluso me gustaría intentar ver algo del país, porque a veces en las giras solo ves hoteles y salas de conciertos. Creo que tengo un total de tres días, así que asegurarme de tener un día de viaje, un día de concierto y un día libre.

Por todo lo que me has contado y tu trayectoría, queda claro que llevas muchísimos años en la industria. Después de tanto tiempo haciendo música, ¿qué ha cambiado y qué sigue igual?

Supongo que lo primero que aprendes en este mundo es que todo cambia y la gente consume música de formas diferentes. En mi caso, mi relación con la música sigue siendo complicada. Me cuesta componer canciones. No sé por qué. Así que solo me esfuerzo más en ello. Pero escribir letras puede ser unas veces solitario y frustrante, y otras algo genial. 

Por eso, para mí, lo que más me divierte sigue siendo entrar al estudio de grabación, tener una canción y pensar: “No sé, creo que esta canción es un poco mala. No es realmente una canción”. Pero que, luego de entrar y que otros la toquen, cambies y piense que eso, en realidad, suena fantástico. A menudo, las aportaciones de otros artistas son las que lo hacen especial y eso se mantiene.

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