Rubio: “Creo que lo único que importa es el presente; suena cliché, pero es lo único que realmente existe” [ENTREVISTA]

Emocionada por su presentación en Ruidosa Fest Nueva York y a punto de embarcarse en una ambiciosa gira por Estados Unidos y Europa, Rubio profundiza sobre la vulnerabilidad de su nuevo formato en vivo, su rebeldía frente a la inmediatez de la industria musical y la inevitable expansión cinematográfica de su universo sonoro.

Credits: rafasalsas

Aunque para muchos su sonido siempre ha estado envuelto en un aura de misterio y electrónica oscura, Rubio —el proyecto solista de la chilena Fran Straube— ha decidido despojarse de las corazas en su era más reciente. Apostando por una vulnerabilidad poética y una instrumentación mucho más orgánica que prescinde del autotune, Fran ha encontrado en la honestidad de sus letras y en la crudeza de su voz una forma más luminosa de conectar con su público. Pero, desde los inicios de su carrera, Straube tenía claro que la experimentación sonora y la sanación personal serían el motor principal para darle vida a este inmersivo universo.  

Rebuscando en sus vivencias más íntimas y dejando de lado la inmediatez que exige la industria actual, la cantautora, productora y baterista fue mutando su propuesta hasta llegar a Espero podamos ver un ovni juntxs (EPV1OJ) , un álbum que la consolida como una de las mentes más vanguardistas de la música alternativa actual. Con guitarras, bajos, baterías reales y ese toque electrónico que la caracteriza, este enfoque artesanal y cinematográfico no solo la llevó a protagonizar una aclamada sesión en el Tiny Desk de NPR, sino que ha impulsado sus proyectos audiovisuales a prestigiosos festivales de cine independiente en Norteamérica, demostrando que su arte necesita tiempo y espacio para ser absorbido. 

Hoy, con una ambiciosa gira internacional en puerta que la llevará desde los escenarios de Ruidosa Fest en Nueva York hasta foros en Europa y su debut en el legendario Austin City Limits, Rubio se prepara para reencontrarse con su público en un dinámico formato a dúo. En conversación con Worked Music, la artista reflexiona sobre la música como una red de conexiones universales, su rebeldía frente a la superficialidad de las redes sociales y el desafiante, pero hermoso, proceso de llevar la intimidad de su nuevo disco a la exigencia del show en vivo.

Recientemente tuviste varias fechas en México. ¿Cómo viviste esta experiencia y qué nos puedes decir de estos recientes shows?

Toqué en Monterrey, en el festival Pa’l Norte, que es gigante. Fue a pleno sol, casi me muero de un ataque de calor, fue muy intenso. También me presenté en Guadalajara y en Querétaro; siempre me reciben muy bien, es muy lindo. Siento que de a poquito se va corriendo la voz con el proyecto, así que estoy contenta. En noviembre tenemos fecha en la Ciudad de México, en el Auditorio BlackBerry. La verdad, no toco mucho acá en México, pero para mí es un poco mi nido, es como mi centro del planeta. Me encanta México, y cuando toco acá lo disfruto muchísimo porque me siento local.

Viajaste a Nueva York para presentarte en el Ruidosa Fest. Al ser un festival enfocado en el empoderamiento de voces femeninas y disidencias, ¿qué valor le das a crear redes de apoyo y hermandad con otras artistas latinas mientras estás de gira internacional?

Es hermoso, la verdad. Ruidosa cumple diez años, y yo toqué en la primera edición, en una charla de Jessica Hopper; fue muy bonito ir con la banda que tenía en ese entonces. Ahora que cumplen una década, regreso con mi proyecto en solitario a Nueva York, una ciudad donde amo tocar. Creo que son instancias necesarias para educar a la gente, para crear consciencia en tus pares y en tu entorno. Como he dicho antes, la única manera en la que podemos cambiar el planeta es cambiándose a uno mismo y educando a tu par, a tu vecino. Estas plataformas ayudan mucho porque generan pensamiento y reflexión.

¿Cuál sería la reflexión de la Fran de hace diez años que ahora ve a esta Fran en solitario, lista para tocar de nuevo en Ruidosa?

¡Uy! No tengo idea de cómo sigo aquí. Me he dedicado a la música toda mi vida y vivo de mi arte; no sé exactamente cómo ha pasado, pero pasó. Agradezco mucho poder vivir de mi creación. Para mí la vida es muy entretenida, aunque también puede ser difícil y frustrante en muchos aspectos, pero estoy muy agradecida. Uno va creciendo, cambiando y perfeccionándose. Siempre siento que hay mucho por aprender; soy un aprendiz de toda la vida. Me veo hace diez años y me doy cuenta de que he aprendido un montón, me he caído, me he levantado y aquí sigo. Creo que lo único que importa es el presente; suena cliché, pero es lo único que realmente existe.

Viendo la recepción que ha tenido tu trabajo en festivales de cine independiente, ¿te interesa involucrarte más en la dirección o en la composición para cine de manera paralela a tu proyecto musical?

Sí. Rubio es un proyecto muy cinematográfico, sincroniza mucho para series y películas, y a mí me fascina hacer música original para imagen. Creo que ese será mi camino cuando me canse de los escenarios. Componer desde lejos, desapegada del «rostro de Fran», lo encuentro muy lindo. Me gusta que los videoclips de Rubio tengan algo que decir, que no sean solamente estéticos; busco que la gente se detenga a observarlos. El cortometraje que hicimos para el disco pasado, Nacimos Llorando, dura 15 minutos. Es un formato anti-TikTok, anti-inmediatez de los cinco segundos. Son videos que exigen tomarse el tiempo. No sé si eso es tan estratégico hoy en día, pero a mí me da lo mismo. Tener un proyecto musical es tener una plataforma para decir algo, y si no es tan inmediato, bueno, le llegará a la gente que le tenga que llegar.

¿Cómo es tu rebeldía como artista ante esta industria de la inmediatez, donde parece que para que una canción brille tiene que hacerse viral en TikTok?

Yo odio TikTok, no tengo cuenta personal; la que existe la maneja el sello. Soy un poco rebelde en ese sentido porque me cuesta mucho lidiar con la industria musical como está configurada hoy. No me siento parte de esa inmediatez ni de esa frivolidad que te exige “lograrlo en tres segundos”. Creo que mi crisis de los 40 me ha hecho entender a dónde pertenezco y, sobre todo, qué no quiero ser. A veces veo compañeros músicos que ahora parecen hosts de televisión en sus redes sociales. Digo, loco, tú haces música, ¿por qué ahora eres el animador de tu propia obra? Me hace ruido y trato de alejarme de eso. Lo importante es ser honesto con tu propia fuente. Quizás no soy el mejor “producto” porque me cuesta mucho venderme o seguir tendencias, pero es lo que es.

¿Cómo fue la experiencia de llevar esa honestidad a tu sesión de Tiny Desk? ¿Cómo lograste los arreglos para que se escuchara exactamente como tú querías ser representada?

Soy súper exigente, y cuando me confirmaron lo del Tiny Desk tuve menos de un mes para prepararlo. Me hubiera encantado hacer cosas distintas si hubiera tenido más tiempo, fue todo muy exprés. Rubio es un proyecto ecléctico, electrónico y con detalles muy raros, así que había que transparentar eso en un formato muy distinto. Al final, se generó una emoción muy bonita en la sesión, que es lo que más me importa: que conmueva. Yo estaba muy feliz tocando. Nunca había cantado a capela en mi vida; siempre canto con muchos efectos, la reverb es mi alma, y ahí tuve que cantar súper crudo. No soy una cantante virtuosa, tengo más un “estilo vocal”, pero pude expresar lo que llevaba adentro y con eso me quedo feliz.

Llevas un formato muy orgánico en el EPVO1J Tour, integrando baterías reales, bajos y guitarras. ¿Qué ha sido lo más retador de adaptar esta nueva instrumentación a la logística de la gira?

Originalmente éramos cuatro, pero viajar con ese formato es muy costoso, así que estamos enfrentando el show en formato dúo. Hay que adaptarse a la realidad, pero me encanta. Me he convertido un poco en mujer orquesta: cambio de instrumentos, toco percusión, guitarra, ukelele. Sigue habiendo mucho juego de ritmos e instrumentación, por lo que el show se mantiene muy orgánico y vivo. Es un lindo desafío.

Vas a tener una seguidilla muy interesante por España, incluyendo el Boga Boga Festibala y foros en Madrid y Barcelona. ¿Qué expectativas tienes de esta inmersión en el circuito español?

Me encanta ir a tocar a Europa, es la segunda vez que vamos. La gira pasada tuvimos varios sold outs, el mensaje de Rubio se va expandiendo poco a poco. Ahora me emociona mucho tocar en festivales allá, como el Donosti o en Tenerife. Creo que hay un largo camino que recorrer en la escena española, que es muy fresca y tiene propuestas de muy buen gusto. Estoy muy entusiasmada.


Después de recorrer tantas ciudades distintas y absorber la energía de diferentes escenarios, ¿cómo crees que esta experiencia cinética y de carretera va a nutrir tus próximos shows?

Me encanta hacer viajes de carretera y hacer música para tocarla en vivo. Estando de gira te das cuenta de que el idioma no es una limitante. Rubio usa tanto efecto vocal que a veces es como escuchar a Cocteau Twins: nadie entendía exactamente la letra, pero todos conectaban. Te das cuenta de que la música son conexiones y vibraciones. Es hermoso ver cómo el mensaje se transmite sin importar en qué país estés; al final, conectas o no conectas, y eso es lo valioso.

A futuro, ¿hay alguna ciudad en la que no te hayas presentado a la que te encantaría llevar tu música?

Me encantaría ir a tocar a Islandia y a Japón. Siempre he admirado a Islandia, me fascina la música y el talento que sale de ahí. Y Japón sería una locura total; creo que a Rubio le podría ir muy bien por allá.

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