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Natalia Doco: “Si tuviera que ponerle una palabra a este disco, diría liberador, una purga liberadora” [ENTREVISTA]
Tras dos presentaciones emotivas en Buenos Aires y Córdoba, Natalia Doco celebra su regreso a los escenarios argentinos, estrena “A la mar” y habla de “Hacha” su próximo disco atravesado por la fuerza, la espiritualidad y la necesidad de cortar con lo que ya no sirve.
Por: Odalis Picazo
Publicado el: 22/12/2025
Después de veinte años viviendo fuera del país, Natalia Doco volvió a cantar en Argentina y la experiencia la dejó suspendida en una emoción difícil de bajar a tierra. Sus shows en Niceto (Buenos Aires) y en Córdoba no solo marcaron un reencuentro largamente esperado con el público local, sino también la confirmación de un vínculo profundo entre sus canciones y una audiencia que las hace propias, las canta y las transforma en ritual.
En ese contexto, la artista estrena “A la mar”, un single cargado de coraje y fe, que funciona como un grito y una invocación al mismo tiempo. La canción llega como un nuevo adelanto de Hacha, su próximo disco, un trabajo que Natalia define desde lo filoso, lo guerrero y lo liberador, donde lo femenino se expresa sin concesiones, con fuego, límites claros y una potencia que corta de cuajo.
¿Cómo fue presentarte de vuelta en Argentina después de tantos años viviendo fuera?
Impresionante, Argentina, muy impresionante. Todavía no bajó; ya volví a mi casa, pero todavía estoy medio como en una nube de todo lo que pasó. Fue muy impresionante.
¿Y tus dos fechas en Buenos Aires y Córdoba, cómo las viviste?
Sí, hice en Buenos Aires, en Niceto y Bela en Córdoba, y fueron muy impactantes, muy emocionantes para mí. Un gran sueño también cumplido, porque me fui muy chica de Argentina a vivir a México y después a Francia y nunca había podido tocar en mi país mi propia música. Fue hermoso volver veinte años después y ver toda esa gente, todo ese amor, y escuchar las canciones cantadas del principio al fin. Es la primera vez que me pasa en mi carrera, así que algo muy… no sé, no tengo palabras. Muy hermoso, un regalo, una recompensa muy linda.
Entre todas esas canciones, en redes se veía cómo el público coreaba “Historia de un amor” ¿Cómo fue vivir esa sensación desde el escenario?
Sí, además esa había salido un día antes. La habíamos sacado con el Negro Dub un día antes. Bueno, es un clásico, ¿no? Pero no me esperaba que en la versión cumbia que yo quería hacer pegara tanto. También había otras. Todavía no tuve tiempo de hacer todos los posts porque pasaron tantas cosas que voy como de a poquito, tratando de integrar primero en lo humano antes de pasar a las redes. Y también hay otras canciones que yo no cantaba y gritaban “Soy sagrada”, un montón de mujeres con las manos levantadas. Fue muy emocionante. La verdad es que cuando vivo cosas así me doy cuenta de que todos los esfuerzos de artista independiente que hago valen muchísimo la pena, mucha la pena.
¿Y al estar cantando para tantas mujeres, tener tanto público femenino y canciones que toman la historia de mujerones y las unen a ti, cómo canalizas esa inmensa energía femenina hacia tu música?
Es muy fuerte, porque mi trabajo es un trabajo muy cargado y muy solitario. Y esos son los momentos en los que dimensiono. Por eso digo que cuando veo esas mujeres, o me hablan, o me escriben mensajes… Por ejemplo, ayer recibí un mensaje de una de las chicas que estuvo en Córdoba, que vino al concierto desde otra provincia; no sé, había manejado doscientos kilómetros, no sé… Y me dijo que ella había ido para tener la fuerza para dejar una relación violenta que tenía, y que cuando salió del concierto tenía la fuerza para hacerlo. Ella vino como ritual, y a mí, cuando me cuentan historias como esas, todo cobra sentido: los obstáculos, los esfuerzos, las veces que siento que lucho y lucho para que el mensaje llegue, para llegar lejos, para que las salas se llenen, para todo lo que hago como independiente desde hace muchos años. No siempre es fácil, porque tengo muchos roles dentro de mi carrera que no tienen que ver con ser cantante o compositora. Todo lo que hay que abarcar para que esto sea posible. En esos momentos, para mí todo vale la pena. Esa chica manejó con la idea de que venir a ver ese concierto y cantar conmigo esas canciones le iba a dar la fuerza para salir de una situación superoscura, y lo hizo. Y así pasan un montón de cosas. También en Córdoba, una chica en un momento me hizo una seña para que bajara. Yo estaba cantando, bajé y me dijo: “Este es mi bebé” -estaba embarazada-.
Me dijo que había tardado un montón en concebirlo y que eso era gracias a mis canciones. Cosas así me pasan, y te las cuento y se me quiebra la voz porque son muy intensas. Poder ser el canal de un mensaje, así es muy fuerte. Porque tampoco es que yo sea esa mujer superpoderosa todos los días, todo el tiempo. Entonces, cuando ellas me cuentan esas cosas, su fuerza se une a la mía y se va formando un engranaje bastante perfecto que permite que estas cosas sucedan.
Justo hablando de esta fuerza y de seguir adelante, hoy estrenas “A la mar”, una canción que habla mucho de todo esto. ¿Cómo sientes que esta canción puede transformar esas experiencias?
Esa canción, cuando la escribí, estaba llena de fuerza y de fe. Hoy, en este momento preciso en el que tengo que publicarla, no me siento exactamente en ese lugar. Por eso digo que no estoy todo el tiempo siendo esa mujer poderosa. Muchas veces esas canciones bajan porque estoy invocando a esa mujer que te da fuerza. Esa canción en particular la escribí en un momento en el que la adversidad me dio una fuerza para decir: “Ah, dicen que no, para mí sí. Voy para adelante y no me importa la tormenta, el viento de frente ni las olas; trago agua y no me importa”. Creo que esa canción tiene esa fuerza, y me da mucho gusto poder ofrecerla porque siento que hay mucha gente que la necesita.
¿Entonces, dirías que “A la mar” es un grito de guerra o una petición de auxilio?
Uy, qué buena pregunta. Las dos. A veces somos las dos cosas a la vez. Estamos necesitando salir de algo, de alguna situación, y el grito de guerra es la misma cosa que el grito de auxilio. A veces el grito de auxilio es hacia esa parte de nuestra alma que nos va a dar la fuerza para presentir ese nuevo ser que vamos a ser una vez que demos el paso que estamos gritando que vamos a dar. Me parece que las canciones que hago reflejan mucho eso: una conexión entre la parte humana, con las dificultades y los privilegios que coexisten, y una parte de nuestra alma que todo lo sabe, que todo lo puede, que sabe que todo está bien, que estamos acompañadas, que estamos protegidas. Mis canciones suelen ser un punto donde ese ser humano y esa alma se alinean. Son momentos de paz o momentos que nos dan la fuerza para decidir lo que hay que decidir, o para sentirnos muy chingonas cuando el mundo también nos lo demuestra afuera. Todo pasa por adentro.
Con estas dos canciones que adelantaste de tu próximo álbum, “Juira, Bicha” y ahora “A la mar”, sientes que en la primera te estás protegiendo y en la segunda hay una liberación. ¿De qué sentías que te estabas protegiendo y de qué te estás liberando ahora?
Estaba re peleando. Tengo un ángel enorme y hermoso. Tengo algunos ángeles muy maravillosos que siento muy presentes, que están conmigo. Sí, me estaba protegiendo. A mí me llega muchísima luz de las mujeres, muchísima. Pero a veces no; a veces hay alguna que se siente intimidada por esa luz, o amenazada, o no le gusta. Creo que en esa canción evocaba esa protección, como de “no me vengan a huelichar”. Como que tengo un ejército enorme atrás mío. Hoy en día, esa canción tiene muchos significados. Ya no me estoy peleando con nadie ni tengo interés en pelearme. Ahora siento que “Juira, Bicha” podría cantármela a mí misma, a mis propios demonios. Cuando hay cosas que me atormentan la mente, escenarios ficticios que se generan cuando estamos asustados o no nos animamos, poder decir: “Juira, vete, fuera”, como un exorcismo de una misma. Al final, todo lo que venimos a vivir acá es de nosotros, contra nosotros, hacia nosotros y para nosotros. Me gusta mucho esa canción para echar a los demonios y volver a mi paz, decir: “Yo estoy cuidada, yo estoy bien, tengo un centro, es generoso, es poderoso”. Todo lo demás, juira, fuera.
En estas nuevas canciones, en “Juira, Bicha”, mencionas a Santa María. ¿En “A la mar” también tiene que ver?
María Magdalena y la Madre María son seres importantes para mí. Son guías, presencias femeninas que amo, que me apoyan, que descubrí a partir de toda mi búsqueda de lo sagrado. En cada disco hay presencias diferentes que me acompañan. En este disco hay presencias más masculinas, o una feminidad más salvaje. El disco se llama Hacha y es más guerrero. Habla de una realidad femenina que no solo es dulce y servicial, sino poderosa y filosa. Es un disco de cortar de cuajo, de poner límites: dientes, colmillos, hachas, cuchillos.
¿Hablando de este disco que viene, qué color y sensación dirías que lo representa?
Uy, colores y sensaciones: hay mucho rojo, fuego y metal filoso, armas que cortan por todos lados. Sí, viene por ahí la mano de este disco. Me encanta la imagen de Kali porque, cuando ves su imagen, nosotros en Latinoamérica —que hemos crecido tan católicos, con esta idea de la mujer ligada al servicio y al sufrimiento— de repente pensás en la posibilidad que tienen otras culturas de que la mujer pueda tener todas sus caras. Ves una imagen de Kali y está parada arriba de muchas cabezas que cortó, todas ensangrentadas; tiene la lengua afuera, una cara de loca. Tiene muchas manos: en una sostiene una cabeza, en otra un machete. Creo que he explorado mucho eso. Cuando una mujer explora su Kali interior, su Lilith interior, se vuelve más verdadera y provoca temor, porque hay mucho poder en esa capacidad de saber destruir cuando hay que destruir y de no ser tan servicial para sostener lo insostenible. Eso es lo que quiero transmitir con este disco. Hemos aprendido a decir siempre que sí, a bajar la cabeza y a complacer, y hay una parte de nosotras que ya no quiere estar parada únicamente en ese lado de la feminidad, sino que quiere estar completa: con su parte sexual, con su parte que delimita, que corta cuando tiene que cortar, que tiene discernimiento para saber cuándo sí y cuándo no, y que no pierde energía diciendo que sí cuando es no.
Con todo esto tan intenso del 2025, ¿qué músicas o artistas te han estado acompañando y, de alguna manera, influyeron en la energía de este nuevo disco?
Creo que he roto mucho escuchando muchas cosas urbanas que nada que ver, pero que de alguna manera siento que me llevaron a cortar con mandatos sociales. Cosas que podrían hasta verse un poco como antifeministas, pero que a mí me ayudaron, me ayudaron de alguna manera a tener más valor, más coraje, a soltarme más en lo que necesitaba. Yo vivir primero, ¿no?
Esta Kali yo necesitaba encarnarla porque la mujer se da cuenta de que cada vez que se traiciona para hacer —y que lo hacemos desde que nacemos nosotras— está perdiendo años de vida. Realmente no nos damos cuenta.
Entonces, bueno, a mí me ayudó un montón. Necesitaba encarnar mi Kali y he escuchado mucho reguetón, mucha cumbia villera, mucho RKT, mucha cosa así de gánster, de mafia. Muchas cosas que nada que ver, que me hicieron bien, la verdad.
Su próximo disco, Hacha, es una obra ya concluida, donde Natalia Doco abraza una feminidad masculina, liberadora y filosa. Como ella misma lo define: “Si tuviera que ponerle una palabra a este disco, diría liberador, una purga liberadora, eso es.”
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