Jaze: “Este va a ser mi show más grande fuera de mi país presentando un disco que quiero mucho” [ENTREVISTA]

El artista peruano vive el momento más grande de su carrera fuera de su país: un sold out en Ciudad de México y presentaciones en Guadalajara, Monterrey y el Tecate Pal Norte, impulsado por el éxito de su tercer álbum “Quizá no es para tanto”.

El crecimiento de Jaze ya no es una promesa: es un hecho. Tras presentarse en festivales como el Estéreo Picnic en Colombia y el Lollapalooza Argentina, ofrecer un concierto inolvidable en la Sala B de Madrid y colgar el cartel de “agotado” en Lima, el artista peruano suma un nuevo hito a su carrera: su primer sold out en México.

¡El 26 de marzo Jaze llegará al Foro Indie Rocks!, de Ciudad de México (icónico espacio cultural de la colonia Roma fundado en 2006 por la revista del mismo nombre para impulsar la escena independiente), con todas las entradas agotadas. Un logro que no solo confirma el alcance de su proyecto fuera del Perú, sino que evidencia la conexión cada vez más fuerte con el público mexicano, uno de los territorios que más ha acompañado el crecimiento de su tercer álbum, Quizá no es para tanto.

El disco, nacido desde la intuición y atravesado por una frase que resume su esencia —“quizás ni lo más bueno ni lo más malo era para tanto, lo esencial siempre está”— marca la etapa más personal del artista. Un trabajo que, según él mismo ha dicho, permite conocerlo en profundidad; un recorrido emocional que da espacio a la tristeza y a la felicidad sin dejar que ninguna lo consuma.

Con apenas tres álbumes (Personalidad 7, TOY LOKAZO y Quizá no es para tanto) Jaze ha construido un catálogo que combina sensibilidad, exploración sonora y una identidad cada vez más definida. Canciones como ‘Pensé en ti’, considerada una de las 50 mejores del 2025 por Spotify, junto a temas como ‘Akel pastel’ o ‘La terminal’, han consolidado una audiencia joven que encuentra en su propuesta una mezcla honesta entre vulnerabilidad y búsqueda artística.

Hoy, lejos de la lógica competitiva de las batallas de freestyle donde comenzó, el escenario se ha transformado en un espacio de encuentro. Y México —con Guadalajara, Monterrey y su participación en Tecate Pal Norte— se convierte en el escenario más grande de su carrera fuera de casa.

Has estado hace poco de gira por el lanzamiento de tu último álbum ¿Cómo te sientes ahora?

Bueno, ahorita específicamente acabo de regresar de Perú. Yo soy de Perú, pero vivo en Argentina. Y, bueno, ha sido —el año pasado— un año muy loco, de muchos movimientos, de muchos cambios para bien, creo yo. El disco salió y empezaron a pasar muchas cosas alrededor de eso. Me pone muy feliz porque fue un disco en el que trabajé mucho, más estancado en un lugar, alrededor de las canciones. Y el año pasado salieron las canciones y salí yo también a presentarlas, a cantarlas. Y, nada, este año más o menos que continuamos en esa línea. Vamos a seguir presentando el disco, que nos quedaron varios lugares para presentarlo. Y, bueno, México de hecho era el país que más pendiente tenía, que es un país que le ha dado mucho cariño al disco. Y, bueno, ahora vamos a hacer el indie, [ya] que nos movimos de sala, pasamos a la sala grande por primera vez. Así que una emoción muy grande.

Hablando sobre eso, ni bien habías colocado el tema de las entradas, pues se agotó súper rápido y tuvieron que hacer la ampliación de sala. ¿Qué tal la impresión cuando viste que el show se agotó? 

Bueno, ya es la tercera vez que voy a Ciudad de México a presentar un disco. Es mi tercer disco y pude presentar los dos anteriores también. La primera vez que toqué fue —dos veces— en la misma sala. La primera vez, fue mi primer show fuera de mi país, y me acuerdo que fue muy emocionante porque poder salir de mi país y que haya gente que me venga a ver, fue increíble. Obvio, fueron unos cuantos, como fue un show chico, íntimo. Y después volví en el 2024 con Toy Lokazo y ya pudimos llenar esa sala que ahora se agotó. O sea, ahora se agotó esa sala rápido y hemos pasado a la nueva. Ha sido un crecimiento. Cada vez que he ido, la familia ha ido creciendo. He podido ir por festivales también, y sentí el cariño del público de México que realmente me abrazó mucho desde que fui. Y cada vez siento que me va queriendo un poco más y que van apareciendo también nuevas caras en el público. Así que, bueno, ahora este va a ser mi show más grande fuera de mi país, que yo di hasta ahora —propio— presentando este disco que quiero mucho. Así que estoy muy emocionado porque pienso, como te digo, en los dos shows que di antes y en cómo va creciendo el proyecto de México. Quién sabe, capaz la próxima vez que vaya, dónde voy a tocar, dónde voy a presentar lo próximo que haga. Me emociona mucho todo este proceso y el camino me emociona también. 

Sí, eso es lo bonito, el cariño del público que te recibe cuando estás fuera. Has pasado de escenarios de batalla donde todo era adrenalina, a escenarios donde ahora la gente conecta con tus emociones. ¿En qué momento sentiste ese cambio interno?

Bueno, sí, es muy diferente tocar en vivo tus canciones que subirte a improvisar, sobre todo a improvisar en una batalla. En una batalla, es verdad que, por un lado, está la adrenalina y la intranquilidad de que tal vez no te brote una rima y ahí eres tú con toda la gente, y todo el mundo se dio cuenta. Es más fácil que la gente se dé cuenta de un error en el freestyle, que de un error en una banda (que se equivoca un músico), a menos que sea algo muy notorio. Pasa más desapercibido porque en el freestyle es como que eres tú y nada más. Pero yo personalmente siento que yo me sentía más tranquilo cuando improvisaba, no en el mal sentido. En ambas cosas o ambas facetas las disfruto. Ya no compito hace muchos años, pero recuerdo que me subía muy ligero, sentía que no me tenía que preocupar de nada porque ni siquiera me tenía que acordar de ninguna letra, solo tenía que subirme a improvisar, que ya era algo que para mí era muy natural. En cambio, tocar en vivo a mí siempre me genera una ansiedad bonita, pero es como que “está una lista de temas” y “cosas que tengo que tocar”. Es como un show que sí tiene momentos que se ensayan. En el freestyle es todo lo contrario, no se ensaya nada, te subes y rapeas, es muy diferente la sensación. Me gusta, me es muy significativo y gratificante ver al público cantando algo que yo escribí y ver a la gente emocionada con eso, y que compartimos algo. Creo que es lo que más me gusta de tocar en vivo. No pasa lo mismo con el freestyle, porque en el freestyle la gente no sabe lo que estás diciendo, ni tú lo sabes. Es como que nace en el momento, pero no hay forma de que la gente cante contigo.

Pero sí pasa que una rima tuva puede calar y la gente la celebra, y es emocionante; es como meter un gol, que el freestyle… Tocar en vivo no tiene mucho eso. Entonces cada uno tiene su encanto. Creo que me quedo con los conciertos, pero, bueno, es emocionante también competir.

Ahora, con el último disco que has sacado, ¿qué tan riesgoso fue para ti mostrarte abiertamente? Porque has mencionado en una oportunidad que si alguien quiere conocerte de verdad, tiene que escuchar este álbum completo. ¿Te dio miedo exponerte tanto?

Buena pregunta. Tal vez yo no lo pensé tanto como un riesgo. Es verdad que cuando yo hago música y escribo, no pienso mucho en el resultado, sino, es más como que voy haciendo la letra, y la música —y la canción— habla por sí sola. Y también escribo lo que siento, o lo que siento que la canción quiere decir, le busco ahí la letra. Siento que este es un disco que no solamente a partir de las letras me puedes conocer, sino a partir de la música, de las decisiones, de las melodías, que siento que son melodías que me representan, que van de la mano con mi impronta y con lo que escuché toda mi vida. Y de paso [va] integrando como la frescura del freestyle y del rapeo, que ya, aunque haga una canción, que va más con la esencia de la canción, que fue lo que escuché yo más de toda mi vida, igual hay algo del freestyle que se mete porque ya está en mi forma natural de hablar, de cantar, como que ya escucho un instrumental y sé que puedo o rapear o cantar o hacer algo entre las dos. Eso es lo lindo que creo que el freestyle me dio, que yo no lo tenía, porque había escuchado siempre música de una manera, y el freestyle como que siento que hizo un mix —ahí— especial. Entonces, sí, más que un riesgo, no me da mucho miedo mostrarme vulnerable si es que me siento vulnerable, trato de ser transparente con lo que siento y de paso hacer canciones que remarquen o que puedan encapsular bien un sentimiento o una sensación. 

Claro, y se nota la bonita vibra que transmites. Ahora, después de Ciudad de México, vas también para Guadalajara y luego para el Tecate Pal Norte. ¿Cómo armas tu setlist? ¿Va de acuerdo a la energía del público o piensas más en lo que tú quieres decir?

Muy buena pregunta también. Yo, cuando era Chibolo —perdóname porque me parece algo muy interesante—, iba a conciertos; muchas veces no entendía por qué cuando la gente gritaba un tema, no lo tocaban (o algo así). O como, si [a] la gente le gusta tanto este tema, ¿cómo no lo tocan? Y después, nada, yo arranqué a hacer mi música. En su momento yo tocaba todas mis canciones porque no tenía muchas, pero ahora que ya tengo, no te podría decir ‘muchas’, pero ya tengo una buena cantidad. No toco todas, de hecho. Elijo bien cuáles, primero porque —después– con el tiempo me di cuenta de que es mejor, que un show no está bueno que quede corto, ni tampoco que quede largo, pero prefiero que quede corto a que quede largo. Que un show te deje con ganas de más, es mejor a que, ya cuando cantes temas estás cansado y te quieras ir, o que ya te desconectes. Como que está bueno que dure una cantidad específica. Entonces, yo normalmente me baso primero en lo que siento con respecto a las canciones, porque por ahí, una canción que me encantaba tocar, de pronto ya no tengo ganas, o ya no me representa tanto y después en el futuro la escucho y digo: “no, tengo ganas de volverla a tocar”. Normalmente yo, ahora, por ejemplo, estoy presentando “Quizá no es para tanto”. Entonces, ese disco lo toco entero de todas maneras, todas las canciones de ese disco, y después veo —de las otras canciones— cuáles creo que pueden sumarle al show. Más que necesariamente pensar en cuáles son las más escuchadas en tal lugar, o las más escuchadas, o las que más me gusten. Ver, OK, estas acá, sí o sí tienen que ir de este disco, porque realmente a la gente les gusta mucho, no puedo no tocarlas. Pero, de ahí, hay canciones que, por ahí, a la gente le gustan o a mí también, pero en el show siento que no encuentran su lugar. Es así como armo el show en realidad, ¿no? Como si presento un disco, el disco, y de ahí ver dónde ubico según los momentos; quiero hacer un momento más calmado. Entonces [me digo]: “acá estas canciones”, y de paso meto ‘Pinta no má’, por ejemplo, que es una de mis primeras canciones que tranqui puede entrar en un segmento, por decirte. Y así, esa es la manera que tengo, y para el Pal Norte depende del tiempo que me dan, si me dan 30 minutos, veo según el tiempo y, así, como que también eso es muy importante. Y —según— por ahí de qué formato de banda estoy usando, porque, por ahí, a veces viajas con una cantidad de músicos y a veces tienes menos músicos por distintas decisiones, entonces, también según eso escoges las canciones.

Mirando tus tres discos (Personalidad 7, TOY LOKAZO y Quizá no es para tanto) las colaboraciones han sido cada vez más diversas. ¿Sientes que ahora estás en una etapa más abierta a trabajar con otros?

O sea, sí, sin duda, ahora sí; de primera, sí. Creo que la manera como lo interprete, sí, porque cuando arranqué a hacer música, digo, como a plantear música para mi proyecto y todo, solía trabajar bastante todo solo; sentía como que, si yo hacía todo, al menos de la parte creativa —tipo—, desde hacer la canción (obviamente música, la letra, la armonía, el ritmo, también hacer los arreglos), decidir qué toca exactamente cada músico. Me metía muy en ‘eso’, porque sentía que era la manera de que se refleje mi idea al 100%. Tenía esa forma de pensar, que ahora la puedo entender, pero ya no me guío de esa manera al hacer música. Como que, en ese momento, siento que era una cuestión también por ahí de ego, o de querer demostrar algo 100% genuino, pensando en que los temas eran como míos, entonces tenían que ser ‘mientras más míos posible, mejor’. Cuando en realidad ya no pienso así, pienso que la música es lo más importante, y si yo solo puedo llegar a encontrar una canción genial, pero si tengo a alguien con quien conecto que me ayude a llegar a eso, mejor todavía. Incluso está bueno, disfruto mucho ahora del trabajo en equipo, que antes, por ahí, lo que me pasaba era que sentía que si lo hacía en equipo iba a parecer, o por ahí, [que] ya no iba a ser tan propio, como que yo no lo podía hacer solo, y yo sentía que sí, pero no va por ahí.

También era más chico y tenía otras cosas que me movían, pero disfruto mucho ahora de componer en equipo y de colaborar, siempre y cuando se dé de manera orgánica y conecte, me encanta. 

Para cerrar. Si mañana todo se detuviera —sin giras, sin escenarios—, ¿quién es Jaze sin el escenario?

Uy, bueno, si se detienen las giras y el movimiento, pero no la música, porque una cosa es que me digas que me quitas la música, ahí sí la verdad que no sé mucho bien qué yo podría hacer. Hay cosas que me gustan, me encanta el fútbol, veo bastante fútbol y me encanta jugar, me encanta surfear. La verdad que, cuando estoy en Lima (que yo ahora vivo, como te digo, en Buenos Aires), cuando estoy en Lima, surfeo todos los días, debe ser posible. Entonces mi vida gira bastante en torno a eso, pero la música es lo más presente en mi vida desde que soy niño. Si yo no pudiera seguir en el escenario, me gustaría trabajar desde abajo, sacar mi música igual y si no pudiera sacar música, hacer música igual, producir música para otros. Básicamente eso, y bueno, sobre todo estar tranquilo, estar en paz con mi familia, estar tranquilo, que es lo que más me atrae. 

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