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  • Album: “Secret Love” de Dry Cleaning [RESEÑA]

Dry Cleaning, la banda inglesa de post-punk, vuelve este 2026 de la mano del famoso sello 4AD para presentar su tercer álbum “Secret love”. Luego de un periodo de 4 años, la banda recientemente (en estos meses) fue liberando algunos singles que han llamado bastante la atención. En este nuevo material se evidencia el foco particular que se le da al spoken word, algo que ya se veía en un trabajo anterior, junto a sonidos que expanden bastante sus propios recursos combinándolo y jugando con el art punk, jangle pop y el indie, y que de lejos logra ser el resultado más sólido e innovador del proyecto.

El álbum apertura con “Hit my head all day”, desde el inicio hay cierto sabor que se desprende del uso de bongos, sintetizadores, una voz apacible abducida por la tecnología y las guitarras distorsionadas que rompen esa monotonía para volver más abrasivas las palabras. Desde el principio el influjo del spoken word deslumbra y toma forma fantasmagórica por momentos, una aparición que va resonando a lo largo de toda la canción. Aunque es una extensa presentación, logra sentirse bastante ligera por el abanico de elementos que juegan y van turnándose para aparecer. Existe cierto gusto al post-punk propio de talking heads de antaño con mucho groove y de esta manera logra abrir un espacio en la memoria y el tiempo. El juego de los sintetizadores y la caja de ritmo es casi una pasarela para el coro “Hit my head all day/ In different places”. Introducción hipnótica que irá esparciéndose a lo largo del resto de canciones.

Llegado al siguiente tema “Cruise ship designer” la parte descriptiva de las vocales se ve amplificada con ayuda del coro, mientras el juego de guitarras se balancea entre hipnotizante y misterioso, así crea una atmósfera bastante placentera que rememora a lo mejor del post-punk. Tema fugaz a la vez que atrapante. En “My soul half pint” se continúa esta idea gracias al riff con un particular brillo extraño, mientras que de la voz no dejan de brotar oraciones de descontento y desapego “I don’t give a fuck” a medida que transcurre. No se puede decir que este tema sea largo, pero por momentos pierde fuerza a pesar de su atractivo riff; sin embargo, es una canción con mucho movimiento. 

Ya en el centro del disco aparece el tema homónimo “Secret Love (Concealed in a drawing of a boy)” donde hay un encuentro con sonidos oníricos, etéreos y psicodélicos que acompañan y potencian la voz. El cambio rotundo llegado al coro genera una sensación de elevación y flote, en este apartado se siente ese sutil, pero importante juego de contrastes y emociones en el momento adecuado. Los sintetizadores van construyendo la escalera por donde toda la canción asciende hasta llegar a su clímax, crear esas capas y tonos que se fusionan hacen de este uno de los mejores temas del disco. 

Con “Let me grow and you’ll see the fruit” uno siente que se está metiendo en la mente de alguien, es decir, una introspección, pero a la vez se siente como un comentario hacia el momento, una apelación a la espera y el transcurso de las cosas. El uso del spoken word y la vocalista son protagonistas aquí, mientras una guitarra acústica y la batería comienzan a girar y crear un ambiente cotidiano. Incluso el adherido de instrumentos como sintetizadores causa cierta nostalgia propia de bandas como Stereolab; además, declaraciones como “I dearly want to make Friends/ I yearn for a friend who I can tell my secrets to/ Why does the past hurt me so?” crean una pesadez y le dan profundidad a todos los momentos que aparentan ser un confesionario o un diario en voz alta.

“Evil evil idiot” es otro de esos momentos importantes del disco donde la atmósfera se torna agresiva y oscura por completo por los riffs salidos del infierno que van rasgando parte de la estabilidad que va creando llegando al coro; es destrucción y reconstrucción, una mutilación y un renacer constante. Es gratificante como con tan pocos elementos logra crear una tensión agobiante e hipnótica, mientras la voz seductora propaga un discurso destructivo que se va entremezclando con el ruido y los vacíos. En “Rocks” también se toma parte de ese ruidismo, con una base bastante sólida y simple, aunque se siente algo floja para lo corta que es, pudo haber tenido una mejor proyección a comparación de las otras para volverla más efectiva.

“The cute things”, quizá el tema con más brillo, acompañado de una guitarra bastante fresca con mucha elocuencia (muy cercano al jangle pop por momentos), con un tono más simpático y no tan sombrío. Hay cierta sensación de vaguedad onírica que se adhiere a los sonidos, también una distorsión a la medida que no resulta ni demasiado saturada, pero tampoco mero adorno, posiblemente de los temas más disfrutables con una letra que pide enfocarse en esos pequeños detalles agradables de las cosas.

“Joy” se encarga de cerrar el disco, marcando un regreso al post-punk y art punk enérgico combinado con rock alternativo. Tema de mucho movimiento, así como de cierto histrionismo y una ruptura que recuerda a temas clásicos de la velvet underground, dura apenas un momento, lo que la vuelve fugaz, pero bastante entrañable.

Apreciación:

No es un disco completamente sólido, aún así, en todos sus apartados busca encadenar gran parte de sus ideas; y en ciertos momentos logra dar con lo que quieren expresar: una atmósfera personal. El disco recoge mucha de la influencia y del sentido post-punk de bandas como Talking Heads, The fall, y también toma parte del art rock de velvet underground en la experimentación y el juego descuidado de ritmos que resulta atractivamente hipnotizaste. Es un disco muy elocuente debido al spoken word a lo largo del álbum, no obstante, no se agota y resulta además interesante que sea tan conversacional con su oyente, ya que apela directamente a buscar un diálogo imposible en el que uno puede sentirse inmerso, a pesar de todo. Muchos de los momentos más trascendentes son cuando logran generar ese espacio único e íntimo donde el espectador está casi presenciando los hechos, pero —también— cuando se rompe lo planificado para ir más allá del espacio entre oyente y espectador es donde el álbum puede desatar su potencial. 

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