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  • Álbum: “GYALGEBRA” de Major Lazer [RESEÑA]

Después de celebrar el 15.º aniversario de su álbum debut, Guns Don’t Kill People… Lazers Do, con una edición especial el año pasado, Major Lazer da un giro inesperado: por primera vez en más de una década incorporan una vocalista, America Foster. Un gesto que no solo refresca la fórmula, sino que abre una nueva etapa para el proyecto.

Y tal vez GYALGEBRA se siente así, como si Major Lazer hubiera mirado lo recorrido, para recordar de dónde viene su impulso más honesto. Revisitar el proceso de su álbum debut debió de ser ese impulso para realizar lo que es una genuina declaración de Major Lazer, mostrando -una vez más- la capacidad de fusionar géneros muy distintos, o quizás también es un guiño a su propio recorrido en la música electrónica y urbana. En GANSTA, con la voz de Busy Signal, Major Lazer regresa a sus raíces: un beat de dancehall jamaiquino que recuerda a los días en que Bumaye los catapultó al escenario global. Es una oda a los inicios, pero con una energía renovada

Lo realmente fascinante de este nuevo álbum, sin embargo, es cómo el funk carioca –un género que ha ido ganando reconocimiento mundial– toma un lugar central en este trabajo musical; y cómo se conecta con otros exponentes de este sonido, que curiosamente también han colaborado con Diplo y Major Lazer en su momento (Pabllo Vittar, Anitta, Ludmilla). No es la primera vez que Diplo se siente atraído por la experimentación y por traer el funk carioca a sus proyectos. De hecho, su historia con este género va más allá del presente. En el vasto universo de internet, aún sobreviven los míticos DJ mixes de 2003, Favela On Blast y Favela Strikes Back, compilados llenos de puro funk brasileño, que Diplo preparó en aquel entonces. En GYALGEBRA, GOAT es una clara celebración de este estilo: un carnaval de sonidos, de ritmos frenéticos y upbeats que invitan a la fiesta.

Pero tal vez el tema que más sorprende sea MINI SKIRT, uno de los contrastes más marcados del disco. Con una base cercana al dubstep y un guiño al metal, el track encarna la apuesta por seguir desafiando los límites de Major Lazer (¿y, es que acaso los tiene?), esta vez con baterías y guitarras eléctricas que irrumpen con naturalidad. Y lo hacen con una elegancia que no se empeña en demostrar nada, solo en sentir.

Quizá ahí se esconde el mensaje más hondo del álbum: que incluso después de quince años, Major Lazer sigue buscando reinventarse. Y en esa búsqueda descubre que la música —como todo viaje largo— siempre te invita a mirar atrás antes de volver a avanzar.

Apreciación:

Major Lazer regresa a sus raíces en GYALGEBRA, con dancehall y moombahton en su forma más pura. El álbum también incorpora el funk carioca, una energía que parece haber estado siempre presente.

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