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Francisca Valenzuela: “En Latinoamérica nos encanta la mujer sacrificada, postergada, invisibilizada, porque eso es ‘convertirte en madre’” [ENTREVISTA]
Con el lanzamiento de su séptimo álbum “MALDITA”, la chilena Francisca Valenzuela regresa luego de dos años y una hija, con la claridad de que este es un proyecto distinto.
Foto: Francisco Finat
Publicado el: 10/06/2026
Casi veinte años de carrera, seis álbumes de estudio lanzados y un potente activismo feminista no alcanzan a definir a la cantante y compositora chilena Francisca Valenzuela.
Su trayectoria y reconocimientos la han posicionado como una de las grandes artistas del pop de su país, por su trabajo musical, sí, pero además por Ruidosa Fest, el primer festival latino de mujeres en la música, nacido en 2017, y que ha evolucionado a ser una plataforma en la que, además, se investiga y estudia la maquinaria de los festivales a nivel mundial en materia de desigualdad de género.
“MALDITA” es el álbum que lanzará el próximo 30 de julio. Desde Worked Music tuvimos la oportunidad de escucharlo, y en conversación con la artista, profundizar y analizar aspectos clave de este nuevo sonido y de la temática que decidió abordar: la maternidad.
¿Cómo te sientes con el álbum que creaste, con el cuerpo de canciones y con el resultado?
Me siento emocionada, me siento orgullosa y me siento energizada.
Fue una cosa totalmente nueva y especial poder crear, primero, en posparto. Fue un cambio tan grande el tener una hija, que el poder dedicarme a hacer música y ver qué pasaba ahí fue increíble como proceso. Y el hecho de que haya un resultado de eso, y que ese resultado -encuentro que- cuenta una historia, que tiene temáticas que me parecen importantes, que me siento identificada y siento que me ayudó a entender lo que pasa y lo que me ha pasado, me hace sentir súper orgullosa.
Como que digo “qué suerte poder explorar temáticas que me resuenan y hacen sentido con mi vivir, que me ayudan y además pueden ser, ojalá, un aporte o un catalizador de conversación o de visibilidad a ciertos temas”. Entonces me siento motivada, me siento curiosa por sacarlo, entusiasmada y me siento también un poquito nerviosa, porque siempre pasa eso también con el lanzamiento.
En la entrevista que diste para El Estado del Arte, comentabas que “Bugambilia” es el primer single porque es la canción que declara el mensaje y el tono de este álbum. ¿Por qué “MALDITA” es maldita, o sea, por qué el álbum tiene este tono?
Siento que retrata un momento de sentirse tan mal, tan agobiada, tan incomprendida, que creo que se encuentra con ese arquetipo de estar con una maldición. Como que hay algo más allá de ti que te está poseyendo, que te está llevando a la oscuridad. Tiene que ver con retratar ese momento.
Ahora, hay canciones como “Bugambilia” que son mucho más específicas y explícitas respecto al tema de la maternidad, pero creo que todo el álbum tiene que ver con explorar esa oscuridad y con entender, aceptar, validar, visibilizar y reivindicar esa oscuridad también. Como decir “ok, hay ira, rabia, momentos donde uno se siente un desastre, histeria”, estas cosas que muchas veces se nos dicen. “No lo hables, no lo muestres, trágatelo”. Hay una reivindicación de eso también. Por eso se llama “MALDITA”, además de que me gustaba la idea de la maldición, porque encuentro que el disco dialoga con esta cosa de “la condena” y la idea de ser incomprendida, que también tiene que ver con la herencia de mujeres incomprendidas, de brujas, mujeres poderosas y fuertes que han visibilizado cosas que han sido subversivas o controversiales. Y creo que la maternidad, o temáticas femeninas que me conmueven en general, dialogan con eso, con visibilizar eso.
¿Y cómo lograste hacer la traducción de todas estas emociones, sensaciones y
todo este conocimiento al sonido particular que tiene “MALDITA”?
Qué buena pregunta… La parte musical partió con la claridad mía de que había un elemento de terror. En estas canciones y en este relato por primera vez siento que exploro no solamente una ansiedad, que lo he tocado en otras ocasiones, sino el terror, el miedo, la angustia, la urgencia. Entonces empecé a buscar referencias sónicas de terror y, llegué a Wendy Carlos y a muchas compositoras de películas de terror. Y dije, “¿cómo hago un soundtrack para esto que tiene que ver con la violencia, traer el terror sónicamente; esta cosa más bruta, urgente, más chillona, desordenada, errática?”. Y en el fondo cuando supe que quería traer eso dije “voy a construir con el piano y esos elementos del terror”, y esos elementos muchas veces tienen que ver con cuerdas, con elementos más doctos, con voces, con intervenciones distintas. Y luego también quería combinar esta cosa más brutal, desordenada y cruda con algo más pulido. Entonces armé estas bases como de piano desordenado, que son literalmente tocadas así todas de una, combinadas con un octeto de cuerdas súper refinado, súper trabajado, que trajera como el elemento no solamente cinematográfico o de terror, pero que también elevara la canción a un espacio más artístico, poético, más envolvente, un poquito fuera de sí, más allá de lo que uno vive en la cotidianidad. Algo un poquito más grande.
Es algo que nace de una pulsión y una urgencia que es personal, que tiene que ver con un sentir, pero también hay todo un mundo de decisiones que tomas, que son súper pensadas respecto de lo que quieres lograr, pero al final del día ¿cómo quieres que se sienta la gente cuando escuche este disco?
Esa observación es muy cierta, y creo que en la medida que el disco más sale al mundo, más claridad, tranquilidad y capacidad particular tengo al respecto, porque cuando partió todo esto no era así de claro, era un vómito emocional y una cosa casi vergonzosa. Y fui dándole forma y ahora se convirtió en un artefacto, en una obra.
Entonces, en verdad creo que mi sueño sería que estas canciones ofrezcan un refugio, un espejo, una compañía para esas mujeres o personas que sienten esa oscuridad o esa sensación de ser incomprendidas, estar inadecuadas, o que lo que están pensando está mal. Esa sensación de urgencia y angustia quise que existiera en las canciones, obviamente vestirlas, pulirlas, darles forma, pero que esa pulsión honesta e imperfecta estuviera ahí, como la foto de ese momento. Quisiera que este disco ofreciera esa compañía y pusiera luz en esas temáticas o sensaciones que muchas veces están escondidas en uno y no sabemos qué hacer con ellas.
Siento que ese elemento de terror y desesperación está muy presente. Por ejemplo me pasó con “EXTRACCIÓN” que la encontré brillante…
¡Muchas gracias!
… supuse que logra el objetivo que me imagino que tenías de transmitir esa desesperación, ese espiral de pensamientos rumiantes de forma increíble. Y ahí me pasó eso que pasa a veces con ciertas películas, que sales del cine y piensas “¡me encantó!… No la vería de nuevo”, por cómo me hizo sentir. Me quedé con eso en este álbum también.
Sí, es una gran observación la que estás haciendo, porque también ahora me doy cuenta, luego de crear esto, que tengo que entender, como artista y creadora, que este disco no tiene que ver con el éxito en el sentido de “cantemos esta canción mil veces”, no está hecho para eso. Tiene que ver más bien con una historia y como una creación que cataliza una conversación cultural, que participa en una conversación. También es la primera vez que me toca hacer un álbum donde tengo tanta claridad de que tiene ese objetivo, y ojalá pueda perseverar como álbum y generar un impacto, pero también es el estar tranquila con que, por la temática que trata y la manera en que lo trata, no va a ser quizás el trend viral con el baile, ¿cachai? (risas). Pero de pronto sí tiene que ver con poder crear una obra que tiene un valor discursivo, emocional, artístico, y que comunique y visibilice realidades, como lo que tú dices de “EXTRACCIÓN”.
¿Crees que este es tu disco más “controversial” a la fecha?
No sé, vamos a ver. Podría ser, en el sentido de que la temática puede ser controversial inherentemente. No me pasa tanto, pero me doy cuenta que, de vez en cuando, hay personas que dicen como, “oye, estas cosas no se hablan”, “¿cómo tan malagradecida por ser mamá?”, y es como que no cacharon nada la onda, pero filo (risas). También puede ser porque, al igual que cuando lancé “Muérdete La Lengua” (2008) o “Buen Soldado” (2011), también mucha gente me decía “qué alegona” o “qué reclamona”. Como que hoy en día siento que está mucho más reivindicado ese discurso de las mujeres desde la rabia y de estar descontentas. Pero siento que hasta muy recientemente era invalidado, y quizá lo sigue siendo.
Siento que yo solamente escribo y compongo desde esta necesidad, desde este impulso. Y muchas veces es tan simple como decir “recuérdame como la de malgenio”, hace veinte años atrás casi, y fue como, “¡ay, qué vergüenza que digas eso, qué histérica, ¿qué te hicieron?”. Y me da risa porque pienso que de alguna manera este disco de ahora podría generar o ha generado esa misma reacción en muy poquitas personas, pero podría ser también. “¿Qué te pasó que escribes así? ¿Por qué decides elegir fijarte en eso?”, pero filo.
Pero sí siento, en todo caso, que el tema de la ira femenina siempre ha sido súper relevante. Desde que descubrí a Alanis Morissette a los 8 años, a Nina Simone, y a Rizzo de “Grease”. ¡Todas las enojonas me encantaban! Y cuando empecé a componer y a tocar estas canciones, que yo tampoco consideraría subversivamente rabiosas, sino más descriptivas de otro lugar, sí me encontré con mucho pushback. Y me encanta ver que por lo menos en algunos espacios, conversando contigo y con otras mujeres, que están en posiciones relevantes, visibles, que entienden el rollo. Ya no me siento juzgada o incomprendida en ese aspecto. Siento que tengo y estamos construyendo una comunidad que vibra y entiende lo que estoy proponiendo, y dialogamos y construimos juntos. Y está bien, no es para todos.
Algo que me gustó mucho del álbum es que, si bien gira en torno al proceso de convertirse en madre, no se centra solo en “las minucias” o en lo pragmático del ser madre, sino que igualmente hay otros temas que te siguen rondando y que siguen siendo importantes, porque no dejas de ser mujer también. ¿Crees que es necesario hacer el recordatorio de que las madres son mujeres?
¡Cien por ciento! Especialmente en Latinoamérica nos encanta la mujer sacrificada, postergada, invisibilizada, porque eso es “convertirte en madre”. Y la madre es así, a todo terreno, sacrificada al máximo, y es madre únicamente, la mujer queda desplazada.
Uno lo ve en todos los planos. O sea, en este disco, por ejemplo, en “SOY TU FAN” había toda otra parte de la canción que era un monólogo histérico, hiper erótico, que al final lo saqué por un tema de que no estaba muy logrado… Pero el punto es que era súper importante también decir que el deseo está presente en las mujeres que son o quieren ser madres. El perseverar como una mujer a través de la maternidad. O por ejemplo, en “NO TE ABURRAS DE MÍ” el sentimiento es “tengo una pareja que me ve destruida”, “pero yo te necesito, y te deseo, y tengo que aceptar que me quieran aunque te toque la peor versión de mí”.
Obviamente, siento que gran parte de la reconstrucción y el resignificar la maternidad, en mi caso, ha sido justamente decir, existo más allá de la maternidad y puedo diseñar mi manera de ser mamá y de ser mujer; y lo digo con conciencia de los privilegios que puedo tener: de que elegí mi maternidad, de que tengo la estructura para poder continuar haciendo lo mío… O sea, eso habla de un privilegio absoluto, pero lo que quiero decir es que creo que lo que tú dices es totalmente cierto, y creo que estoy muy motivada de ver hoy en día cómo la maternidad está cobrando más dimensiones y que no hay solamente un tipo de maternidad.
¿Cómo lo pasaste emocionalmente haciendo este álbum?
Haciendo el disco lo pasé bacán en realidad. Fue profundo, fue súper conmovedor, lloré bastante igual en algunos momentos, y estaba como atorada. Pero también hubo algo en la paradoja de la falta de tiempo, la falta de sueño, la falta de parafernalia, que permitió sacarlo adelante con una velocidad y una honestidad que fue súper refrescante y seductora, como adictiva casi.
Estaba Francisco (Victoria), trabajamos acá en el estudio. Todos los días avanzábamos un poco en una canción, y yo empecé a entender lo que quería hacer y avanzamos, avanzamos, avanzamos, y lo hicimos así, entre pañales, siestas, biberones, qué sé yo. Algunos días podía estar dedicada, otros días no. Algunos días eran dos horas, otros días eran doce horas. Y éramos nosotros nomás con nuestros instrumentos.
Entonces fue un álbum que me hizo reconectar mucho también con el romance de crear, crear música, crear canciones y sentirme casi como quinceañera, cuando armaba maquetas con urgencia, sin pensar tanto en el resultado. De hecho, ahora que está saliendo al mundo, estoy así como, “ah, verdad que el disco lo hice y está saliendo”. Y fue súper lindo en realidad. Y le agradezco mucho también a todo mi familia y al profesional de apoyo, con mi hija, y a Francisco, de que tuvimos la posibilidad de hacer un disco así. Fue muy especial.
Resonó mucho conmigo una pregunta que haces en “DEBERÍA TOMAR MÁS AGUA” que es “¿elegí mi decisión?”. Siento que esa pregunta tiene que ver con cómo las sociedades nos moldean, con la duda cuando uno tiene un deseo y pensar “¿realmente deseo esto o es que la sociedad caló tan bien en mí que creo que deseo esto?”
Total. Yo creo que la decisión a todas nos viene de diferentes maneras. Yo nunca pensé necesariamente que iba a ser mamá, sino que fue también una cosa de contexto, de la persona correcta, del momento. Me hizo sentido. Y el “¿elegí mi decisión?” es muy loco, porque cuando estaba escribiendo ese texto, estábamos a las dos de la mañana con Francisco acá, yo estaba escribiendo todas las preguntas en una hoja de cuaderno, así como loca. Y escribí todo y puse ¿elegí mi decisión? como tres veces subrayado, y Francisco me dijo, “tienes que decirlo así, igual”. Porque esto va más allá del tema de la maternidad, es una mujer de cara a la inseguridad de la presión social, que pueda reivindicar sus decisiones, sean cuales sean.
Y en mi caso, creo que era apaciguar mi preocupación de ser mala mamá o de no querer haber sido mamá, de enfrentar ese diálogo interno, y que, afortunadamente, ahora he pasado de un posparto que fue muy rudo a atravesar un momento en que estoy sintiéndome distinto. Hay un puerperio que tiene un proceso, estoy entendiendo eso, estoy enamorándome de mi familia, de ser mamá. Estoy gozando más, entendiendo más. Puedo decir eso con tranquilidad, pero en un minuto también me pregunté, ¿qué pasa si elegí mi decisión y elegí mal? Y eso uno lo puede pensar sobre varias cosas: sobre su pareja, su carrera, el país en que vive, en donde puso la plata, qué se yo.
Y también tiene que ver con los derechos reproductivos. Siempre he apoyado al aborto y ahora, más que nunca. Una maternidad no elegida, no deseada, especialmente si es una persona, una mujer, que está sola, sin una red de apoyo que pueda acompañarla… No se puede hacer sola, no se puede no más. Nunca, no se puede.
Sobre esto que dices de que no se trata solamente de esta decisión en particular, sino de todas las decisiones que una como mujer toma en la vida, pienso en lo mucho que esa sola pregunta puede resonar en las mujeres que lo escuchen. ¿Cómo te sientes respecto de esos pensamientos que se pueden desatar, quizás, en las personas que te escuchen?
No lo había pensado así.
No me deja de impresionar la generosidad de las personas, y de las mujeres, de decir como “esto me llegó, me pasó lo mismo, gracias”. Hay algo en eso que se siente tan mágico, que a veces no lo pienso mucho porque me emociona tanto que me supera, ¿cachai?
Yo creo que, va a sonar un poco como místico quizá, no quiero sonar como hippie-dippie, pero soy bien creyente del arte, del relato y la conexión humana a través de la expresión. Es como una religión para mí. Busco en las canciones, en la poesía, en las conversaciones, esa compañía, ese sentido y esa conexión que me permite existir y sentir que pertenezco. Como que en la privacidad de mi mente yo puedo escribir algo, sale a un papel y en la privacidad de mi mente estoy conectando con otra mente al final, que lo escucha en sus audífonos. Hay algo muy especial ahí, y lo valoro y lo respeto mucho. Lo disfruto, no me lo tomo con severidad, pero sí lo tomo con el peso que merece que alguien después me diga “esto me identificó” o “esto me cambió la vida”.
Es lo que más uno podría pedir, y qué suerte cuando, además, se alinean la posibilidad de la creatividad y mi pasión por la creatividad con explorar las cosas que uno vive. Eso es súper especial.
Decidiste crear un álbum sobre el proceso de ser madre por una urgencia personal, sí, pero ¿responde también al ambiente político, a esta ola de nuevo conservadurismo entre las personas jóvenes sobre todo?
Es muy interesante que lo preguntes así. No sé si en mi realidad puntual, podría decirte “sí, la contingencia externa política influyó en esta experiencia”, porque creo que lo que sucede emocionalmente, psicológicamente, en un posparto es político, porque tiene que ver con las estructuras de apoyo y la precarización de la maternidad. Entonces, sí es político, pero la contingencia puntual, en el sentido de las oleadas conservadoras y todo eso, creo que en mi cotidianidad no lo estaba pensando así.
Sin embargo, mi respuesta es que sí es político, porque en el fondo tiene que ver con la necesidad de implementar sistemas de apoyo, y eso tiene que ver con lo colectivo, lo público, con las políticas públicas, con la invisibilidad de una realidad y de una precarización, como es el cuidado de la familia. Y mientras más conservador se ponga, peor probablemente va a ser para las mujeres, no solamente en sus derechos y dignidad reproductiva, y el acceso a las cosas, sino también en sus libertades.
Y sobre esto mismo, estas cosas más “macro”, como son la política, nacional y global, los avances de ciertos movimientos, etc., ¿te preocupan de una forma diferente ahora que eres madre?
Sí. O sea, siempre me preocuparon, como ciudadana y como mujer del mundo, cien por ciento. Yo creo que lo que me preocupa desde la maternidad son dos cosas, que son más exacerbadas ahora. Lo primero es que yo trato de ser muy consciente y empática, pero diría que hoy el tema de la maternidad activó en mí una sensación de urgencia y de admiración hacia las mujeres, que es que no pueden ser las condiciones que existen. No puede ser que no hay ley de salas cuna. No puede ser que no haya apoyo para las mujeres y las cuidadoras. No puede ser que los cuidados no sean compartidos. No puede ser que no haya incentivos. No puede ser que las isapres (sistema privado de salud chileno) cobren como cobran. No puede ser que la cobertura de salud funcione así…
Lo que quiero decir es que creo que se me generó mayor alerta, mayor claridad. Me da vergüenza decir que antes yo lo veía quizá de manera más general. Ejemplo, antes yo no me fijaba en las plazas y ahora me fijo en las plazas todo el tiempo: cómo son las plazas, quién está ahí, los adultos mayores, los niños, las guaguas, cuán cerca están de la calle, cuán limpias están, cuán seguras, cuán iluminadas; esos espacios son cruciales y antes no me fijaba tanto. Diría que la maternidad me generó una mayor apertura y conciencia de eso a nivel estructural y colectivo.
La disonancia personal que siento con la maternidad sí es lo de “¿cómo elijo traer a alguien a un mundo que está incendiándose?” Eso sí me pasa. Ahora, también tengo la humildad humana para darme cuenta de que no se trata de mí, ni de mi pareja, ni de mi guagua. Al final, el mundo sigue y será como será. Uno podrá aportar con su grano de arena, y crear un ecosistema y una realidad que ojalá sean un aporte… Y disfrutar la vida también, vivir para uno misma. Pero sí, como que a veces siento, esto es una cosa muy tonta, pero estoy, por ejemplo, en la ducha, mirándome el pelo, y pienso que habrá un momento en que se nos corte el agua a todos y sea como “¿te acuerdas cuando nos duchábamos largamente?”. Tengo puros pensamientos así (risas). O voy por una calle linda, con árboles y pienso que habrá un día que esto sea… Tipo “Interstellar”, como que esté todo naranjo y seco, como super fatalista y cinematográfica. Sin embargo, pienso en esas cosas y digo, pucha, ¿habrá una guerra por el agua cuando mi hija tenga cuarenta? No sé. Pero no sé si eso es razón suficiente para no hacerlo, en mi caso, para no tenerla, para no vivir esta experiencia, para no elegirlo. Para no elegir mi decisión.
Es que claro, las mujeres pensamos, pensamos, pensamos y pensamos en un montón de cosas intentando hacernos responsables de todo, hasta del destino del planeta…
¡Y qué ridículo! (risas). Estoy de acuerdo, pero es verdad que uno lo piensa absolutamente desde un lugar de coherencia, de ser consecuente, pero al mismo tiempo también hay algo muy honesto y rebelde en elegir el amor, la ternura, la comunidad. No lo digo de manera hippie, lo digo desde el goce también, es decir, si tengo esta posibilidad, si la vida se ofrece así también, ¿por qué no vivirla?
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