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  • Álbum: “Nothing’s About to Happen to Me” de Mitski [RESEÑA]

Mitski, la misteriosa artista, como ya nos tiene habituados a través de ese silencio creativo, ha sorprendido y entusiasmado a más de uno con el anuncio de su octavo álbum “Nothing’s About to Happen to Me”. Su más que reconocida y prolífica carrera musical llama la atención, no solo por su sello característico dentro del indie rock fusionado con ese peculiar chamber pop y americana que en trabajos anteriores (como en “The Land Is Inhospitable and So Are We”) había perfeccionado y dominado, sino también por su incesante búsqueda de nuevas sonoridades sensibles y emotivas con las que logra acentuar al indie folk y slacker rock dentro de su nostálgico abanico. Estas causan cierta reminiscencia y fascinación por artistas como Elliott Smith, Pavement o Beth Gibbons en su propuesta. 

La simpleza minimalista y sensible del disco echa raíces con “In a lake”, el cual —con tan solo una simple guitarra y la voz dulce de Mitski— puede colorear una atmósfera amigable, cálida, pero sobre todo íntima. Existe mucha de la inspiración del folk y americana. Las tonalidades y colores suaves que transmite es una de las caras visibles que tiene el disco porque poco a poco va transformándose, a medida que el acordeón ingresa, en una ópera adoptando sonidos del pop barroco donde alcanza su clímax con el añadido orquestal del órgano, violines, trompeta, chelo y platillos. La imaginería que intenta bordar esta letra es la de una búsqueda del momento introspectivo, al sentirse atrapada en un “pueblo pequeño” en el que todos la conocen y forman parte de su mismo espacio reducido, siente esa mirada que pesa y juzga, y que poco a poco se transforma en auto desprecio e inseguridad; sin embargo, el lago se plantea como lugar ideal en el que ella se encuentra a sí misma y sirve como espacio de introspección propio de uno mismo, alejada del ruido de los demás al puro estilo del “Beatus ille” en donde el pasado, el presente y el futuro se juntan. Esta figura de la casa pequeña puede incluso referirse a las redes sociales donde todos estamos ocupados y somos capaces de ver al otro, todos conocemos que consume el otro y es muy fácil juzgar errores ajenos todo el tiempo. Una forma interesante de plantear esa sensación de exposición constante y la necesidad de un espacio personal alejado de eso.

Where’s My Phone?”, al propio estilo del rock alternativo, vuelca no solo su sonido a algo más enérgico a comparación del anterior, pero manteniendo una temática similar a la que se plantea al principio: esa necesidad constante de buscar un inhibidor (y uno de los más comunes es el teléfono); a lo largo de toda la canción vemos estos pequeños cortes o cambios que se van acrecentando, el ruido empieza a ser menos digerible —justamente— a medida que los pensamientos que llegan se hacen más intensos y alcanza un clímax de saturación donde ya no hay un lugar de escape; “I’ll stay out until my mind is like a clear glass” resume este pensamiento. Una forma musical ingeniosa de representar esa ansiedad de época donde nadie soporta los silencios cotidianos ni las pausas. Seguido, “Cats” regresa otra vez a la calma del folk y pop barroco. Las voces bajas, la batería en un tempo pequeño, pero efectivo, logra acrecentar el sonido de los vientos como las trompetas y el fliscorno, junto a ese piano tímido de fondo logran enternecer y atrapar, mientras que la letra habla sobre el amor y la dependencia, pero también de la búsqueda de la libertad. Sentimientos contradictorios que se juntan en toda relación y compañía. 

“If I Leave” retoma desde otro ángulo la narrativa anterior, pero llevado desde un rock alternativo intenso, explosivo, ruidoso; empieza muy bajo con apenas una guitarra y una batería mientras que va creciendo poco a poco hasta estallar. Esta es una canción esencial para el disco porque logra mezclar sentimientos contradictorios y plasmarlo en su melodía que funciona como un reloj en cuenta regresiva. Mientras la letra ahonda en la dependencia emocional ahogada de la protagonista, poco a poco se van revelando las razones detrás de esta máscara en la que la música va iluminando a la fuerza esas esquinas oscuras: “If I leave, somebody else will find you”. Un tema que expresa sentimientos complejos y agrios de la mano de una instrumentalización poderosa y ruidosa, este llega a ser de lo más destacado del álbum. “Dead Women” mantiene la delicadeza y la dramatización orquestal del pop barroco donde la voz juega con los violines y cuerdas en las que se logra esa profundidad confesional vista en discos como el de Beth Gibbons los cuales tienen una cadencia teatral y colorida.

La segunda parte del disco es característica en su atmósfera calmada, pero todo eso se detiene cuando se llega a “I’ll Change for You”, ese ritmo danzable y lento propio de la bossa nova y el jazz es sumamente hipnotizante; además, la voz de Mitski une y vuelve todo sofisticado e intenso. La estética y delicadeza gracias a las cuerdas del violín, el piano y el ritmo de la batería cambia por completo la tonalidad y los colores del ambiente. Una rareza dentro de la propuesta del disco, pero que es sumamente destacable y hermoso. Sigue “Rules”, que se siente como un pop barroco salido de “Sgt. Pepper”, con una melodía y juego de vientos que alegran e irradian mucha positividad, pareciera que luego de toda la sesión trágica el disco entrara a una nueva sección de visiones más felices, alejándose de la tormenta e inclinándose más hacia el lado de la nostalgia. Lo mismo pasa con “Charon’s Obol” el cual tiene cierto sonido fusionado del folk y góspel, el añadido del coro grupal que acompaña le da fuerza al tema; además, la instrumental de violines es magnífica para mantener esa constancia de viaje en la canción. Simple, pero bello durante todo momento. No escatima en tiempos, ya que si bien es el tema más extenso, realmente no se percibe así. Es increíble la constancia y cómo engaña al oyente para mantenerse siempre en vilo con los pasajes melódicos y la voz apasionada, que por momentos sufre y por otros es jovial. 

El álbum finaliza con “Lightning” y, fuera de lo que uno esperaría, vuelve a abrazar esos sonidos del rock alternativo, pop barroco y dreampop recobrando gran parte de esa fuerza teatral e intensidad para terminar de cerrar los cabos sueltos. Un riff de guitarra lento y expansivo, una voz sombría y apagada que a medida que se acerca a su clímax crece y explota junto a lo instrumental. Final que toma por sorpresa y demuestra esa genialidad de Mitski, de mezclar lo delicado y áspero en sus canciones. Muchas sensaciones agridulces que de alguna manera logran plasmar este disco qué, en apenas 35 minutos, logra despertar sensaciones variadas y contradictorias. Los recursos, el estilo orquestal y folk que ha establecido en la dinámica del disco le ha valido para terminar de dibujar todas las formas que quiere plasmar en su música, y que la sigue manteniendo como un referente importante e influyente.

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