The Waris: “A veces uno no agradece la riqueza que tiene, no me refiero a la riqueza económica, sino a la libertad, al control creativo, y se siente pobre sin darse cuenta de todo lo que posee” [ENTREVISTA]

Una conversación con The Waris sobre pasión a distintos géneros musicales, las contradicciones y la fuerza que impulsan a una banda a crear desde la independencia y la memoria.

Abrirse camino en la escena local de los países latinoamericanos es un reto sumamente complejo. No obstante, existe una pasión interna, una esperanza acogedora que late con fuerza y empuja a continuar con el gran sueño de hacer música en medio de todos los obstáculos que puedan surgir. The Waris, una banda cuya música nace de la tierra de Ayacucho, Perú, y conformada por André Zevallos (voz, guitarra), Álvaro Ochoa (bajo), Gonzalo Ochoa (batería) y Diego Mujica (teclados), ha ido construyendo su propio espacio dentro del panorama musical peruano, llevando el rock más allá de la nostalgia y convirtiéndolo en un vehículo de memoria, reflexión y cambio. Su independencia no sólo define su método de trabajo, sino también su identidad: grabar con recursos limitados, producir sus propios conciertos y mantener viva una escena que busca crecer desde lo colectivo.

En una historia marcada por las heridas del terrorismo y los silencios impuestos, The Waris amplía su mirada hacia toda Latinoamérica, reconociendo en las dictaduras, protestas y ciclos de corrupción una memoria compartida. Inspirados por los movimientos artísticos de los años sesenta y setenta, el grupo utiliza la música como un espacio de diálogo político y emocional, sin miedo a experimentar con distintos géneros si eso les permite hablar de lo que realmente importa.

En tiempos de violencia y miedo a sentir, The Waris apuesta por expresarse desde la empatía y la memoria. Ahora, después de su álbum de larga duración La cosecha de las malas siembras (2023), de un álbum que recopila sesiones en vivo titulado Acceso Restringido (2025), y después de mudarse a Lima, la banda se está preparando para la entrega de un nuevo EP del cual el sencillo titulado “Amor” surge como un gesto para reivindicar al amor como una fuerza capaz transformar a quienes se atreven a sentirlo. 

Han sacado sencillos, EP’s, un álbum de larga duración titulado La cosecha de las malas siembras, que me parece un título genial, y hace poco sacaron un álbum llamado Acceso restringido, que recopila varias sesiones en vivo. Ahora regresan con un nuevo EP y van a lanzar su sencillo “Amor”, un disco que combinará varios géneros desde el blues, influencias de bandas de los sesenta e incluso city pop japonés. ¿Qué representa para ustedes sacar un nuevo EP en este momento? 

André: Lo que estamos intentando abordar principalmente es homenajear, de cierta forma, la música con la que hemos crecido y la que nos ha inspirado, sobre todo a los Beatles y a los Rolling Stones, con quienes arrancamos en la música. Y eso es lo que queremos hacer ahora, sobre todo aprovechar lo que tenemos fresco para contar historias a través de las letras. Esas bandas nos han inspirado todo el tiempo con la guitarra, en sus vídeos, en todos los conciertos que hemos podido disfrutar. Si nos han llamado la atención es por el tema que solían utilizar tanto los Stones como los Beatles y otras bandas en los sesenta: el amor, reflexionar sobre ello, lo que les preocupaba a la gente en ese entonces. Revisionarlo desde el punto de vista de ahora, desde nuestra perspectiva y nuestro contexto, puede ser muy rico para nuestra música.

Álvaro: Y además de rendirles homenaje, también es una muestra de lo que hemos vivido ahora que nos hemos mudado a la capital. Creo que estamos mucho más abiertos a demostrarnos cómo somos nosotros. Este nuevo EP tiene canciones que ya habíamos compuesto hace tiempo, pero queremos soltar un mejor trabajo, porque cuando componíamos estas canciones hace un par de años atrás, la inexperiencia o quizás algunas ideas cerradas que teníamos como “no hay que componer en otro género”, “hay que hacer primero un álbum y después sacamos sencillos” o ese tipo de pensamientos, nos hacía entrar en discusiones entre nosotros y los demás. Ahora estamos mucho más abiertos como equipo. Podemos mostrar más de nosotros en estas canciones y, como dice André, también refleja todo lo que hemos estado escuchando en este tiempo: toda la música de los Beatles, toda la música de las bandas japonesas, toda la música rock europea. Todo eso se podrá ver en este EP. 

Es una cuestión de reinterpretar y crear su propia identidad como banda y, sobre todo, como banda peruana.

¿Qué bandas japonesas han escuchado para la composición del álbum? Me llamó la atención cuando lo mencionaste.  

Álvaro: Yo soy bien fanático. Recuerdo que empecé a escuchar bandas japonesas hace un par de años atrás cuando se puso de moda el Vaporwave. Eso habrá sido 2011-2012 creo, y ahí empecé a escuchar más música japonesa como tal. La primera banda que recuerdo que me abrió todo ese camino fue una banda de rock & roll que se llama Carol (キャロル), es mi banda favorita. A partir de esa banda fue que yo dije: “sí o sí tengo que tocar el bajo”. Si bien Paul McCartney fue mi estándar con Carol (キャロル) fue pensar “algún día quiero llegar así. Así me gustaría tocar”. Además, esa parte analógica de poder conectar los instrumentos y grabar en una sola toma es algo que también lo hemos intentado hacer con el álbum anterior de Acceso Restringido.

Yo siento que como banda nos hemos abierto a esa parte que tanto nos llama la atención de otras agrupaciones como The Who, todos esos shows que se grababan de una primera toma, entonces nosotros también queremos prepararnos más para poder ejecutar una idea así y que todo salga  perfecto en una toma. 

Otras bandas que me encantan son Sadistic Mika Band, Lamp, también artistas pop como Hiromi Iwasaki, Seiko Matsuda, de esas idols antiguas, y hay una tecladista que últimamente estoy bien pegado con ella que se llama Himiko Kikuchi. Me encanta su música, la armonía que tiene es sorprendente, y hay una banda que siento que se pega mucho a nosotros que se llama Happy End, con Haruomi Hosono y Shigeru Suzuki, Definitivamente amo mucho el city pop. Lamp es mi banda favorita actual

Y se nota tu  emoción al hablar sobre todas estas bandas y artistas.  

En este sencillo “Amor”, se toca el tema del miedo a sentir, el miedo a amar, pero también en este EP van a tener temas sociales para crear conciencia. ¿Qué los motivó a explorar estos dos temas en esta nueva entrega? 

André: Creo que nosotros, sobre todo como peruanos, y teniendo en cuenta la situación crítica que está pasando actualmente y en general en Latinoamérica,  es importante que como músicos reflexionemos porque no somos ajenos a lo que está pasando. La música puede ser una forma de inducir a las masas; estamos presentes en conciertos y en plataformas que llegan a un público masivo, y podemos aprovecharlo. Si bien no somos la solución en sí misma, sí podemos ser un medio para que mucha gente se congregue y llegue a plantear soluciones. Podemos ayudar a formar movimientos, como ha ocurrido históricamente: la música y el arte siempre han sido vehículos para generar transformaciones sociales. Siempre hemos intentado hacerlo. En nuestro disco La Cosecha… buscábamos precisamente eso; fue un álbum conceptual que trataba provocar ese tipo de reflexión. Ahora, al retomarlo, también pensamos en cómo, en los años 60 y 70, en plena guerra de Vietnam y en la era de la psicodelia, la música fue una herramienta poderosa de cuestionamiento y cambio.

Creemos que hoy podemos aprovechar ese mismo espíritu, replicarlo en nuestro contexto y llegar a conclusiones o reflexiones profundas sobre lo que estamos viviendo. 

Sí, creo que el concepto también es completamente adecuado para lo que tienen en mente. Y en este contexto latinoamericano, ser músico no solamente significa ir y tocar en los shows, sino que también significa ser productor, gestor, diseñador. ¿Qué han aprendido de ustedes en este proceso de cumplir múltiples roles en la banda? 

Álvaro: Creo que nos hemos dado cuenta que de alguna u otra forma, más allá de lo musical, también podemos ser creativos en otros aspectos. Yo muy tarde me di cuenta que debía haber estudiado otra carrera, no sé, algo de comunicaciones porque me percaté que ahí había una pasión igual de grande que la música, y si nunca hubiese llegado a subir a un escenario y a gestionar nuestro propio proyecto, nunca me hubiese dado cuenta que: uno, me gustan las cámaras, y dos, que me gusta editar detrás de las cámaras y dirigir, crear historias, todo ese tipo de situaciones que puedes componer solo con una foto y mensajes que puedes transmitir. Entonces, nos hemos dado cuenta que teníamos otras habilidades que nunca hubiésemos imaginado porque la necesidad nos ha obligado a que nosotros mismos dirijamos nuestros videoclips, dirijamos el concepto de las imágenes y todo el diseño gráfico.

André: Si bien no es lo ideal, es algo que nos ha retroalimentado nuestras habilidades. Yo nunca me había esforzado tanto a nivel gráfico como con la banda, porque ahorita soy capaz de hacer ciertas cosas que nunca pensé hacer. Siempre veía los flyers, los álbumes y las portadas icónicas que hay, pero nunca pensé que yo iba a tener que hacerlas. También es rico porque sé cómo se hace y es un proceso que retroalimenta a nivel de creación. Deja entrever que somos una industria precaria, al menos en Perú, que es completamente difícil poder hacer estas cosas de manera articulada, que es lo que debería hacerse. Pero, bien que mal, creo que nos hemos desempeñado en la banda cada uno con un rol distinto: Álvaro se encarga de toda la parte audiovisual, las ediciones completamente difíciles, en verdad, para mí es complicadísimo. Yo me encargo de la parte de diseño gráfico, Gonzalo también le apoya a Álvaro, Diego Mújica se encarga de toda la parte de producción musical, la parte de ingeniería.

Sí nos ha traído conflictos porque se trata de dobletear ciertas funciones y es complicado, pero retroalimenta nuestro proceso como profesionales y como artistas.

Desde esta parte de ser un diseñador visual, ¿hay alguna imagen que refleje todo el concepto de este EP? 

Álvaro: Hay algo que queremos mantener todavía en secreto, pensamos que va a salir el siguiente año. El amor es una parte de él, ¿me entiendes? Por eso lo ponemos así a grosso modo. El amor es una de esas paletas de colores que pertenecen en total al disco. Eso es lo que podría adelantar. Prácticamente es una suerte de arcoíris lo que va a ser al final. 

La simpleza de la portada que es puramente palabra y el color rosa. 

Álvaro: Justamente así. Este tema que parte de él… es difícil explicarlo, pero el amor es una de las partes que somos, de seres humanos. Como un pilar que tenemos cada uno. Y es un pilar que va a formar parte del disco al final. 

Álvaro, en tu parte de audiovisual, ¿tienes a lo mejor algún reel o una escena en mente que creas que sea la esencia de este nuevo EP? 

Álvaro: Lo he estado pensando bastante. Este EP va a caracterizarse mucho por lo analógico, en el sentido de cómo lo hemos estado creando. Es muy distinto a cómo hicimos, por ejemplo, La cosecha de las malas siembras. Si bien ese es un disco conceptual, requería un trabajo más amplio detrás: la parte gráfica, los videoclips… De alguna u otra forma, eso a veces nos limitaba, pero también nos abría mucho más el campo, porque todo tenía que estar enfocado en el mensaje que queríamos transmitir. En cambio, en este nuevo álbum siento que tenemos mucha más libertad, incluso en nuestras propias decisiones. No solo desde una perspectiva autogestionada, sino también porque ahora todo se puede hacer de manera más directa: simplemente puedes tomar una cámara y filmar.

Aun así, tratamos de mantener un trabajo cuidadoso detrás: una buena preproducción, lograr que todo se vea bien, que todo suene bien, pero partiendo de nuestro propio equipo, que ahora es muy reducido desde que nos mudamos a Lima. Cuando estábamos en nuestra provincia teníamos un equipo más grande, muchos amigos y colegas que colaboraban y, a veces, incluso financiaban las cosas. Pero acá en Lima no es así. Entonces, creo que ese lado más vintage viene precisamente de tener menos recursos, pero siempre buscando sacar un producto de calidad, respetando a los fans y ofreciendo lo mejor de nosotros.

Y déjenme decirles que su álbum en vivo, Acceso Restringido, se escucha increíble, tocan muy bien y se nota esta inmediatez del sonido. 

Álvaro: Ahí por ejemplo hubo un punto muy importante porque nosotros nos dimos cuenta que en estudio estábamos sonando completamente distinto que en vivo. En vivo sentíamos que transmitíamos mucho más, sentíamos que había mucha más fuerza interpretando las canciones, pero no nos pasaba eso en el álbum. No sé por qué, no sé si sería por la grabación, por la edición, porque nosotros recién estábamos grabando y nos poníamos muy nerviosos, pero al tocar estamos mucho más libres.

Pero, con esa idea, dijimos: “ahora que nos vamos a mudar a Lima, hay que sacar también un producto totalmente en vivo y hacer que la gente pueda escuchar cómo somos nosotros, cómo sonamos”.  Entonces, este nuevo EP ha sido una seguidilla de pasos que se han estado dando de manera muy simultánea, de manera muy fluida. Me siento muy cómodo como se está dando ahora el nuevo EP.

Y esta comodidad de tocar en vivo se nota mucho en el cambio de ritmo de “Sadul”,  fue algo que no me esperaba. 

Retomando lo que dijiste, André, sobre los retos de cumplir varios roles en la banda, ¿qué es lo que los hace seguir con esta conexión entre ustedes? ¿Qué es lo que los hace seguir para no sucumbir ante el agotamiento, ante los problemas económicos que pueden surgir en el transcurso de una grabación? 

André: Si bien todavía seguimos enfrentando algunos problemas y bastantes inconvenientes tanto a nivel mental como económico por el hecho de habernos mudado a Lima, lo que nos anima a continuar es este sueño que tenemos de construir una industria musical. Creo que nuestro mayor anhelo es lograr que, así como nosotros, existan muchas más bandas que se sumen al movimiento y que, juntos, podamos sacar adelante a un conjunto de artistas. Algo similar a lo que ha pasado en Argentina, con bandas como Bandalos Chinos, Silvestre y La Naranja y muchos otros que se han unido para formar un movimiento musical interesante, sólido e increíble. Nosotros creemos que acá también se puede lograr.

Esa es una de las cosas que más nos motiva. Por eso no solo hacemos música, sino que también tratamos de producir conciertos, tanto en Lima como en Ayacucho, llevando artistas de acá hacia allá. A veces perdemos un poco el foco por los bloqueos de horarios o por las dificultades que enfrentan otros artistas, pero lo hacemos con el fin de mantener vivo ese movimiento y hacerlo crecer. A veces puede ser difícil abarcar tanto, pero lo intentamos. Y ahora justo estamos reorganizando todo para poder manejarlo de una mejor manera. Además, estamos abiertos a trabajar con muchas más personas que compartan este mismo objetivo

Por supuesto. Y sé que tuvieron la ayuda económica del Ministerio de Cultura de Perú. ¿Qué creen que haga falta para el apoyo de estos proyectos? A lo mejor alguna beca, un concurso, para que estos proyectos tengan mucho más estabilidad, sobre todo en el contexto latinoamericano.

Álvaro: En nuestro caso, por ejemplo, el mismo hecho de tener este proyecto venido desde una provincia ha sido parte importante para que al menos el Estado diga: “ellos tienen un programa de estímulos económicos y distribuyen el dinero para que se pueda apoyar a distintos proyectos.” Pero nosotros, como venimos de la sierra, creo que al menos por ahí hemos tenido más suerte para poder tener este apoyo financiero, cosa que no puede ocurrir con proyectos de acá en Lima. Está mucho más peleado por ese lado. De por sí, hacer música, rock, que es lo que nosotros estamos haciendo, y venderlo desde un lado cultural para poder financiar tu proyecto, es complicado. Yo veo que varias bandas acá en la escena musical limeña no tienen ese apoyo, como nosotros tuvimos en Ayacucho. Si tiene que haber otro tipo de estímulos, otro tipo de proyectos y de eventos que puedan generar mayor visibilidad a las bandas, porque una cosa es que solo te den el financiamiento para hacer un proyecto y que cumpla con las metas que tiene el Ministerio para esa etapa, pero ahí muere. No hay luego ningún otro apoyo para que se puedan masificar los proyectos que han apoyado. Yo siento, personalmente, que esto va más por el lado de que el Ministerio simplemente busca cumplir con una cuota. Porque, claro, se tienen que apoyar las leyes, el mismo contexto social lo exige, y entonces dicen: “Ya cumplimos, no nos pueden reclamar nada”. Es como si el Estado dijera: “Miren, en Ayacucho hemos realizado tal proyecto, ya está”, y con eso se lavan las manos. Cumplen con el requisito y listo. Pero no hay un verdadero seguimiento ni una intención de continuidad. Nosotros, por ejemplo, hicimos este álbum conceptual buscando tener una mayor relevancia allá en nuestra tierra ayacuchana, con un mensaje social y una idea cultural muy clara. Además, como dice André, tenemos la intención de generar un proyecto más grande entre bandas, algo que permita que el rock, al menos en Ayacucho, no se quede solo como “rock ayacuchano”, sino que crezca y abra más caminos musicales.

Sin embargo, eso no se puede lograr fácilmente, porque el apoyo que recibimos fue limitado: solo nos dieron cierta cantidad para un evento que teníamos que cumplir con plazos e indicaciones muy específicas. Y ahí terminó todo. No hubo más acompañamiento ni continuidad.

Simplemente es una responsabilidad darles el dinero y ya no tener seguimiento. Sin embargo, en esta independencia, aunque hay muchísimos retos, también hay muchísima libertad creativa. ¿Qué significa el poder hacer la música que quieran, sin tener que cumplir con todas las tendencias de popularidad de hoy en día? 

André: Creo que, desde un principio, ha sido cuestión de ir de frente. Incluso desde Ayacucho nos vimos como una banda de rock. Pero luego empezaron a vernos como una propuesta diferente, porque hay un público muy fuerte que todavía escucha rock de los sesenta y setenta. Muchas veces, después de un concierto, alguien se nos acercaba y nos decía: “Oye, suenan mucho a Pink Floyd”, o “Suena mucho a The Doors”, o “Increíble que tengan tantos solos en sus canciones”, algo que ahora ya no es tan común.

Y creo que por ese lado hemos sabido aprovecharlo. Siempre conversamos dentro de la banda que podemos sacar provecho de todo lo que ya se ha hecho en la música: desde los sesenta, setenta, ochenta o noventa. Aprovecharlo como una ventana, como una herramienta para contar distintas historias o abordar diferentes temas. Al final, cada época tuvo sus problemáticas y de ahí surgieron géneros musicales enteros. Hoy creo que es muy difícil crear un género completamente nuevo, pero sí podemos aprovechar la esencia o la energía que tuvo cada uno en su momento para hablar de lo que vivimos ahora. Por eso siempre tocamos ciertos estilos con el respeto que se merecen. Nunca estamos cerrados a la posibilidad de experimentar con otros géneros, ya sea reggaetón, trap, fuga, lo que sea, si eso nos permite hablar de algo que queremos decir. Porque creo que eso es lo importante. Nos sentimos libres en ese sentido, y creo que esa libertad ha sido clave para nosotros.

Álvaro:  A mí sí, la verdad, a mí me gustaría probar cómo se siente estar obligado a que una disquera me diga: “tienes tanto tiempo para hacer música, para lanzar EP, para un hit en este género”. Me gustaría vivirlo para poder comparar cómo es ese flujo de trabajo y sacar lo mejor de esa experiencia. Como banda independiente, algo que se nos complica mucho es tener que priorizar otras cosas porque, a veces, pesan más que la música. En cambio, si estás en una disquera y te están pagando por eso, tienes que enfocarte totalmente en crear; ya no puedes dejar de lado otros trabajos. Y creo que de esa forma uno puede ser incluso más creativo, porque la creatividad, cuando estás trabajando constantemente, florece mucho más y te vuelves más ágil mentalmente. Por ese lado, sí me gustaría probarlo: experimentar cómo se siente esa tensión, esa presión y ese ritmo de trabajo que impone una disquera. También me gustaría entender por qué muchos artistas se quejan de eso, y al mismo tiempo reconocer lo afortunados que somos ahora como banda, como The Waris, siendo totalmente autogestionados. A veces uno no agradece la riqueza que tiene, no me refiero a la riqueza económica, sino a la libertad, al control creativo, y se siente pobre sin darse cuenta de todo lo que posee. Eso es algo que me gustaría experimentar y comprender mejor.

Esa es una perspectiva muy interesante y arriesgada también, el tener que sacrificar cosas para tener oportunidad en una disquera, de estar constantemente sacando algo. Por otro lado, estas influencias que acabas de mencionar, André, sobre Pink Floyd y otras bandas, lo vi mucho en la canción instrumental “Hanaq Pacha Ratukama”, que además es una canción sentimental. Al final, está la grabación de una madre que pregunta por su hijo, que también tiene que ver con estos temas sociales de total violencia en Latinoamérica.  

André: Lo que hicimos en La cosecha de las malas siembras era hablar, a nivel histórico, de lo que ha pasado en Perú. En Latinoamérica pasan bastante los ciclos de indiferencia que se repiten, ciclos en los que estamos alejados de otros. Hay bastante centralismo y siempre estamos divididos entre pobres, ricos, blancos, negros, mestizos, etc., siempre tenemos que acentuar nuestras diferencias y éstos son procesos que a la larga terminan generando violencia.

Y eso es, justamente, de lo que tratamos de hablar en el disco: desglosar esas problemáticas y abordarlas de una forma más específica. No queríamos hablar directamente de los hechos ocurridos en Perú, porque también queríamos mantener cierta universalidad. Es algo que se puede replicar fácilmente en cualquier contexto latinoamericano. Tal como pasó con el terrorismo en Perú, que fue, creo, el episodio más extremo de violencia que hemos vivido, algo similar ha sucedido en distintos países de la región. Latinoamérica ha tenido bastantes dictaduras, ciclos de corrupción, protestas constantes. Son patrones que se repiten una y otra vez. Eso es lo que queríamos reflejar en el disco, y por eso también nos inspiramos mucho en la música de los sesenta y setenta. En lo personal, soy fan de Pink Floyd, y creo que Roger Waters es una de las principales voces que siempre ha tratado de hablar de movimientos políticos desde la música. Si bien a veces tiene opiniones equivocadas, me parece muy valiosa su apertura para aprovechar el espacio que tiene y llegar a las masas a través del arte.

Ese tipo de influencia que puede tener hoy alguien como BTS o Taylor Swift, puede ser una herramienta poderosa para hablar de temas importantes, para generar conversación. Y creo que eso es totalmente válido.

Al hacer el disco, una de las principales inspiraciones fue justamente que todos, como ayacuchanos, nos vimos afectados de una u otra forma por el terrorismo, porque Ayacucho fue el territorio más golpeado. Hubo alrededor de 70 mil muertos, y no es una cifra menor. En Perú todavía existe un fuerte estigma alrededor del tema. Basta con que alguien lo mencione para que inmediatamente lo tilden de “rojo” o “terruco” y  es absurdo, porque deberíamos aprovechar esa experiencia para recordarla, aprender de ella y evitar que se repita. Por eso sentimos que era importante hablar de esto desde la música, porque no se había hecho mucho en Perú.

La canción “Hanaq Pacha Ratukama” la inspiramos en mamá Angélica (Angélica Remigia Mendoza de Ascarza), una figura muy importante en Ayacucho. Su hijo fue señalado como terrorista, lo desaparecieron y nunca lograron encontrarlo. Mi tío, de hecho, compartió celda con él. A mi tío también lo capturaron y torturaron, pero tuvo la suerte de que mi abuelo lo pudo rescatar, lo encontró y luchó por él. En cambio, el hijo de Mamá Angélica ya había desaparecido cuando lograron dar con su paradero.

Gracias por abrir tu historia familiar y son temas muy fuertes que no podemos ignorar. 

André: Es importante hablarlos

Para finalizar la entrevista, ¿cómo observan el panorama musical de Perú? ¿Ha cambiado su perspectiva ahora que se mudaron a Lima? 

André: Lo que está pasando en Lima y respondiendo de nuevo a la pregunta que nos hiciste antes sobre lo que falta para apoyar los proyectos independientes es que no hay ventas de exposición, el menos del 1% está abierto a escuchar nuevas propuestas y es una cifra alarmante, es muy poca. Ahora tratamos de organizarnos porque descubrimos que una manera de difusión son los conciertos y tratamos de hacerlos y que sean masivos para tener un canal nuevo de darnos a conocer. Es un panorama difícil todavía, muy inexplorado y muy cerrado, es una industria donde todo el mundo se conoce y no hay espacio para gente nueva.

Álvaro: Ahora que nos mudamos a Lima, con mi hermano menor que es el baterista y con André, hemos ido a conciertos para conocer más la escena a la que nosotros pertenecemos. Lo hacemos para conocer a las bandas, conocer los bares en donde tocan, conocer todo el circuito y hemos visto que sí hay bastante movimiento, pero se repite con las mismas personas y sólo en el centro de Lima. Ahora se trata de hacer conciertos en otras partes y hemos conocido bandas que no forman parte de las “argollas” y que han tenido mucho éxito en Lima, incluso ya llegaron a sus millones de reproducciones. Yo tengo fe de llegar a ser como ellos, de componer un  hit, de adaptar su fuerza y energía a nuestro estilo. 

Esto te puede interesar

Utilizamos cookies para personalizar la experiencia de nuestros lectores.    Más información
Privacidad