Promiseland: “En el fondo he creado música para poder llevar a cabo un ritual” [ENTREVISTA]

El artista australiano reinterpretó ‘Lose the Baby’ de Lost Animal, una canción que lo acompañó desde su llegada a Nueva York. Simultáneamente acompaña a The Strokes en algunos momentos de su gira actual, y continúa explorando formas y espacios donde hacer su arte y sentirse conectado al hogar.

Uno de los mejores superpoderes que tiene la música es el de convertirse en una versión portable de lugares y momentos que podemos llevar con nosotros a cualquier lado. Hay canciones que nos acompañan en los cambios, nos conectan con lo que conocemos, y también nos permiten abrirnos a nuevos vínculos, espacios y más. Para Johann Rashid, el artista australiano detrás de Promiseland, “Lose the Baby” de Lost Animal es una de ellas.

Esta canción, originalmente compuesta por Jarrod Quarrell, acompaña a Johann desde hace años a través de sus aventuras por Nueva York. La importancia y el rol de sostén que tomó para él es tan grande que terminó grabando su propia interpretación y la lanzó el 11 de septiembre a través de Cult Records, sello de Julian Casablancas con el que fichó en 2017 cuando salió de gira junto a The Voidz. “Lose the Baby” trasciende el concepto de cover: es un homenaje a sus raíces, amigos y escena de origen, que aún alberga un universo por descubrir. 

Al frente de Promiseland, Rashid construyó un mundo propio y único donde la música electrónica, el punk, las artes visuales y la performance conviven sin fronteras demasiado claras, con una gran cuota de caos. Esa misma libertad creativa la que lo llevó a estrechar un vínculo con Casablancas y terminar colaborando con The Strokes en el videoclip de “Going Shopping” y en el arte de “Reality Awaits”, además de compartir escenario con la banda durante algunas fechas de su gira.

En esta entrevista para Worked Magazine, conversamos con Johann sobre sus lanzamientos y colaboraciones recientes, pero también reflexionamos sobre cómo sostener la creatividad en el mundo actual donde las redes sociales exigen contenido permanentemente, su experiencia como un artista de Australia en Nueva York y cómo se mantiene conectado con el hogar, y sobre cómo la magia de la música lo une a tantos lugares y amistades por todo el mundo. 

Empecemos por tu último lanzamiento, “Lose the Baby”. ¿Qué tiene esta canción de Lost Animal que hizo que quisieras hacer tu propia versión?

Es mi canción favorita desde siempre. La original es de Lost Animal, que es un artista australiano, Jarrod Quarrell. Siempre está como en el fondo de mi mente, la cantaba mucho cuando me mudé a Nueva York. Llevo casi 14 años acá, y es una de esas canciones que me acompañó a lo largo de mi viaje, en los altibajos de estar en Nueva York e intentar ser un artista, con los momentos bajos, otros más altos, al conseguir un contrato, todas esas cosas. Esta canción fue importante para ayudarme a atravesar y superar muchas cosas. 

Cuando me obsesiono con una canción siempre hago mi propia versión de ella en mi home studio. Siempre tuve la demo, hice una versión en vivo. Trabajo con The Strokes, creo que estaba grabando a los chicos antes de que subieran al escenario para dar un concierto, haciendo una especie de videoresumen para su Instagram, y probé poner la canción encima porque me pareció que encajaba bien. Es parte del proceso artístico: experimentar y jugar con las cosas. Entonces ellos dijeron “esto está genial, me encanta esta canción”, y les conté que es una versión de la canción de un amigo mío. Dijeron que debía sacarla, así que le pregunté a Jarrod si le parecía bien que la publicara. Julian quería sacarla a través de Cult Records, y así fue más o menos cómo sucedió todo. Fue un proceso totalmente orgánico, y es muy agradable tener mi propia versión de ella. Significa mucho para mí. 

¡Genial! También le estás rindiendo tributo a tus raíces. Honestamente no sé suficiente sobre la historia y las tradiciones australianas, pero cuando investigué sobre “Lose the Baby” supe que la describís como un clásico infravalorado de Australia. ¿Qué es lo que hace en tu opinión que una canción sea un clásico? ¿Por qué creés que “Lose the Baby” no recibió todo el reconocimiento que merece?

Para mí es un clásico, tal vez sí merecía el reconocimiento que tiene en Australia. Para mí, sin dudas lo merece, ya que es mi canción favorita. Así que es algo bueno. También es la música favorita de todos mis amigos australianos que conocen a Lost Animal. Así es como conocí a algunos de mis mejores colaboradores en Nueva York. Está definitivamente infravalorado, el mundo debería conocer a Lost Animal. Él hace una música magnífica que me ha servido de inspiración para mi propia música. Así funcionan las cosas, los amigos inspiran a otros amigos a crear y hacer cosas.

Australia es como un portal inexplorado de música increíble. Hay muchísimas bandas australianas geniales que me gustaría que el mundo descubriera. Pero tal vez lo genial sea precisamente que con el tiempo la gente vaya descubriendo poco a poco estas cosas de Australia.

¡Genial, voy a seguir explorando ese mundo! ¿Te sentís respecto a “Lose the Baby” de la misma forma que uno se siente con las canciones de cuna o folclóricas? 

Sí, sí, sí. Definitivamente una canción de cuna. Es curioso, pasé noches sin descanso donde estaba en la cama… y sí, es como una canción de cuna. La canción original es tan larga que la ponía en repetición en mis auriculares y no me hartaba de ella, solo intentaba dormir escuchándola. Así que de alguna forma es como una canción de cuna para mí. 

Me recordó a la canción “Whiskey In The Jar”, que es folclórica y muy popular. La versionaron Thin Lizzy, Metallica, Pulp, y hasta tiene una versión uruguaya. ¿Te gustaría conocer más versiones de “Lose the Baby”? ¿Te gustaría verla florecer de diferentes maneras? 

Sí. Cuando hablé con Jarrod sobre hacer una versión de la canción, resulta que ya había sido versionada por un par de bandas más, así que existen otras versiones por ahí. Él decía que es como una nueva “My Pal”, otra canción de Australia de la que se han hecho muchas versiones. Eso es lo maravilloso de la música: si la composición es buena, la gente la desarrolla y crea nuevas versiones, como un eco del sentimiento real de la canción y la letra en sí.

Tal vez la razón por la que siempre me encantó “Lose the Baby” es que me recuerda al hogar, y es como mi único vínculo con Australia. Estoy en Nueva York, del otro lado del mundo, y es difícil mantener el contacto con Australia por las diferencias horarias. Al principio cuando te mudás pensás “voy a hablar con mis amigos todo el tiempo, voy a hablar mucho con mi familia”, y después con el paso de los años empezás a perder esa conexión. Pero gracias a esa canción conocí a Jaie, que toca el teclado en Promiseland. Fue por medio de Lost Animal. Así que en cierto modo es como una nueva versión de nosotros mismos, existiendo en otro país al otro lado del mundo. Ahora es uno de mis mejores amigos. Es toda una historia nueva, y la música ayudó a darle forma a cómo nos movemos y a cómo recorremos el universo, aunque todavía no salimos al espacio (risas). 

Es una forma muy tierna de sentirse cerca de casa, lo entiendo. ¿Te gustaría que este lanzamiento haga que tus oyentes que no son de Australia sientan curiosidad por sus clásicos? ¿Que tal vez empiecen a investigar y quieran conocer más sobre tu cultura?

Eso espero. Probablemente yo también debería investigar un poco; llevo tanto tiempo afuera que a veces olvido qué está pasando en Australia en cuanto a música. Pero sé cómo era cuando vivía allí, porque toqué en bandas durante mi juventud, hay muchísima música genial. Lo interesante de Australia es que es un lugar pequeño y que está muy aislado del resto del mundo, por eso existe todo un ecosistema musical propio entre la gente de allá.

Recuerdo que de joven pensaba que era imposible hacer giras por el resto del mundo. Por eso no das la música por sentada; muchos de mis amigos tocan en bandas increíbles, a veces incluso en siete grupos distintos a la vez. Por ejemplo, yo tocaba en una banda llamada East Link, y Al Montfort, el baterista, toca en otra banda llamada Total Control, en otra llamada Terry, y en otra llamada UV Race. Hay tantas bandas increíbles que ojalá la gente pueda descubrir algún día.

Te entiendo, Uruguay es súper parecido en algunas de estas cosas. Voy a buscar esas bandas. Johann, fuiste por primera vez a Nueva York en 2011, viniendo de la escena post-punk de Australia. Si mirás hacia atrás, ¿cómo hizo esta mudanza tan grande que entendieras tu propia identidad y cómo afectó a la forma en la que hacés música? 

Pienso concretamente en mis últimos años en Australia; estaba trabajando en el proyecto Promiseland, y recuerdo haber hecho un par de presentaciones, pero fue algo sin más… no terminó de encajar. Por aquel entonces tocaba la guitarra en una banda. Y cuando me mudé a Nueva York di un concierto acá y fue una locura, se respiraba una energía especial, así que pensé “quizás solo necesitaba cambiar de lugar”. 

En cuanto a mi trabajo artístico, sentía que en Australia estaba un poco estancado, no tenía las cosas muy claras. Sabía que quería explorar más la música electrónica, pero no lograba avanzar.

Al llegar a Nueva York se me abrieron las puertas al resto del mundo. Es mucho más fácil viajar a México, a cualquier parte de Sudamérica o a Europa. Eso me permitió hacer más giras y presentar mi espectáculo en lugar de quedar limitado a Melbourne, o a lo sumo hacer algún viaje a Sídney. Siento que quizás estaba un poco agotado, y al estar en Nueva York conocí a muchísimos músicos increíbles de todo el mundo. Nueva York es, sobre todo, un crisol de culturas.

Al estar acá había muchísimas fiestas locas y eventos a los que simplemente me presentaba. Durante años en Nueva York, la gente me decía “ey, ¿podés venir a tocar un par de canciones a las 2 de la mañana en el hotel Public de la ciudad?” o en sitios al azar. Yo iba a tocar y muchas veces me regañaban por tener un comportamiento demasiado alocado. Me acuerdo de una vez que un tipo agarró un tequila y nos lo echó encima a los de la primera fila. Estaba infusionado con jalapeño, así que pasé tres horas de esa noche con los ojos ardiendo y sin poder ver nada, pero esa era la energía de la noche. Fue muy divertido, una experiencia neoyorquina muy divertida (risas). 

Claramente es un gran puente al resto del mundo. Te ayuda a encajar más aún en tu cultura así como en las demás, ¿no?

Sí. Yo no me siento australiano, me siento más internacional. En el sentido de que no estaba intentando hacer música específicamente australiana o algo así. Soy mitad australiano y mitad malayo, pero es como fusionarlo en un caldero. Me siento uno con todos los demás ahí afuera. Está bueno. 

¿Te describirías como un ciudadano del mundo?

Sí, del mundo. El hombre intencional (risas). 

Siempre oscilaste entre música, performance y artes visuales. Cuando te vi en vivo en 2017 me voló la cabeza, nunca había visto un show así antes. ¿Pensás en estas disciplinas como partes separadas, o son un mismo lenguaje artístico?

Es el mismo lenguaje. Lo veo todo como una misma cosa; son simplemente ondas distintas. A veces estoy trabajando en música y bueno, es la sintonía en la que me encuentro. Otras veces cambio de registro y me centro más en lo visual, entonces empiezo a trabajar en proyectos de video, o cuando toco en vivo, para mí también es una forma de arte escénico, es como un ritual. En el fondo he creado música para poder llevar a cabo un ritual. Todo va de la mano.

Y lo mismo ocurre con el trabajo que hago con The Strokes y demás, es exactamente lo mismo. Al final todos estamos creando arte juntos, haciendo videos y explorando ideas sonoras. Lo divertido de hacer mi disco con Cult fue que resultó ser toda una experiencia: tocar en vivo, ver qué funciona ante el público y después entrar en el estudio.

Bueno, ahora que lo mencionaste: trabajaste en “Going Shopping”, uno de los sencillos de “Reality Awaits”, el álbum nuevo de The Strokes, tanto en el video como en el arte. ¿Cómo empezó esta alianza creativa? ¿Cómo fue acercarte al mundo visual de The Strokes desde tu propia perspectiva?

Firmé con Cult Records por el 2017. Cuando empecé solía abrir los conciertos de The Voidz, y siempre llevaba una cámara de video para grabar, y con el paso de los años empecé a colaborar más con Julian en temas visuales. Empezamos a crear piezas interesantes y videos musicales, moviéndonos constantemente entre la imagen y la música, como una práctica artística. 

Sobre lo de The Strokes, fui a grabarlos mientras trabajaban en su álbum más reciente con Rick Rubin en Costa Rica. Estuve ahí como un observador invisible, grabando todo, y me sentí tan cómodo con ellos que terminé acompañándolos de gira, creando más cosas juntos y manteniendo un diálogo constante. Y bueno, también nos fuimos de compras (risas). 

Durante la época de Coachella estuvimos hablando sobre nuestros actores favoritos y dijimos “deberíamos escribirle a Walton Goggins”. Lo hicimos y nos respondió “¡Claro que participo en el video!”. Así que volamos a Tenerife y rodamos el videoclip. Al final quedó una colaboración genial en donde todos tenían ideas interesantes y las pusieron sobre la mesa. Tuve la suerte de poder facilitar y dirigir todo el caos que supuso el video. Las cosas surgieron sobre la marcha; estábamos en Tenerife y Julian me dijo “deberías aparecer de payaso en el video”, y lo terminé haciendo. Tuve que dirigirlo totalmente maquillado de payaso. Fue muy gracioso, sentía que cuando le decía a los chicos lo que tenían que hacer parecía un loco (risas). 

¡Qué experiencia! Ya me puedo imaginar lo que son esos bloopers inéditos. Recientemente abriste tres shows de la gira de The Strokes en os Estados Unidos. ¿Cómo abordaste estas actuaciones sabiendo que parte del público podía estar descubriéndote ahí?

Acabo de dar esos conciertos. Estoy bastante agotado ahora mismo. Hice dos en Florida y uno en Carolina del Norte, en Charlotte. Todos estuvieron genial; sentí que los conciertos de la gira Promiseland por fin están alcanzando el nivel que yo quería. Mi banda está impecable, trabajan muy duro, los shows salieron muy bien. Y la respuesta del público ha sido fantástica.

Mucha gente nueva está descubriendo la música. Me mantengo fiel a mi trayectoria y mi rumbo, sin desviarme del camino. No paro de tocar. Algunas canciones son más viejas, otras son nuevas. Sé que cuando doy un concierto va a haber gente nueva que nunca antes había oído hablar de mí, así que siempre intento darlo todo. Es un proceso gradual, pero los shows tuvieron buena respuesta. Gente nueva compró el disco. La gente sigue descubriendo mi trabajo, y eso es muy bueno. 

También acabamos de anunciar cuatro shows en Australia junto a The Strokes para febrero. Eso va a ser como cerrar el círculo, poder volver a Australia para tocar en estos conciertos, lo cual me hace mucha ilusión. 

¡Me encanta, va a salir súper bien! Resultaste ser una de las estrellas más brillantes de Cult Records, y también desarrollaste un vínculo fuerte con México, ya que también abriste shows para Rey Pila. Me acuerdo de que estuvieron contigo en Uruguay.

¡Son mis amigos! Le debo mucho a Rey Pila, porque cuando hicimos ese primer tour por Sudamérica éramos ellos, The Voidz y yo. Son mis maestros. Mi español es muy malo (risas). Pero sí, amo a esos muchachos. Cada vez que voy a México los veo, son mis amigos para toda la vida. 

Grabaste una sesión en vivo junto a ellos, de la que también participaron músicos de otros proyectos locales. ¿Qué tiene Ciudad de México que lo hace un lugar tan importante para vos?

No lo sé. Hay lugares en el mundo que cuando los visitás te hacen entender cosas, o sentirte como en casa. O a lo mejor fui mexicano en mi vida anterior, o soy mexicano en esta vida y no me enteré (risas). Mi corazón es mexicano. Cada vez que fui a tocar se sintió bien, como correcto. Los fans son muy buenos, todo el mundo es simpático. No sé si es por algo de Cult Records y América Latina, pero parece ser bien recibido, lo extraño todos los días. 

Tus presentaciones en vivo han sido descritas como caóticas e hipnóticas. Lo puedo confirmar en primera mano. ¿Cuánta de esta energía fue construida cuidadosamente, y cuánta de ella nace de ver qué pasa en el momento?

Sí, es un caos, y a veces me estresa. No tanto los espectáculos en sí, es que hay dos versiones de mis presentaciones: está la que ocurre muy tarde, a las 2 de la mañana en un club. A veces me estreso porque intento nutrirme de la energía del público o del ambiente del club, donde todo el mundo está de fiesta. Salto sobre las barras y me pongo un poco nervioso, porque puede pasar cualquier cosa, y en el pasado me lastimé mucho. Me he dislocado huesos, roto dedos y cosas por el estilo. Entonces me pongo nervioso pensando “¡Mierda! ¿Y si me quedo colgado de ahí? ¿Qué pasa si me caigo?”, pero después me dejo llevar y me digo “esta noche me lo voy a tomar con calma”, después pienso “¡a la mierda todo!”, y de repente ya no me lo estoy tomando con calma en absoluto. 

Pero en los conciertos en los que toco con la banda completa todo es un poco más tranquilo. Confío en que la banda lleve el peso de la música mientras yo me divierto, aunque a veces me caigo o doy algún salto.

Siento que llevo tanto tiempo haciéndolo que ya soy como un atleta, tengo control sobre mis movimientos y sé exactamente hasta dónde puedo saltar por encima de una barrera. A veces me sale mal y me tuerzo un tobillo o algo así, pero en general lo trato como si fuera un deporte. Intento entrenar, hago estiramientos, uso la cinta de correr y me preparo para dar el show, porque requieren muchísima energía. Es agotador. Cuando bajo del escenario… a veces hasta vomito después de pararme en mis manos. La adrenalina y todos esos saltos son simplemente demasiado. Y termino ahí, a un lado, intentando recuperarme. 

Me parece genial que después de tanto tiempo sigas dejándolo todo, sintiendo mariposas en el estómago y sorprendiéndote. Espero que no lo pierdas nunca. Después de toda la evolución que has hecho con Promiseland, tu música, las presentaciones, arte visual, colaboraciones y mucho más… ¿Qué sentís que querés explorar? ¿Cuáles son tus sueños?

Sigo pensando en poder hacer lo que hago, tener la capacidad de dedicarme a mi arte. Creo que todo artista sólo desea sentirse lo suficientemente cómodo y contar con los recursos necesarios para crear su obra, y es realmente complicado en los tiempos que corren. Todas las personas que conozco tienen que dedicarse a otra cosa. Por ejemplo, si alguien es pintor, artista visual o videógrafo, necesita tener otros tres trabajos o buscarse la vida por acá y por allá para poder financiar su práctica artística. 

Esto se complica todavía más con las redes sociales. Es como si todos sintiéramos la presión de generar muchísimo contenido solo para mantener el ritmo, para seguir presentes en el flujo constante y no perder relevancia. Es una presión que yo mismo siento. Lo veo como una faena, porque siento que todo esto le resta tiempo al artista, tiempo que debería pasar en su estudio dedicado a crear durante todo un año sin necesidad de conectar con nadie, para después salir a la luz con un disco, una pintura, o algo por el estilo. Y ahora es como si todos sintieran la presión de estar haciendo mil cosas a la vez, y eso distrae de la práctica en sí misma. 

Así que lo que deseo y espero es tener siempre un espacio seguro donde pueda crear cosas, sin la presión del mundo exterior diciéndote “tenés que hacer esto”. Vivimos en una época complicada, así que mientras pueda quiero seguir creando cosas y haciendo arte. Soy artista, si alguna vez tuviera que aceptar un trabajo de 9 a 5 quizás eso me destruiría… o tal vez no. No lo sé. 

Lo que relatás es real y súper preocupante. Me parece genial que reconozcas y valores poder dedicarte al arte al 100% y que puedas seguir tu propio camino al ritmo que elegís. Siguiendo un poco más con el futuro, ¿tenés planes a corto plazo para tu carrera, con lo creativo?

Seguir creando cosas. Anoche estuve en el estudio terminando un EP que espero lanzar en febrero, cuando de estos conciertos con The Strokes en Australia. Mi objetivo a corto plazo es… bueno, estuve afuera durante mucho tiempo, quiero volver a Australia y decir “¡Escuchen! Esto es lo que estuve haciendo esta última década en Nueva York” y, con suerte, sentirme orgulloso del trabajo que hice acá. También quiero reconectar con amigos y demás. 

Otro objetivo a corto plazo es volver a México para ver a mis amigos. Eso es el otro lado de las redes sociales, el increíble, y del internet de hoy en día: a diferencia de la generación de nuestros padres, para quienes era muy difícil viajar por el mundo, antes de Facebook y todo eso. Ahora es muy sencillo mantener el contacto. Todos mis amigos mexicanos me mandan memes a diario, una cantidad increíble, no llego a verlos todos, pero es sorprendente que podamos mantenernos así en contacto. Lo mismo ocurre con mis amigos en París o en cualquier otra parte del mundo: logramos seguir sintiéndonos muy conectados a pesar de la gran distancia; el mundo ya no parece tan grande.

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