- Inicio
- Noticias
Panchito Villa: “El autoconocimiento me ayudó a darme cuenta de que hay un camino que quiero seguir” [ENTREVISTA]
A siete años de su debut solista, Panchito Villa vuelve con “Amable”, un disco atravesado por el amor, la evolución y una nueva forma de habitar su música.
Foto: Lucía Noel
Por: Thom Collins
Publicado el: 27/05/2026
Con un sonido mucho más eléctrico y rockero, pero sin dejar de lado la sensibilidad melancólica y romántica de sus primeras canciones, Panchito Villa regresa a su faceta solista con “Amable”, un disco atravesado por el amor, la introspección y cierta tensión entre lo dulce y lo caótico. Tras varios años desde el lanzamiento de su primer álbum, y mientras continúa su camino junto a Isla de Caras, el músico argentino presenta un trabajo más frontal, construido desde el autoconocimiento, la experimentación y el deseo de dejar que las canciones encuentren su propio ritmo.
Luego de llevar por primera vez las canciones de “Amable” al vivo (el pasado 10 de mayo en la Capilla del Centro Cultural Recoleta), conversamos con Panchito sobre la evolución detrás de este nuevo álbum, el regreso a un sonido más ligado al rock y cómo ha vivido esta nueva etapa de su proyecto solista.
¿Cómo te sientes luego de la presentación del domingo en la Capilla del Recoleta?
Bien, la verdad que contento. Fue un primer intento, porque tampoco fue la presentación formal del disco —digamos—, pero fue la primera vez que tocamos las canciones, aquí en un ‘venue’ que por suerte es gratis. Además, un domingo era una linda ocasión para tocar el disco por primera vez. Así que, nada, encontrándome por primera vez con esas canciones —en vivo— que nunca habían salido, primero, de mi cabeza; después, no habían salido del estudio; después, no habían salido de la nube; y ahora están ahí: empezando a circular por distintos lados.
En base al sonido, sentimos que es mucho más eléctrico: hay más guitarras eléctricas, un sonido más rockero y más áspero por momentos, pero sigue teniendo esa sensibilidad romántica y melancólica que tus canciones anteriores tienen. ¿Cómo encontraste ese equilibrio mientras producías el disco?
Creo que, en gran medida, esa tregua entre lo íntimo y lo rockero la dio también el proceso que tuve yo con mi otro grupo, Isla de Caras: nos encontramos un poco en esa vibra de que somos chicos tímidos, sensibles, que nos gusta un montón de música, pero también nos encontramos con que hay una fuerte tendencia últimamente. No sé cómo pasa en Perú, pero al menos aquí, en Buenos Aires, tenemos esta tendencia de vuelta al rock y al vivo, a la transpiración y la gente toda amuchada. Entonces nos embebimos de eso un poco —no solo nosotros, sino todos los grupos en general—, creo. Y, bueno, después, naturalmente, también sentí que había pasado ya por un proceso introspectivo, de “ir para adentro”, de grabar en mi casa, y me daban ganas de salir de ello y ser un poco más atrevido o arrogante —que no lo soy—, como tratar de jugar con ese cliché o esa cosa del rock como más ‘banana’, más canchera. Y, nada, se sintió natural también porque yo escucho de todo, escucho un montón de música, entonces, no fue como hacer algo que jamás podría haber hecho, pero voy a ver ahora cómo lo puedo defender en el vivo, porque son canciones —como decís vos— que son románticas, pero también son como para poner el cuerpo y estar como más ‘showman’.
De hecho han pasado varios años entre tu primer álbum, “Panchito Villa”, y este segundo álbum. Como mencionas esto último de poner una actitud más “arrogante”, ¿qué sientes que cambió en ti, además de estar en el contexto de la vuelta al rock, para que este disco sonara así?
Wow, bueno, el primer disco salió cuando yo tenía 23 años. Ahora tengo 29 y cambiaron muchas cosas. Yo creo que el proceso con Isla de Caras fue muy influyente, porque pasamos por muchos estadíos y creo que explorar todas esas facetas también sirvió para ver dónde yo me hallo más cómodo, que siento que es más en la grabación y en los procesos de producción; el vivo y ser el protagonista me suele costar bastante. Pero creo que también sirvió mucho “alejarme” de mis lanzamientos, ya que también llegué a un punto en el cual sentí que no estaba dialogando con la escena y eso fue algo positivo para mi música: no tenía con quién compararme, no había nadie que me apurara, no era alguien que estaba metido en el nicho del algoritmo, de los festivales y cosas [así]. En ese sentido, me ayudó todo este tiempo de interrupción a no estar ansioso ni a compararme con otras músicas, y poder dejar que el disco tenga su propio ritmo. Yo creo que lo logró, y eso me gusta. Igual, por un lado está buenísimo, porque siento que eso lo hace un poco original, y por el otro es como “bueno, necesito buscar aliados ahora para salir a tocar en vivo, como otras bandas, y no sé con quiénes” (risas). Pero, sí, yo creo que el “silencio”, por ponernos más solemnes, le ayudó al disco.
Podemos ver un viaje introspectivo también, que está construido entre una tensión de dulzura, amor, y de una parte un poco caótica, no solo en el sonido, sino también en las letras. ¿Cómo consideras que fuiste construyendo esta tensión a lo largo del disco, aparte de todo el contexto y de los cambios que atravesaste?
Creo que también fue mucho mérito de mi productor: Bruno Gross, que es un gran amigo (y toca conmigo en vivo). Él es un curioso de la producción y de la síntesis en general, entonces tiene muchos sintetizadores. Le gusta a veces llevar todo a un lugar más experimental, y yo soy más meloso, más dulce; entonces, me gustó esa idea de hacer que lo chiquitito o lo tímido hiciera una explosión para que después quedaran pedacitos de cosas dulces por acá, cosas locas por allá (siempre me gustó este híbrido). En las bandas también lo siento mucho. Por ejemplo, me gusta mucho un grupo de aquí que se llama 107 Faunos, que viene como del estilo de Pavement, de Sonic Youth. Siento que es como una expresión más brutal o más punk, pero ellos como que la hacen toda chiquitita también, y son todos como medio torpes. Me encanta eso. Creo que sí, fue en mérito de asociarme con Bruno en la producción.
Y, ahora, hablando de las canciones, hay algunas como “Doble Vida” y “Vtv”, en las que se siente un viaje de autoconocimiento, como una crisis de identidad, de esas que a veces nos llegan con el pasar de los años. ¿Qué tanto te ha ayudado esta introspección y el componer este disco a nivel personal?
Y, bastante. Como lo venimos haciendo desde el 2024, pasé por dos noviazgos distintos, un montón de cosas, vínculos y demás, entonces, he atravesado un montón de experiencias propias. Fue fundamental, tengo la certeza de que cuando hago música soy feliz: es como un lugar en donde nada me puede lastimar, entonces, siento que fueron años de mucha alegría en ese sentido. ¿Viste que siempre está la premisa de que hay que pasarlo mal para hacer música, que para hacer arte hay que sufrir? La verdad es que no lo sentí así. Seguramente habré tenido algunas pequeñas revelaciones que ahora mismo no recuerdo, pero —en ese sentido— el autoconocimiento me ayudó a darme cuenta de que hay un camino que quiero seguir, y es este camino que me hace bien y que me hace explorar lo que a mí me gusta más que nada en el mundo, que es la música. A veces uno se olvida en el día a día, o capaz naturaliza mucho tener amigos músicos talentosos, entonces, también me hizo darme cuenta de que hay toda una gente amiga y colaboradora que está ahí para ayudarme a hacer música, y me gustó mucho no naturalizar eso y tenerlo presente. Creo que en el disco se refleja mucho eso también.
Como dicen en inglés, it takes a village. Y es interesante pensar también en el valor de lo colectivo, sobre todo en un contexto tan marcado por el individualismo. Tú colaboras constantemente con bandas, pero al mismo tiempo tienes tu propio proyecto solista. ¿Qué aprendiste de tocar con proyectos como Isla de Caras o Gativideo, qué has terminado trayendo a este disco?
Gativideo, por un lado, me ayudó mucho en concreto a perfeccionar en los teclados, porque en verdad yo, cuando era más chico, hice solo un año de piano, y los chicos me convocaron para sumarme al grupo en vivo como sesionista con los teclados (que es como un elemento importante en la banda). Me gustó mucho desarrollar un poco esa pequeña habilidad. Para mí fue como un primer precedente esta experiencia con ellos para lo que después fue con Isla de Caras, ya que yo soy muy amigo con los chicos de Gativideo desde el secundario, entonces, en ningún momento se sintió como un trabajo. A mí eso también me enseñó mucho, en el sentido de que yo no pienso la música tampoco como un trabajo, más allá de que sea redituable y uno pueda profesionalizarse a partir de eso y generar un ingreso. Me parece que la música tiene otros momentos que no son de trabajo, y que esos tiempos que más me gustan a mí —que son los creativos, y no tanto los de salir a tocar, de “ahora tenemos una reunión” y tal— son en los cuales se abre como un vórtice distinto al del día a día y del individualismo: poder compartir con la comunidad me parece lo más valioso de la música, y creo que con Gativideo lo aprendí mucho. Después con Isla de Caras aprendí —y sigo aprendiendo— sobre muchas herramientas de producción: qué le sirve una canción, qué no… En la banda hay uno o dos de los chicos (no los voy a nombrar) que tienen esta capacidad de ver la imagen completa, “the whole picture”. Capaz uno como guitarrista está grabando una guitarra y piensa “ay esto tiene que estar así [de este modo]”, y hay otro que está viendo la imagen total y dice “no, esto va acá, y esto otro por acá” (como que se puede salir y tomar distancia). Creo que eso va rotando igual, ya que lo hacemos todos de vez en cuando. Eso me ayudó también, en este sentido de comunidad que decíamos, de poder tomar distancia de uno mismo y sentir que estás sirviéndole a algo más grande.
Y ahora que has estado trabajando en tu proyecto solo nuevamente —bueno, no tan solo, porque has contado con colaboraciones en la producción—, ¿dirías que disfrutas más tener el control total, o a veces extrañas el intercambio constante con una banda?
Y, yo sí, me hago el tímido, me hago el meloso, pero me encanta tener el control (risas). Es broma. Como decías vos, nunca estuve solo, siempre estuve con Bruno. Claro que también tuve mis instancias de estar solo en casa, grabando y componiendo, pero siempre pensando en el trabajo en conjunto. Lo que me pasa a veces es que quizás tengo ideas musicales que, por una cuestión mía, como de autocensura, digo “no, a la banda no le va a gustar esto, así que me lo voy a guardar”, pero, en general, la banda o la dinámica que tenemos ahora con Isla de Caras es muy abierta y se reciben todas las ideas. Obviamente después decidimos si las trabajamos o no, si funcionan o no, o si sirven o no, pero al principio tenía ese prejuicio de “esto es para mí porque no tiene nada que ver con la banda”. Ahora, como a Isla de Caras la siento cada vez más mía también, ya no hago esa distinción tan tajante, pero sí me gusta —obviamente— tener unos caprichos locos y no tener que consultarle a nadie.
Se oye muy bacán también tener algo que pueda salir netamente de ti, que al final tú puedes decidir qué sale y qué no…
Y es medio tortuoso también, porque al final sentís que toda decisión es la última decisión, y es como “si ahora grabo esto, entonces va a quedar acá, y el disco va a quedar así…”. En cambio, en la banda podés tener a alguien más que se hace cargo de una decisión, y otra persona de otra decisión, y uno puede quedar como más desentendido. Trabajar solo hace que uno esté muy ensimismado a veces.
Y sobre la parte gráfica, la portada da una sensación de caos, como de un desahogo emocional entre los personajes que aparecen ahí. ¿Buscabas representar este camino de introspección y de tu evolución visualmente en la portada?
Sí, es un poco lo que decías antes (al comienzo de la entrevista) sobre este híbrido entre algo romántico y algo más arrogante. Creo que un poco de la premisa de la búsqueda gráfica tuvo que ver con desligarme yo del personaje más tierno y más amoroso. Entonces, si el disco sonaba más romántico que rockero, podía contrastarlo con la parte visual que abarcara más espectros de emociones o de sensaciones, y que la tapa compensara eso. Y sobre lo que decís vos de las tapas [anteriores] de corazones: yo miro mucho los portales de música de los nuevos lanzamientos, y hace mucho que me llama la atención que está lleno de portadas más monstruosas, más grotescas, como sobresaturadas, y después le doy play a ese disco y es como un disco indie normal. Entonces, me gustó la idea de contrastar o combinar como algo más dulce o más tierno con algo más monstruoso, y creo que tiene que ver ahí esta lucha entre la introspección, la oscuridad y procesos de revelaciones. Y la verdad es que yo no hice nada, todo el mérito es de mi amiga Pilar Scotto, que es la artista que hizo las tapas, y que es una genia. Vimos referencias de discos, de Francis Bacon, también de artistas de Europa del Este (con portadas más monstruosas o más brutas) y la verdad que fue divertido. Me encanta la tapa.
Muy buen trabajo el de Pilar. Y, regresando al show del domingo, estuviste con varios amigos y músicos, como Renzo Montalbano. ¿Qué crees que fue lo más difícil de pasar las canciones del estudio al en vivo?
Tuvimos la suerte de que, además que tocamos con la banda, disparamos las capas del álbum que no podemos tocar en vivo. Eso estuvo bueno. Pero todavía estoy pensando si quiero reproducir el disco en vivo fielmente, con todas sus capas (o al menos tratar de apuntar a eso, más allá de que sea un poco imposible) o si directamente intentar reversionar las canciones y que tengan su propia alma del vivo. Yo creo que en algún punto tengo que “duelar” y desenamorarme del proceso del disco y pasar a una nueva etapa de tocar en vivo para hacer reversiones y otras cosas nuevas que me sorprendan. Pero esta presentación se sintió bastante fiel al disco, porque tocamos los mismos que grabamos, y estaban sonando también las capas de los temas grabados, así que fue una relinda experiencia.
Y sobre tus planes: ahora mismo estás con el lanzamiento de “Amable”, también con Isla de Caras, que vienen a Selvámonos (Perú) en junio… Este año se siente bastante movido. ¿Qué más se viene para ti en los próximos meses?
Bueno, con Isla de Caras estamos terminando de grabar una suerte de disco, que es más como un EP, así que la idea sería terminarlo pronto y presentarlo en agosto o septiembre, o sea que no lo vamos a tocar en Perú, lamentablemente.
Es una oportunidad para que vuelvan, así que todo bien.
Total (risas). Y con Panchito, bueno, mi idea también es presentar el disco por esas épocas, así que vamos a ver cómo lo conciliamos con Isla, hacer la presentación oficial y, nada, me gustaría, ahora —volviendo a la parte visual—, me gustaría que la experiencia fuera como más inmersiva en ese sentido; además de nosotros tocando en vivo las canciones, que fuera como una puesta de luces y de visuales y demás. Y después voy a seguir sacando canciones que me quedaron ahí en el tintero, así que mi idea es como seguir el ritmo para no volver a ausentarme tanto tiempo.
Escucha Amable aquí:
Etiquetas: