Moncho Berry: “En la producción musical hay mucha psicología, confianza y relaciones interpersonales para crear un espacio donde los artistas se sientan seguros para poder expresarse” [ENTREVISTA]

Moncho Berry, productor y músico peruano, nos cuenta sobre sus inicios, sus influencias musicales y también sus futuros proyectos y colaboraciones en la escena local.

Moncho Berry es un productor y músico peruano con casi una década de trayectoria en la que sus influencias y motivaciones se han visto potenciadas debido a la escena limeña que poco a poco ha ido proliferando musicalmente. Su sonido, que oscila entre el indie, pop y rock, es muy característico de bandas clásicas en inglés, pero eso no se queda en mera imitación: logra adaptarlo a su propio estilo.

Su último disco, “Cosas Imposibles» (2025) ha logrado despertar la curiosidad por la variopinta selección de sonidos, arreglos y voces que expresan esa actitud creativa que Moncho Berry siempre está buscando incansablemente. En ese sentido, la visión de la producción musical que maneja resulta no solo gratificante, sino también una oportunidad para comprender lo que están haciendo otros músicos en la escena local.

En esta oportunidad conversamos con Moncho Berry sobre sus grandes influencias en la música en inglés y español, sus discos publicados hasta la fecha, la visión que tiene sobre la producción musical en la escena y cuáles son sus planes a futuro tanto como productor y como artista. 

Es muy interesante todo lo que haces como músico, pero también lo que haces alrededor de tu propia carrera con otros músicos. Pero antes de pasar a eso, quería preguntarte por los motivos que te llevaron a dedicarte a esto. ¿Siempre supiste que querías dedicarte a la música o tenías otros planes de por medio?

No sabía que iba a dedicarme a la música, pero yo de chico era un payaso. Me gustaba mucho actuar, disfrazarme y cantar con mi papá en el karaoke.

Él es un melómano; es un doctor, pero en algún momento de su vida quiso ser músico —o en otra vida lo fue—. El gusto musical que él tiene es la razón principal por la cual yo comencé a hacer música. También las influencias que tengo como artista son gracias a lo que escuchaba con él desde niño: rock en español, rock en inglés de los 80, los 70 y los 60. No sólo eso, sino también soul, funk, etc. Mi padre tenía un gran gusto musical y desde niño comenzamos a tener esa costumbre de cantar karaoke los fines de semana, a veces. Pero no era nada muy serio; para mí todo era parte de ser payaso.

En el colegio no sé en qué momento fue que, de repente —entre los 15 y los 16—  me animé a cantar un poquito en algunas de las oportunidades que se presentaron en algún evento del colegio y, poquito a poquito, las personas comenzaron a felicitarme y decirme que no era tan terrible como pensaba. Y así pasé de cantar en la ducha y en el karaoke a comenzar a cantar un poco más profesionalmente.

Tomé clases de música; recuerdo que mi primer instrumento fue la tuba en el colegio. Me metí a la banda del colegio y el profesor me dio todos los instrumentos que existían, y no pude chuntarle a ninguno. Lo único que pude manejar más o menos fue la tuba. Luego le agarré mucha curiosidad a la batería y después le encontré un cariño especial a cantar y al piano. Una vez que comencé a descifrar y a darme cuenta de que podía cantar y tocar algún instrumento armónico, comencé a escribir canciones y probar cómo sonaría hacer mi propia música y no solamente estar cantando canciones de otros.

En mi casa siempre había música, mis abuelos también fueron artistas. En la familia tengo un tío que fue un gran cantante en los ochenta; se llama Beto Danelli, Y también, por el lado de mi papá, mi abuela era pintora. Entonces, el arte siempre ha estado bien vivo en la familia. Creo que desde niño se cultivó y, en los últimos diez años, claramente me di cuenta que respiro y vivo música todos los días. Ya no creo que sirva para nada más, la verdad. Estoy muy adentro de esto, y siento que ya no puedo cambiar de rubro ni sobrepensar mucho las cosas.

Es curioso que mencionas justo toda esa influencia que tienes del rock y, recordando un poco tus inicios cuando publicaste tu primer álbum en 2018, “Zoo Lion”. Me interesa saber cómo fue esa experiencia, sobre todo al momento de componer, porque tenías canciones en inglés y en español. ¿Crees que eso afectó de alguna manera tu forma de escribir y componer? 

Sí, mi madre nació en Estados Unidos y, de parte de ella, tengo familia gringa. Siempre ha habido una cultura norteamericana bien presente en mi vida, mientras que por el lado de mi papá ha sido bien peruano y latinoamericano. La mayoría de las influencias que él me pasó eran de rock de Argentina, México, España, etc. Estamos hablando de Charly García, Fito Páez, Spinetta, Cerati, Soda Stereo, G.I.T, Maná, El Tri, etc.

En esa época yo había tenido la oportunidad de ir a estudiar un par de programas en el extranjero y sabía muy bien que el inglés es mi segundo idioma. Yo soy bilingüe en ese sentido. En un momento dudé sobre si debía cantar en un idioma o en el otro, pero al final la conclusión a la que llegué fue que son idiomas, y con dos llegas a más gente. No deberíamos limitarnos a elegir uno porque, al final, las canciones son mensajes o expresiones, y si podemos llegar a más gente a través de más idiomas, mejor. Siento que la música es en sí un idioma universal.

Pero también es interesante lo que preguntas porque sí hay géneros que suenan mejor o diferentes en ciertos idiomas. Un pop rock en inglés suena muy diferente a un pop rock en español. También las bandas que han hecho esos géneros en español y en inglés tienen cositas parecidas, pero es un sonido bien distinto. A mí siempre me ha gustado no limitarme a elegir un idioma, sino seguir este instinto musical de qué suena mejor. Las palabras fonéticamente —más allá del significado de la palabra— tienen un sonido, y hay algo que el español tiene que el inglés no tiene. También hay cosas que se pueden decir en inglés que no son tan fáciles de traducir al español. Hay una simplicidad en el inglés que tampoco se puede encontrar a veces en el español.

Entonces creo que sí, a veces, hay canciones que te piden cantar en español. Si estás trabajando con géneros más latinos o afrodescendientes, eso pide buscar dentro de las raíces latinoamericanas y que la canción sea en español. Pero imagínate escuchar a The Cure, The Who, Pink Floyd. Cuando estoy escuchando esa música, me encantaría poder escribir algo como ellos… Soy un enorme amante de todo lo que sea indie alternativo. Entonces imagínate que yo quiero hacer un día una canción como Tame Impala, Phoenix o Foster the People. Probablemente la música va a llamarme o pedirme que, de repente, lo haga en inglés porque ya esas influencias y las referencias que tengo son en inglés. Entonces sí, depende mucho de la música. Creo que, al final, es bueno tener esa habilidad de poder expresarme en los dos idiomas.

Al conversar sobre estas influencias, también se puede notar en tu último disco del año pasado, “Cosas Imposibles”, que lleva el nombre de un tema de Cerati. ¿Cuál fue el motivo de utilizar este título para el disco?

El disco es muy interesante porque “Cosas Imposibles» es de mis canciones favoritas de Cerati. Este disco lo hice en un momento de mi vida donde maduré un montón; tuve mucho crecimiento, especialmente porque viví ocho años fuera del Perú, estudiando y trabajando. Fue un disco que grabé en el proceso de mudarme de vuelta a Perú, dejando atrás una vida, mucha gente, relaciones, cambios de personalidad y realizaciones con respecto a lo que quiero hacer con mi vida y a las personas que me rodean.

Comencé a darme cuenta de que había un montón de cosas que tenía que dejar atrás para poder seguir creciendo, y esas cosas se volvieron cosas imposibles. La metáfora, o lo que trato de decir con el título, es que hay ciertas cosas que, en un momento, para uno se convierten en no factibles y no te van a ayudar a llegar a donde quieres llegar ni te van a dejar llegar como quieres llegar a donde quieres llegar. Esas cosas, una vez que te das cuenta de que no te suman y no te están sirviendo, las tienes que retirar. Y eso duele porque uno se aferra a las cosas en esta vida: a lo material, a las personas, a los lugares. Pero cuando llega el momento de crecer, muchas veces tienes que aprender a soltar. Esas cosas imposibles son las cosas que uno tiene que dejar ir porque ya no son posibles para ese futuro que quieres.

Entonces, por eso se convirtió en el nombre de ese disco, porque todo eso se escribió en esa faceta, donde estaba tratando de averiguar cuáles son las cosas que sí quiero, qué es lo que no quiero, qué es lo que sirve y qué es lo que no sirve. Y las que no sirven, desafortunadamente se convierten en cosas imposibles. Es un recordatorio para mí de que estas cosas no las debería de seguir cultivando. Pensé en muchos títulos, de hecho. Una de las canciones del disco se llamaba “Cosas Imposibles” y me acuerdo de que escuchamos todo el disco con mi productor, Julián Picado, y esa fue la canción que sentimos que representaba el disco. Muchas veces, cuando uno nombra un disco, si es que no sabes desde un comienzo cuál es el nombre, a veces una de las canciones te puede dar esa pista. A veces estuvo ahí, al frente tuyo.

Es un disco que se aprecia mucho por la variedad de sonidos que van entre el indie, el pop, el funk, pero también el rock. En “Pasos Prohibidos”, por ejemplo, tienes una colaboración con Maya Endo; da la casualidad de que la entrevistamos también hace poco. Pero te mencionaba esto, ya que no solo eres músico, sino productor musical. ¿Crees que el poder colaborar y producir con otros artistas ha ayudado a desarrollar tu música?

Claro que sí, soy productor y artista, y se complementan. Como artista, siempre estoy buscando llegar a la expresión más honesta posible, trabajar las composiciones y el arreglo musical. Me encanta ponerle detalles a eso. Siento que mi identidad artística muchas veces la traigo conmigo cuando me tengo que poner mi máscara de productor. Hay un sonido que yo tengo como ser humano músico que me diferencia de los demás y, bueno o malo, eso me hace único. 

Cuando trabajo como productor, ese bichito artístico está muy presente. Entonces he aprendido a poder llevarlo de la mano. Para mí es muy importante poder seguir cultivando ese bichito artístico, porque es como un músculo, es como la memoria. Y, al final, cuando uno está produciendo, uno está a veces componiendo, ayudando a cambiar letras, reestructurando canciones, pensando en arreglos musicales, dirigiendo una banda, ensayando; luego viene toda la parte sónica. A veces tienes que grabarlos con la microfonía adecuada, en espacios acústicamente tratados. Luego viene la mezcla, que es todo el tema de la edición, la postproducción. Después viene el tema del mastering, que ahí estás hablando puramente de decibeles y frecuencias y hertz y cosas bien técnicas. Todo eso es la producción musical. Pero, para resumir, para mí la producción musical es muy psicológica; es poder entender qué es lo que quieren los artistas y poder ayudarlos. Creo que si no hubiese sido por la música que yo he publicado, hay muchos artistas que no me hubieran conocido. Muchos con los que he podido producir es porque han escuchado algo del proyecto de Moncho Berry. Hay mucho que he autoproducido en mi propia discografía y eso, para mí, ha sido una gran manera de practicar mis manías de producir.

El hacer música hoy en día para mí es algo hermoso, porque es mi trabajo y lo vengo haciendo ya por una década, y se ha vuelto una extensión de mí. No me doy cuenta, pero me doy cuenta cuando trabajo con personas que, de repente, nunca han tenido un productor o nunca han tenido la oportunidad de grabar una canción y me dicen: “No, estás locazo, loco.” Y yo no me doy cuenta, pero, como te digo, yo solamente hago esto.

Me encanta trabajar con artistas que tengan una voz propia. Maya Endo, de hecho, es una cantautora de la escena limeña independiente. He tenido el honor de poder producir su disco debut, “TODO ESO QUE SOÑÉ”; junto a Lorenzo. Y así como con Maya, he podido trabajar con varias personas de la escena actual: El Joven Paiva, Joaquín Aramburu y Temple Sour. Estoy en proceso de producir un disco para Kanaku y el Tigre y también he tenido el honor y el placer de hacer música con La Zorra Zapata. Incluso estoy produciendo el disco debut de otra cantante peruana que se llama Nicole Ruju, que es una crack. Si no han escuchado de ella, pronto van a escuchar. Así como ahora todos escuchan a Maya, estoy seguro que lo de Nicole va a ser increíble.

Me importa mucho trabajar ahora con los artistas que tenemos acá en la escena limeña porque hay muchísimo potencial para aprovechar. Lo he venido estudiando muchos años: lo que necesitamos es personas que estén acá invirtiendo, produciendo y buscando el talento, en vez de buscarlo afuera. Creo que con lo que estamos haciendo con Lorenzo, vamos a poder aportar nuestro grano de arena en la industria, por lo menos por los siguientes años. Ojalá pueda seguir así para toda la vida. 

Es interesante la imagen que tienes de la labor del productor musical, el cual llega a ser incluso psicológico, de cómo quizá, dentro de lo que él mismo cree y las posibilidades que tiene su música, necesita ir sincronizando con el músico al mismo tiempo. Hay un trabajo técnico, pero también hay aspectos externos, incluso, a la misma música.

Todos los músicos son universos y cada una de sus canciones son universos dentro de ese universo. Son personas muy sensibles que se pasan toda una vida componiendo, registrando sus pensamientos y expresándose. Este es un trabajo, yo hago esto como trabajo, pero son más que solo clientes a los que atiendo. No es solamente un servicio transaccional en el que pagas y obtienes una canción. Hay un sacrificio y un trabajo muy psicológico que cansa emocional y físicamente. Trabajar con músicos en un disco de diez o doce canciones ocupa meses de tu vida y es un trabajo intenso. 

Cuando involucras a músicos, hablamos de un proyecto que involucra a mucha gente, es mucha energía condensada, hay mucha responsabilidad y deja de ser sobre uno. Este es un servicio y eso es bonito porque me da propósito y porque no todo es sobre mí. Cuando estás siendo parte de algo más grande y te das cuenta de que tu rol es esencial para que todo funcione, es muy bonito; es bueno poder relajar un poco el ego y entender que uno puede ser parte de algo más grande. En la producción musical hay mucha psicología, confianza y relaciones interpersonales para crear un espacio donde los artistas se sientan seguros para poder expresarse. Mostrarse calatos de alma sin sentir vergüenza, sin sentir pena o miedo, porque no es fácil capturar esas emociones.

Ahora que has mencionado también a La Zorra Zapata y todas estas colaboraciones con diversos artistas y tu música, ¿cuáles son los planes a futuro que tienes para tu carrera musical o como productor?

Ahora, como productor, estoy trabajando con artistas independientes. Estoy siendo parte del nuevo disco de La Zorra Zapata, ayudando a la producción de canciones, y también estoy ayudando a El Joven Paiva con una serie de canciones increíbles. Estamos armando un disco con Kanaku y el Tigre.

Por otro lado, como Moncho Berry, estoy trabajando en un nuevo disco que va a ser el disco más largo que he hecho hasta el momento, y voy a hacer algo que nunca he hecho antes, que es grabarlo todo en vivo. Me encanta desafiarme a mí mismo. Cada disco que uno hace en la vida es una estampa y queda como un registro de su vida en ese momento. Lo chévere de los discos es que son permanentes. Entonces, cuando sea un anciano voy a poder mirar atrás y decir: “¡Qué locura! En esa época estaba haciendo esto, en este otro disco estaba haciendo esto.” 

Algo de lo que me he dado cuenta es que quiero que el siguiente disco que haga se sienta conceptual, que de arriba abajo todo suene muy parecido. No musicalmente, sino sónicamente. Eso se puede conseguir cuando grabas con músicos juntos. Lo hizo Charly García en “Piano Bar”, que es uno de mis discos favoritos de él. Se encerró con los músicos en vivo y la sección rítmica —bajo, batería, guitarra, etc.— todo fue en vivo. Es lo que uno escucha cuando va a un concierto.

Muchas veces, en la producción musical, especialmente en el pop, a veces uno produce añadiendo capa por capa y eso funciona, pero es muy diferente cuando llegas a capturar la esencia de humanos tocando en un cuarto. Los humanos son impredecibles, no somos perfectos, y la imperfección, a través de la improvisación, hace que una toma no suene igual a otra. Y esas imperfecciones son las que hacen que discos como “Piano Bar” suenen increíble. Es música tocada en vivo. Eso es lo que estoy tratando de hacer para el siguiente disco, y lo quiero grabar acá en Perú con músicos peruanos. 

Va a tomar un tiempo y, mientras tanto, le he prometido a mis seguidores que voy a sacar una canción cada mes. Como soy productor y también paso mucho tiempo produciendo, he visto que ha afectado un poquito el tiempo que le puedo dedicar a mi proyecto como artista. La solución fue prometerles una canción todos los meses, sin estar tan presente en las redes sociales empujando las cosas, y está funcionando. Eso me ha ayudado un montón a estar más tranquilo y no sentir esa presión de tener que recordarle a la gente que escuche mi música; uno hace lo que puede con lo que puede. 

Hay buenos proyectos aquí y lo bueno es cuando uno se da cuenta de eso, y eso también motiva porque, en una industria como la del Perú, motiva saber que hay cosas que hacer y que las habrá, porque hay buenos artistas. Para mí es muy importante cultivar esa responsabilidad como productor, porque no sé cuántos productores peruanos hay. Sé que hay algunos, pero también sé que no somos muchos, y hay que ayudarnos, hay que crear comunidad y espacios donde la gente pueda venir a hacer música. Es importante que la gente lo sepa.

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