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Se acerca la experiencia religiosa de Candelabro
La banda chilena llega por primera vez a Lima para dar un recital de virtuosismo y poesía.
Por: Italo Calle
Publicado el: 07/04/2026
Falta poco más de una semana para que inicie la liturgia de Candelabro en el C.C. Leguía. Y qué momento tan preciso para presenciar este despliegue de genialidad en este momento sociopolítico post Semana Santa en donde el deseo, la carne y la voluntad se entrelazan en tragedia y resurrección.
La banda chilena llega en pleno apogeo luego de ser parte de festivales top a nivel regional como Fauna Primavera, Lollapalooza y ser incluidos en el Primavera Sound de Barcelona para este año. Además, su último álbum, “Deseo, Carne y Voluntad” ha logrado cautivar tanto a la crítica especializada como a melómanos en todo el mundo a tal punto de estar en la nómina de mejor álbum en español del año pasado.
El grupo, conformado por Matías Ávila (vocalista principal y guitarra), Javiera Donoso (vocalista y sintetizador), Luis Ayala (guitarra), Carlos Muñoz (bajo y piano), Nahuel Alavia (saxofón), María Lobos (saxofón) y Franco Arriagada (batería), son parte de una nueva etapa de oro en la música chilena. Destacar en un periodo en donde brillan jóvenes íconos como Asia Menor, Hesse Kassel, Akriila y Kidd Voodoo, y artistas establecidos como Alex Anwandter, Niños del Cerro, Mon Laferte y Fother Muckers es realmente impresionante. Con todo ese peso, los santiaguinos se perfilan como uno de los actos más disruptivos y poéticos de la escena musical del país sureño.
Esa potencia intrínseca en la propuesta de Candelabro se debe, entre otras muchas cosas, a su eclecticismo musical. En la hora y 13 minutos que dura su último álbum logran combinar coherentemente elementos de rock progresivo, art rock, cueca, jazz, post-punk, samba, flamenco, ska y muchos otros (que quizá estoy omitiendo). Esta mistura de tonalidades le brinda a la banda la ambientación perfecta para crear una narrativa cargada de religiosidad y frustración. En sí mismo, el álbum termina siendo la aproximación personal del cantante a la experiencia continua de buscar respuestas al caos al que es aventado un joven latinoamericano en esta era de la incertidumbre y la locura. El proceso, por muy errado y vano que parezca, permite una búsqueda constante que parte de la inocencia hacia el deseo y logra maduración.
Las respuestas a esta introspección que plantea Candelabro las podremos experimentar este 16 de abril en el Leguía. Una noche que no solo será de una altísima ejecución musical, sino también de gran sentido poético, político y social. Será momento de encontrar nuestras respuestas en el cáliz que nos ofrezca Candelabro. Amén.
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