Kid Francescoli: “Encuentro mi equilibrio entre el mundo bailable y el atmosférico” [ENTREVISTA]

Tras el lanzamiento de su nuevo single. ‘Don’t Get On The Plane’ el músico y productor francés nos cuenta todo sobre su momento creativo actual, el placer de conectar con nuevas voces de su país natal en sus composiciones y la constante sinergia entre el fútbol y la pista de baile.

Tras un período de 3 años desde el lanzamiento de su último álbum, el músico y productor francés nos sorprende con su nuevo sencillo, “Don’t Get On The Plane”: un inspirado simple colaborativo que reúne su característica combinación de pads de sintetizador y bases bailables con la inigualable voz de Andréa, otro destacado talento del R&B local. Junto a “Softskin” y “City of Gold”, el sencillo formará parte de su nuevo album, “A New Wave”, el cual será lanzado el próximo 9 de Octubre.  

Kid Francescoli es el alias del músico y productor francés Mathieu Hocine, una voz creativa que durante más de dos décadas se ha abocado a la tarea de desdibujar los límites entre lo bailable y lo atmosférico, lo acústico y lo electrónico, lo colaborativo y lo personal, combinando su particular visión del electro-pop con géneros como el house, el IDM y hasta el ambient. El nombre del proyecto encuentra su origen en Enzo Francescoli, el jugador de fútbol uruguayo que formó parte del cuadro de sus amores, el Olympique de Marseille.  

En la previa a su show y plena víspera del lanzamiento de su disco, Hocine nos cuenta todo sobre el disfrute de este momento en su vida musical, los desafíos creativos de estar de los dos lados del mostrador como músico y productor, y la felicidad de ser reconocido por su ídolo del fútbol internacional.  

Felicitaciones por ‘Don’t Get On The Plane’, tu nuevo single junto a Andréa. ¿Qué te llevó a querer trabajar con ella en A Kind Wave y qué sentías que podía aportar a la identidad sonora del álbum? 

Quería colaborar con ella porque hemos pasado mucho tiempo juntos de gira. Compartir una gira significa pasar una hora y media viviendo algunos de los mejores momentos de tu vida sobre el escenario, pero también pasar mucho tiempo viajando y esperando: en el autobús, en el avión, en hoteles… Así que hablamos mucho de música y disfruté muchísimo trabajar con ella en el escenario. 

Quería tenerla en el álbum porque su rango musical es realmente muy amplio. Es lo que podrías llamar una cantante de verdad: puede cantar prácticamente cualquier cosa. Incluso cuando canta en un hotel mientras esperamos un taxi, siempre transmite algo. Está siempre afinada y tiene una voz muy expresiva. 

También he escuchado algunas de sus cosas y es una cantante muy virtuosa. Como productor, eso te ofrece un campo de posibilidades prácticamente infinito, y quería explorarlo. Quería encontrar una manera muy dulce de trabajar las armonías, pero que al mismo tiempo fuera poderosa y tuviera mucha alma, tanto en las letras como en la emoción. 

Además, hacia el final del álbum hay algo de gospel. Me encanta porque siento que todo esto hace crecer mi música de alguna manera. Son emociones y recursos que no había tenido en mis álbumes anteriores. 

Entonces, más que sumar simplemente una voz al disco, su participación te permitió ampliar la paleta con la que estabas trabajando. ¿Sentiste que su voz abrió nuevas posibilidades para la música? 

Sí, exactamente. Es como si fueras un pintor y de repente tuvieras diez colores más para trabajar. Imagínate que hasta ese momento solo has estado pintando con cuatro tubos de pintura y, de repente, alguien te ofrece veinte colores nuevos. Eso es lo que me sucedió. 

Y esa idea de ampliar la paleta también parece estar muy presente en tu manera de entender las colaboraciones. Después de haber trabajado con artistas como Julia Minkin y otros músicos de todo el mundo, ¿qué buscas que una nueva colaboración aporte a tu sonido? 

No sé si en este álbum hay más colaboraciones que antes. En el último, Sunset Blue, también había tres cantantes nuevos, y en el anterior, Lovers, había cuatro. Así que creo que estamos hablando de una cantidad bastante promedio de colaboraciones. 

Pero, más allá de la cantidad, lo que me gusta de colaborar es lo que aporta al proceso. A veces estoy haciendo una canción completamente solo y avanzo por mi cuenta hasta el final. De repente me doy vuelta y estoy perdido en una especie de niebla de posibilidades. Entonces aparece una voz, una colaboración, y abre el camino. Eso es lo que me interesa. 

También me ha pasado que algunos cantantes me escriben porque quieren colaborar conmigo y me dicen que tienen una voz parecida a la de Julia, por ejemplo. Siempre les respondo muy amablemente, pero les digo que no estoy interesado en hacer eso porque ya lo hice con Julia. 

Quiero algo nuevo. Quiero algo que haga crecer mi música. Tengo la sensación de que cuando añades nuevos sonidos, nuevas voces y nuevas formas de cantar, haces que tu camino se vuelva más amplio. Y eso también me trae más inspiración. 

Por ejemplo, la canción con la cantante nigeriana Demigod nació de un loop en el que había estado trabajando de manera intermitente. A veces volvía a él y otras veces me olvidaba de que existía. Después se lo envié y, de repente, apareció la canción. Fue algo mágico. 

La voz puede ser un elemento muy magnético dentro de un proceso creativo, y en tu caso parece funcionar como una especie de guía que abre nuevas posibilidades para una canción. También has hablado de la importancia de las texturas en tu trabajo. ¿Cómo encuentras el equilibrio entre el mundo analógico y el digital cuando estás creando música? ¿Hay algún equipo o tecnología al que suelas volver? 

Creo que precisamente lo que me entusiasma es esa mezcla entre ambos mundos. No podría hacer una canción cien por ciento electrónica ni una pista cien por ciento acústica y orgánica. 

Lo que me gusta es, por ejemplo, tocar el bajo y al mismo tiempo tener un sintetizador, grabar una voz con un micrófono y después transformarla con un vocoder o algo parecido. Me gusta estar siempre en ese límite entre la electrónica y los instrumentos reales. 

Y ocurre lo mismo entre las piezas instrumentales y las canciones; entre las canciones bailables y las atmosféricas. Es una cuestión de equilibrio. Encuentro mi equilibrio entre todos esos mundos. 

Pero es una buena pregunta porque, al principio de esta aventura, creé el proyecto Kid Francescoli porque estaba trabajando con amigos que tenían bandas. Teníamos batería, teclados, bajo, cantante y guitarras, y sentía que era demasiado predecible. 

La guitarra estaba ahí desde el principio hasta el final de la canción y todo seguía una estructura bastante determinada. 

Recuerdo que la primera canción que grabé para el proyecto la hice deliberadamente de una manera que no fuera posible tocarla como una banda. Al principio había una guitarra eléctrica con una batería real. Después, la canción cambiaba y pasaba a tener una caja de ritmos con una guitarra acústica. 

Esa fue realmente la energía que dio vida al proyecto: esa idea de combinar elementos que, en principio, no deberían estar juntos. 

Hay algo interesante en esa tensión entre lo acústico y lo digital, entre las grabaciones en vivo y la producción electrónica. Incluso en tus primeros trabajos ya buscabas romper con la estructura tradicional de una banda. ¿Crees que esa necesidad de combinar elementos aparentemente opuestos sigue definiendo tu música? 

Sí. 

En ese sentido, también resulta interesante pensar en tu identidad artística. Tu alias, Kid Francescoli, viene del futbolista uruguayo Enzo Francescoli. Tú eres de Marseille, una ciudad con una cultura futbolística muy fuerte. ¿Qué representaba Francescoli para ti y qué te llevó a convertir su nombre en parte de tu identidad musical? 

Creo que fue el mundo que representaba. Cuando empecé el proyecto era joven y quería que el nombre tuviera una referencia al deporte, específicamente al fútbol, porque es el deporte que me gusta desde que soy niño. 

Quería que fuera una referencia que las personas que realmente conocen el fútbol pudieran reconocer. 

Francescoli jugaba como un artista en el campo. En aquel momento, en Marseille, teníamos uno de los mejores equipos de Europa. Era la década de los 90. Teníamos muchísimos jugadores increíbles, fuertes y poderosos. 

Y en medio de todo eso estaba Enzo Francescoli. No era un jugador enorme o particularmente fuerte físicamente, pero la manera en que jugaba con el balón era casi artística, como una danza o un ballet. 

Eso lo hacía diferente de los demás y me pareció algo muy bonito. Por eso elegí su nombre como alias para el proyecto. 

Y recientemente tuve un fan de Portland que trabajaba con su hijo y consiguió que Enzo Francescoli me enviara un mensaje en video. 

¡Qué increíble! 

Sí, fue increíble. Me agradeció por haber elegido su nombre y me felicitó por mi carrera. Me dijo que estaba muy feliz por mí y que saludara a todos en Marseille. 

Fue uno de los mejores momentos de mi carrera musical, aunque no haya tenido que ver directamente con la música. 

Debió ser un verdadero momento de círculo completo: tomar el nombre de alguien que admirabas para construir tu proyecto y, años después, recibir un mensaje suyo. ¿Qué significó para ti vivir ese momento? 

Exactamente. Sentí que lo había logrado. 

Para terminar, siempre me interesa saber qué artistas están escuchando los propios músicos. ¿Hay algún proyecto francés —electropop, electrónica, música de baile o cualquier otro género— que te haya llamado especialmente la atención últimamente y que quieras recomendarnos? 

Está Oklou, que ha sido enorme durante el último tiempo y es increíble. Hace un tipo de pop que puedes escuchar y pensar que fue producido solamente con una computadora en un dormitorio. 

Pero, al mismo tiempo, escuchar su música es como entrar en un videojuego. 

También está otra artista llamada Malibu. Ella hace música ambient increíble. Si te gusta el ambient, esa música que puedes poner en casa un domingo por la mañana o por la noche antes de dormir, es perfecta. 

También están mis amigos de Marseille. French 79 estaba justo a mi lado en el estudio. Y también está Acid Arab, que sigue siendo uno de mis proyectos favoritos. 

La lista continúa. 

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